José Manuel Dorado/Editorial La Serranía || Ayer recibí una llamada de James, hijo de Alastair Boyd. Se me hizo un gran nudo en la garganta y me invadió una profunda rabia y tristeza al saber que su padre había fallecido. Moría un hombre bueno, luchador y defensor a ultranza de lo más sagrado que tiene la Serranía de Ronda: su medio natural. Alastair Boyd había luchado durante años por la depuración y la recuperación de los ríos Guadalevín y Guadiaro, llevando esa lucha a las instituciones europeas donde su voz tenía cierto peso. Luchó también por defender los valores naturales de la Serranía en el turbio tema de Merinos, siendo una de las víctimas con la que más se ensañaron unos promotores inmobiliarios sin escrúpulos que lo acosaron e intimidaron hasta el punto de exigirle en los tribunales 22 millones de euros por sus declaraciones en la prensa inglesa. Esa lucha en los tribunales le dio finalmente la razón a Alastair, como no podía ser de otra manera, pero mientras tanto, su salud se vio seriamente afectada.
Presentación de la obra De Ronda a las Alpujarras en el Círculo de Artistas de Ronda
Presentación de la obra De Ronda a las Alpujarras en el Círculo de Artistas de Ronda
Ese golpe le sobrevino hace un par de años, cuando Alastair Boyd contaba con 79, y significó un mazazo para él y para su salud. Por aquella época, y con el empujón definitivo de Juan Terroba, otro defensor incansable de los valores naturales de esta bendita tierra, que nos habló de lo mal que lo estaba pasando Alastair, publicamos su primer libro en castellano, De Ronda a las Alpujarras. Viajes a caballo en los sesenta por el sur de España, que era la traducción y adaptación al castellano de su ya clásico The Road from Ronda. Travels with a horse through southern Spain publicado por Collins en 1969. Aquel libro se presentó en abril de 2007 en el Círculo de Artistas de Ronda, del que era socio. La presentación del libro reunió a un importante número de amigos del escritor, así como de personas vinculadas a la cultura y a la defensa del medio ambiente; aquel acto sirvió de excusa para rendir un homenaje a Alastair Boyd por parte de todos los amigos que lo queríamos y fue un soplo de aliento en aquellos momentos tan duros que estaba pasando por el acoso de los promotores de Merinos.
Portada del libro De Ronda a las Alpujarras
Portada del libro De Ronda a las Alpujarras
En este libro, Mister Boyd, que era como todos conocíamos a Alastair, hacía una descripción asombrosa sobre la Ronda de los años 60, una radiografía perfecta de la sociedad de esta ciudad, según me confirmaron muchos de los que vivieron en Ronda en aquella época, aunque algunas esferas de poder no salieran muy bien paradas. Como su mismo autor nos contaba, este libro nos sumerge en la Andalucía de vísperas de la revolución del consumismo. Los viajes narrados se llevaron a cabo entre los años 1965 y 1967 y todos ellos fueron realizados a caballo. La carencia casi absoluta de desarrollo en el interior del país garantizó la conservación de la mayoría de las cañadas reales, los antiguos caminos de ganaderos y arrieros. Apenas existía el alambrado de terrenos privados y con frecuencia se podía cabalgar un día entero sin apenas tocar una carretera asfaltada. Sin embargo, aquellos fueron los últimos años en que se podía viajar de este modo en la confianza de que se encontraría posada y forraje para los animales en cualquier pueblo donde se pernoctara. Cambios inmensos se vislumbraban, pues la mayoría de esas primitivas hospederías con sus amplias cuadras estaban a punto de cerrar sus puertas para siempre. Podríamos decir que Alastair Boyd ha sido el último viajero romántico de la Serranía de Ronda y, posiblemente, de Andalucía. Llegó a tener amistad con Gerald Brenan y se podría afirmar que Boyd ha sido para la Serranía de Ronda lo que Brenan para las Alpujarras.
Fue una época también en la que el turismo iba en aumento, aunque se limitaba casi exclusivamente a las ciudades monumentales y a las costas. La Costa del Sol comenzaba a extenderse desde la playa hacia las faldas de las sierras, pero Marbella conservaba todavía las características de un pueblo español con cierto encanto.
Ronda, con sus dos estrellas en la guía Michelín, siempre había atraído a cierta clase de turista, sobre todo gente seria que llegaba en tren o en coche propio, por lo general provista de la clásica guía y libros sobre botánica de la región o la arquitectura árabe. Los autocares de los turoperadores no se habían asomado todavía; la entonces peligrosa carretera que une Ronda con San Pedro de Alcántara servía de protección contra la invasión del turismo transitorio de un día.
