Páginas: 128 -
Tamaño: 17x24 cm -
Precio: 9 euros (iva incluido)
ISBN: 84-96607-10-0 -
Encuadernación: Rústica, con solapas
Resumen
El
pinsapo, cuyo nombre científico es Abies pinsapo
Boiss., es un fósil viviente de los bosques de coníferas
que a finales del Terciario poblaban las alineaciones
montañosas más occidentales de la entonces pretérita
Cordillera Bética y que milagrosamente ha llegado hasta
nuestros días. En realidad es una suerte que haya
sobrevivido a la mano del hombre y más si tenemos en
cuenta los abusivos aprovechamientos a los que se ha
visto sometido.
En el caso de los
pinsapares rondeños, sobre los que se basa esta
publicación, sufrieron el carboneo indiscriminado unas
veces para calentar los hogares y otras para abastecer
la demanda de los alambiques de Yunquera, la fuerte
presión ganadera que acababa con cualquier atisbo de
regeneración del pinsapar, la acción de los incendios
que mermaron la superficie forestal de esta especie y la
actividad de los neveros, que cortaban ramas de pinsapo
para tapar la nieve. Todos estos factores influyeron en
que el estado del pinsapar durante el siglo xix fuera
lamentable, hecho que es puesto de manifiesto tanto por
los guardas como por los ingenieros de montes que lo
visitan, caso de Máximo Laguna en 1867 o de Antonio
Láynez, quien en 1858 proyectó un plan de
aprovechamiento en lo que sería el primer intento de
ordenar el uso que se podía hacer de los pinsapares.
Este plan denominado Memoria de reconocimiento del
monte Pinsapar de la Sierra de las Nieves y plan de
aprovechamiento que conviene adoptar, es el eje
central del presente libro, que entre otros aspectos se
encarga de analizar este primer estudio sobre el
pinsapo.
Centrándonos ya en los
contenidos de la obra, ésta se estructura en cuatro
apartados:
En el primero se hace un
breve repaso al pinsapo como especie, tratando su
descripción morfológica, su descubrimiento para la
ciencia, su biología, su ecología, su distribución, su
estado de conservación o los usos a los que se ha visto
sometido.
El
segundo trata sobre la ya mencionada Memoria de
reconocimiento del monte Pinsapar de la Sierra de las
Nieves y plan de aprovechamiento que conviene adoptar,
realizada por el ingeniero segundo de montes Antonio
Láynez. Este documento tuvo su origen en las
pretensiones del Ayuntamiento de Ronda de obtener rentas
de un monte que hasta la fecha apenas le había sido
productivo. En esta sección se analizan las
características naturales del pinsapar tales como su
topografía, su geología, su clima y su vegetación en
aquella época; también se describe la lamentable
situación en la que se encontraba la masa forestal y se
plantean las acciones encaminadas a su mejora y
aprovechamiento. Una de ellas era talar en un plazo de
20 años y en turnos de 5 años los 26.000 pinsapos que
conformaban el bosque con el objeto de favorecer la
regeneración natural.
El tercer apartado recoge
algunos acontecimientos históricos que transcurrieron en
torno al pinsapar de la Sierra de la Nieve durante el
siglo xix, entre los que destacan las ventas de pinsapos
de 1852, 1859 y 1872, las acciones promovidas por el
Ayuntamiento de Ronda contra los que carboneaban
ilegalmente en el pinsapar en 1840, los diferentes
guardas que ejercieron su labor en el monte, el deslinde
efectuado en 1870 y las discrepancias que surgieron en
torno a él.
El cuarto y último
capítulo recopila la transcripción de una serie de
documentos del siglo xix depositados en el Archivo
Municipal de Ronda, así como la descripción del pinsapo
hecha por Edmond Boissier en 1838 y el fragmento de la
Flora Forestal Española de Máximo Laguna, que
trata sobre la Sierra de las Nieves.
Termina el libro
ofreciendo una bibliografía básica sobre el tema, la
referencia de los documentos consultados y las normas de
transcripción utilizadas.
Afortunadamente, hoy día
la situación ha mejorado notablemente desde que los
primeros ingenieros dieran la voz de alarma sobre la
crítica situación del pinsapo, gracias en gran medida a
la desaparición del pastoreo. Sólo es necesario darse un
paseo por los pinsapares de Ronda para poder apreciar
una vigorosa regeneración natural y cómo el pinsapar ha
aumentado considerablemente su superficie, pasando de
las 265 hectáreas medidas por el ingeniero Láynez en
1858 a las 444,52 de la actualidad. Además, finalmente
no se llevó cabo la actuación propuesta por Antonio
Láynez y hoy podemos seguir disfrutando de los vetustos
ejemplares que jalonan las cañadas de Ronda y en
especial la cañada del Cuerno, cuyos viejos y retorcidos
troncos confieren a este paisaje una belleza propia de
latitudes más meridionales.
No obstante, nuevas
amenazas acechan la conservación de este abeto exclusivo
de la Serranía de Ronda, que es patrimonio natural de
todos los andaluces. Los incendios forestales, el cambio
climático, las plagas y las enfermedades constituyen sus
máximos peligros. Esperamos que estas líneas contribuyan
a fomentar el respecto hacia esta especie y su
conocimiento.