Publicado en el número 24
de la revista La Serranía
“Ningún ser humano puede eludir su destino de ser caminante y
hacedor de historia” C. Bartolomé Ruiz
Si parásemos a cualquier persona por la calle y le preguntásemos qué espera de la vida, cuál sería su gran ilusión, la inmensa mayoría haría referencia dicho de un modo u otro a ser feliz. ¿Dónde encontramos la felicidad? En el dinero, en la salud, en el amor… Otros, en cambio, piensan que ser feliz es hacer lo que más les gusta, escribir. Ese es el caso de nuestro protagonista. “Pepito El Barrendero”, “El Barrendero Poeta de Ronda”: José Antonio Pino Calle.
Las vías hacia la infelicidad son indirectas y nos llevan por muchos atajos. Para este joven, la vida no ha sido demasiado fácil, dejó los estudios muy jovencito porque no le gustaba ir a la escuela, pero eso no quería decir que no le gustase aprender y sobre todo crear; pero entonces era muy joven y no encontraba su sitio. A partir de ese momento tuvo varios trabajos, pero ninguno le daban la estabilidad suficiente para poder continuar con él.
A partir de los veinte años fue cuando empezó a darse cuenta de por dónde podía encontrar su sitio, y poco a poco fue descubriendo cómo el oficio de escribir, aunque no le ayudase a ganarse la vida, era su verdadera vocación.
Gracias a algunas personas, desde hace cuatro años es trabajador de la empresa de limpieza SOLIARSA, y en sus ratos libres es escritor-poeta.
En el año 2001 vio la luz su primer libro, titulado “¿Dónde estará mi
fruto?”, una selección de sus primeros poemas, editado por la Diputación Provincial de Málaga. Se vendió la edición completa (1000 ejemplares) en un mes y medio. Y ya tiene casi todo previsto de su segundo libro que se llamará “Pensando en el Señor”.
Ahora, Pepe sabe qué es lo que quiere y espera de la vida. También él es consciente de que la formación es importante no sólo para tener el título, sino para poder ser un creador formado, para poder crear de diferentes modos, para poder ampliar su mente, para comprender mejor y, sobre todo, para descubrir. Por eso, ha vuelto a retomar sus estudios de secundaria, y está aprendiendo a pintar al óleo. Aunque él reconoce que en este mundo hay unas personas que aprenden más rápido que otras, otras que son más listas y otras más torpes, unas que saben más y otras que saben menos. Pero él está muy contento con todo lo que se ha propuesto y ha conseguido y piensa seguir trabajando por todo lo que quiere conseguir.
Lo más destacado de Pepe es su saber ser. Cuando va por la calle, todo Ronda le va saludando, con todos tiene una palabra de agrado, a todos sonríe y a todos saluda. Es una persona muy afable y extremadamente agradable con los demás. Y, sobre todo, muy compasivo.
La aptitud, su modo de crear es muy próximo a la corriente de escritores-filósofos orientalistas. Y no es de extrañar, ya que es gran admirador de Khalil Gibran, Kim Rudiand Kiplint, Tagore y, sobre todo, a quien considera un gran maestro, Cayetano Arroyo. Pepe, al igual que ellos, se centra en la naturaleza como fuente de inspiración y como el lugar en el que el hombre encuentra su estado ideal. Conciencia universal y amor al prójimo son unas de las constantes en sus escritos y en sus conversaciones. Pero yo destacaría de este creador rondeño su capacidad por superar obstáculos, su afán por crear y su sentido de la fraternidad.
A continuación, publicamos uno de sus poemas; aquí no podemos reproducir su caligrafía, pero Pepe se toma tan en serio su oficio de creador, que su letra es ya un arte, propia de pergaminos o escritos de la Edad Media. Cuando leamos su poema comprenderemos perfectamente cómo se manifiestan todas estas influencias y cómo en todo lo que escribe va él mismo todo pacífico, profundo, fraternal y muy astral.
A mi Sagrado Santo Creador
A mi sagrado Santo Creador que llena
las llamas de luz de todo mi ser
y nuestra sagrada universalidad del Planeta
que llena de misterios la luz de mi espíritu.
Gracias, Sagrado Santo Creador por mis lágrimas
porque me profundizan y me enseñan a renovarme.
Sólo te diré que me maravillo por tu grandeza
y por la gratitud del fluir del amor.
Me maravillo de mis amados hermanos los mendigos
porque hacen aliviar y desaparecer mi egoísmo.
Me enseñan mucho más de lo que yo imagino.
Papá Santo, gracias por no quitarme
la fabulosa llama que crece día a día
en el Santo Santuario de mi corazón.
No me extrañaré nada de nada por mi
amado y Sagrado Santo Creador.
Paz y serenidad a todos los que aman
porque conocen el secreto y el misterio de la vida.