Los residentes extranjeros eran escasos y estaban muy esparcidos. El autor conocía a todos los que vivían en un radio de treinta kilómetros alrededor de Ronda. En su viaje desde Ronda a tierras de Almería y Granada se encontró a un solo extranjero en todo un mes. En aquel entonces existía cierta competencia entre los que viajaban en busca de la vieja España, pues todos se sentían exploradores y cada uno quería descubrir el tesoro por su propia cuenta.
Mister Boyd junto a Antonio Garrido y José Manuel Dorado
Mister Boyd junto a Antonio Garrido y José Manuel Dorado
Nos encontrábamos, sin duda, ante una obra maestra de la literatura de viajes que había esperado 40 años para ver la luz en castellano y que nos muestra cómo era el sur de España hace 40 años, cuando aún se podía atravesar toda Andalucía sin pisar asfalto y sin encontrar alambradas durante días.
Alastair Boyd nació en 1927. Fue educado en varios colegios privados y luego en el King´s College de Cambridge. Tras servir en la Guardia Real Británica, trabajó en el sector financiero de la ciudad de Londres, un empleo para el que se consideraba poco apto.
En 1957 llegó a Ronda, donde fundó y dirigió una escuela de idiomas junto a su primera mujer, Diana Mary Gison, en la Casa de Mondragón. Disponían de dos caballos con los cuales exploraron gran parte de la Serranía y sus pueblos.
En 1966, en compañía de un amigo español, realizaron el viaje a caballo que relata la obra de la que hemos hablado: desde Ronda a Almería, atravesando las Alpujarras y regresando por Granada.
Tras la muerte de su padre en 1975, Boyd heredó el título nobiliario de Lord Kilmarnock, y serviría durante más de 20 años en la Cámara de los Lores del Parlamento Británico, primero como portavoz del Partido Socialdemócrata y luego como independiente.
Boyd ha escrito varios libros más sobre España, entre los que destacan Sabbatical Year, Collins, 1959; Madrid & Central Spain, Collins, 1975; The Radical Challenge, André Deutsch, 1983; The Essence of Catalonia, André Deutsch, 1988; The Sierras of the South, HarperCollins, 1992 y The Social Market and the State, Profile Books, 1999. Su única obra publicada en castellano ha sido De Ronda a las Alpujarras. Viajes a caballo en los sesenta por el sur de España (Editorial La Serranía, 2007).
Ha vivido sus últimos años junto a su segunda mujer, Hilary Bardwell, conocida como Hilly, con quien se había casado en segundas nupcias en 1977, madre del célebre escritor inglés Martin Amis, en su casa de La Indiana, a poca distancia de Ronda. Su hijo James vive y trabaja en España.
A Alastair Boyd yo quisiera agradecerle, muy especialmente, su amor por esta tierra y su compromiso, a veces arriesgando mucho, con el medio natural de la Serranía, con nuestros ríos y con nuestro paisaje, que es la principal riqueza de la Serranía de Ronda y que es tarea de todos conservar. Quisiera reconocer su labor de lucha y compromiso por la Serranía de Ronda, que siempre estará en deuda con él. Descanse en paz.
Siento la muerte de Mr Boyd, y en nombre de mi padre Manuel Bellido, mi mas sentido pésame para su familia y todos los amantes de Ronda. Un saludo.
Mar Bellido
Una enorme pérdida para todos los que sentimos cerca esta tierra mágica y milenaria de la Serranía de Ronda.
El escritor británico Alastair Boyd, autor de ‘The Road from Ronda’, ‘The Sierras of the South’, ‘Companion Guide to Madrid and Central Spain’, ‘The Essence of Catalonia’ o ‘De Ronda a las Alpujarras’, falleció el pasado jueves día 19 en Ronda a los 81 años de edad.
Alastair Boyd, considerado por muchos amigos cercanos como “el último viajero romántico”, llegó a Ronda en 1957, donde se quedaría a vivir definitivamente a partir de 1995. Allí fue un fiel defensor de los valores naturales de la Serranía -fue uno de los máximos luchadores en el caso de Los Merinos-, un enamorado de Andalucía y de España.
En sus libros se pueden encontrar muchas claves de la Andalucía del siglo XX, además de acercarnos a la historia de la tierra y de su evolución. Ronda le robó el corazón al séptimo barón de Kilmarnock y él no dudó en dejarlo en sus manos.
Gracias por vuestra comunicación.
Me comunicaron la muerte de Alastair por sms estando en una cata de mis vinos en Nueva York la semana pasada.
Su muerte ha sido una gran pérdida para la Serranía de Ronda.
Mi más sincero pesame para los familiares y amigos suyos.
Federico Schatz
Bodega F. Schatz
Estimados amigos.
Qué tremenda casualidad! Precisamente estaba yo, cerca de Kilmarnock, en Escocia, cuando me llegó vuestro e-mail.
Con lo que ha cambiado la esencia de los viajes con el tiempo -aviones, comunicación inmediata- alguien llega y te habla de viajes a caballo.
Quizá el romanticismo en los viajes no se haya apagado, en realidad, pues una simple palabra, una noticia, un acontecimiento o una casualidad pueden hacerlo encender; quizá el espíritu de Boyd perdure y lo que es seguro: su memoria seguirá a salvo en Ronda.
Me ha llamado mucho la atención esta noticia. Gracias por enviarme información sobre todo lo que hacéis. Espero que sigáis haciéndolo. Un saludo.
Pedro Miguel Plaza
Buenos días, José Manuel.
Por lo que cuentas, tenía que haber sido un hombre admirable; siento no haberlo podido conocer, pues te envío mi pésame. Estás haciendo una gran labor en la divulgación del bello paisaje y entorno de la preciosa Serranía de Ronda.
Te envío saludos desde Málaga.
Marta.
EDICIONES ALJAMAR S.L.L.
Marta Pinazo Sanz
MR. BOYD, CAMINANTE DE EXCEPCIÓN
A través de los años, de los siglos para hablar con propiedad, Ronda, la Serranía, mantuvo con los británicos destinados en Gibraltar una relación muy especial, que, entre otras cosas, quedó, desde el primer momento, al margen de inútiles reivindicaciones, que especulaban con el trasiego de una realidad, que, para los más perspicaces, no admitía vuelta atrás.
Con los militares gibraltareños, sin documentos ni firmas, nos vimos comprometidos, sin pensarlo, en un convenio en el que, nosotros, poníamos el oasis buscado, el escenario singular, la belleza imprevista en la que sumergirse, y, ellos, la necesaria destreza, conocimiento e ingenio, como para divulgar por Europa, las excelencias de nuestras tierras.
Ciertamente, todo eso se veía algo lejano cuando allá, por la década de los sesenta, llegaba a Ronda Alistair Boyd; aunque no tanto como para que aquellos añejos textos de sus compatriotas, no tuvieran su influencia, me parece, en la decisión de visitar este trozo de Andalucía. En la de los sesenta reside ya en nuestra ciudad. Había dejado atrás, al dar este azaroso paso, sus títulos nobiliarios y las ventajas de un trabajo selectivo en la City, el famoso barrio de las finanzas londinense. También con sus escritos, antes de integrarse, a su manera, en ella, había diseccionado a la sociedad rondeña, roma y cerrada, con agudeza y veracidad notarial.
Infatigable caminante de nuestras tierras, no fue un viajero al uso, ni en la elección de la ruta por la que había de transitar su vida, ni en la de avizorar el camino, poblado de frondas y sierras, por el que le llamaba su felicidad. Inmarcesible trovador de la Serranía, no dudó, él que era la bondad personificada, en mostrar los dientes cuando juzgó comprometida la virginidad de un suelo que ya era el propio.
Cuando se ganó el sustento siendo anfitrión de ingleses y dando clases de su lengua en la Casa de Mondragón, tuve la fortuna, unos meses, de ser alumno suyo. Una forma, pensaba, tanto de entrar en el conocimiento de un idioma, como cabalgando en los ecos de sonidos extraños, viajar un poco con la mente a países lejanos. Pero había más: había entre piedras que me eran familiares, la presencia de una cultura, nula entonces por nuestros lares; libros por doquier, afabilidad, buenas maneras; brisas frescas a raudales que, igualmente, paraban en mí, durante unas horas, los reveses de un trabajo que no era el deseado.
Por eso, y por todo lo que como rondeño me toca, te doy las gracias amigo, donde estés. De ser cierto que nos toca otra existencia, quizás no sea para ti tan grande el cambio: un paraíso más grande que el que aquí tuviste, sin especuladores, claro; pero no tan diferente, una inmensa biblioteca, quizás, como la que aventuraba Borges, que podía ser el posible edén, y más bosques y breñas.
Antonio Garrido Domínguez
José Manuel: lamento la pérdida de Alastair Boyd. Aunque no le conocía, algunos compatriotas suyos han demostraado un interés por las “cosas de España” como no tienen los propios españoles.
Un abrazo
Manuel Gil Monreal
Les escribo para expresarles mis condolencias por el fallecimiento del escritor Alastair Boyd.
Marcel·lí Miret
Jose Manuel,
No he tenido el honor de conocerle, pero sin duda nos ha dejado una gran
persona.
¡Que su labor no quede en el olvido!
Gracias por comunicarnos su perdida.
Antonio R. Acedo del Olmo Ordóñez
Gracias por esta información inesperada.
Había oído hablar de Alastair Boyd, pero desconocía su lucha por los valores que siempre ha tenido la Serranía.
He conocido Ronda desde los años 50 con sus arrieros vendiendo cal y melones, con los coches de caballo que venían a recogerme a la estación y tantos sabores que desgraciadamente se han perdido y que muchos quieren que se pierdan definitivamente.
Descanse en paz.
Un cordial saludo
Fernando Ponce de León Docio
Sr. Dorado:
Agradezco el escrito en relación al Sr. Alastair Boyd y su reconocimiento. No tenemos muchas personas que sean referente en nuestra sociedad, es necesario que su trabajo no se pierda y siempre esté entre nosotros.
Gracias.
Francisco Casero Rodríguez
Presidente Asociación CAAE
Nuestro más sentido pésame a su familia y a vosotros que tanto sentíais su amistad.
Un abrazo
Fernando Camacho
Alaventura
Hola Jose Manuel,
me ha emocionado la descripción que haces de Alastair Boyd. Con mi familia tuve la ocasión de “veranear” durante varios años (1966/67) en una fresca casa de Ronda. De seguro que aunque con muy pocos años, apenas 7, descubrí aquí la pasión por la montaña que luego me ha llevado a recorrer muchas de las montañas de la Tierra. Lástima que la especulación sin límites esté destrozando la dulzura de buena parte de los alrededores de nuestra querida Ronda.
Saludos y enhorabuena por el esfuerzo que realizáis desde vuestra editorial,
FAUSTINO RODRÍGUEZ
VIAJES ALVENTUS
Mi más sentido pésame a su familia y eterno agradecimiento al Sr. Boyd por su obra y su lucha en aras de una tierra que no le vió nacer pero amó como no lo han hecho otros que habiendo nacido en ella lo único que quieren es explotarla en su propio provecho.
Juan Santo
Entrañable despedida de un sabio.
En este caso, la persona y el personaje fueron sobresalientes.
Seguro que fue feliz en su vida y en la Serranía.
Descanse en paz.
Un saludo.
Pedro Cantalejo Duarte
Muchas gracias por el comunicado. Si pensáis hacerle algún homenaje o funeral especial, os ruego me lo comuniquéis. Cuando fue su charla en el 2007, yo estaba de viaje y no pude asistir. Aunque hacía más de tres años que no bajaba a su casa, me unía una gran amistad con él. Fue mi profesor de inglés en Mondragón y trabajé para él durante más de dos años como profesor de 1er curso en lectura de clásicos españoles. Gracias de nuevo y contar conmigo para cualquier cosa que tengáis pensado dedicarle. Un abrazo.
Estimado Jose Manuel,
quisiera comunicarte mi sentir por la pérdida del escritor Mr.Boyd,
y que a su vez muestres nuestras condolencias a la familia.
Te escribo desde Nueva York, y en el momento que recibí la noticia estaba con
John y Mary, dos profesores de universidad de Pennsylvania que tambien conocen la obra de Alastair Boyd. Los tres mostramos nuestra tristeza por tan
importante perdida.
Por otro lado, el legado que nos ha dejado nos alienta a continuar trabajando en la defensa de la Serranía de Ronda y del medio natural como escenario necesario para la vida.
Os enviamos desde el otro lado del Atlántico un afectuoso abrazo,
Antonio Jimenez Delgado
Descanse en paz el escritor Alastair Boyd.Ojala haya quien siga su ejemplo.
Cordialmente. RoMoVar
Me parece muy justo todo lo que dices y tus palabras muy sentidas. Se merece este hombre un homenaje, otro, aunque sea póstumo. Si es así, allí estaremos. Un abrazo.
Juan Antonio Díaz de Lope-Díaz Sánchez