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Ordenación y aprovechamiento de los pinsapares rondeños durante el siglo XIX. La memoria de Antonio Láynez
Manuel Becerra Parra

Fecha lanzamiento: 25 de septiembre de 2006

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Ficha técnica

Páginas: 128 - Tamaño: 17x24 cm - Precio: 9 euros (iva incluido)
ISBN:
84-96607-10-0 - Encuadernación: Rústica, con solapas

Resumen

El pinsapo, cuyo nombre científico es Abies pinsapo Boiss., es un fósil viviente de los bosques de coníferas que a finales del Terciario poblaban las alineaciones montañosas más occidentales de la entonces pretérita Cordillera Bética y que milagrosamente ha llegado hasta nuestros días. En realidad es una suerte que haya sobrevivido a la mano del hombre y más si tenemos en cuenta los abusivos aprovechamientos a los que se ha visto sometido.

En el caso de los pinsapares rondeños, sobre los que se basa esta publicación, sufrieron el carboneo indiscriminado unas veces para calentar los hogares y otras para abastecer la demanda de los alambiques de Yunquera, la fuerte presión ganadera que acababa con cualquier atisbo de regeneración del pinsapar, la acción de los incendios que mermaron la superficie forestal de esta especie y la actividad de los neveros, que cortaban ramas de pinsapo para tapar la nieve. Todos estos factores influyeron en que el estado del pinsapar durante el siglo xix fuera lamentable, hecho que es puesto de manifiesto tanto por los guardas como por los ingenieros de montes que lo visitan, caso de Máximo Laguna en 1867 o de Antonio Láynez, quien en 1858 proyectó un plan de aprovechamiento en lo que sería el primer intento de ordenar el uso que se podía hacer de los pinsapares. Este plan denominado Memoria de reconocimiento del monte Pinsapar de la Sierra de las Nieves y plan de aprovechamiento que conviene adoptar, es el eje central del presente libro, que entre otros aspectos se encarga de analizar este primer estudio sobre el pinsapo.

Centrándonos ya en los contenidos de la obra, ésta se estructura en cuatro apartados:

En el primero se hace un breve repaso al pinsapo como especie, tratando su descripción morfológica, su descubrimiento para la ciencia, su biología, su ecología, su distribución, su estado de conservación o los usos a los que se ha visto sometido.

El segundo trata sobre la ya mencionada Memoria de reconocimiento del monte Pinsapar de la Sierra de las Nieves y plan de aprovechamiento que conviene adoptar, realizada por el ingeniero segundo de montes Antonio Láynez. Este documento tuvo su origen en las pretensiones del Ayuntamiento de Ronda de obtener rentas de un monte que hasta la fecha apenas le había sido productivo. En esta sección se analizan las características naturales del pinsapar tales como su topografía, su geología, su clima y su vegetación en aquella época; también se describe la lamentable situación en la que se encontraba la masa forestal y se plantean las acciones encaminadas a su mejora y aprovechamiento. Una de ellas era talar en un plazo de 20 años y en turnos de 5 años los 26.000 pinsapos que conformaban el bosque con el objeto de favorecer la regeneración natural.

El tercer apartado recoge algunos acontecimientos históricos que transcurrieron en torno al pinsapar de la Sierra de la Nieve durante el siglo xix, entre los que destacan las ventas de pinsapos de 1852, 1859 y 1872, las acciones promovidas por el Ayuntamiento de Ronda contra los que carboneaban ilegalmente en el pinsapar en 1840, los diferentes guardas que ejercieron su labor en el monte, el deslinde efectuado en 1870 y las discrepancias que surgieron en torno a él.

El cuarto y último capítulo recopila la transcripción de una serie de documentos del siglo xix depositados en el Archivo Municipal de Ronda, así como la descripción del pinsapo hecha por Edmond Boissier en 1838 y el fragmento de la Flora Forestal Española de Máximo Laguna, que trata sobre la Sierra de las Nieves.

Termina el libro ofreciendo una bibliografía básica sobre el tema, la referencia de los documentos consultados y las normas de transcripción utilizadas.

Afortunadamente, hoy día la situación ha mejorado notablemente desde que los primeros ingenieros dieran la voz de alarma sobre la crítica situación del pinsapo, gracias en gran medida a la desaparición del pastoreo. Sólo es necesario darse un paseo por los pinsapares de Ronda para poder apreciar una vigorosa regeneración natural y cómo el pinsapar ha aumentado considerablemente su superficie, pasando de las 265 hectáreas medidas por el ingeniero Láynez en 1858 a las 444,52 de la actualidad. Además, finalmente no se llevó cabo la actuación propuesta por Antonio Láynez y hoy podemos seguir disfrutando de los vetustos ejemplares que jalonan las cañadas de Ronda y en especial la cañada del Cuerno, cuyos viejos y retorcidos troncos confieren a este paisaje una belleza propia de latitudes más meridionales.

No obstante, nuevas amenazas acechan la conservación de este abeto exclusivo de la Serranía de Ronda, que es patrimonio natural de todos los andaluces. Los incendios forestales, el cambio climático, las plagas y las enfermedades constituyen sus máximos peligros. Esperamos que estas líneas contribuyan a fomentar el respecto hacia esta especie y su conocimiento.

 

 


 

© Editorial La Serranía, SLL, 2008. © Todos los textos e imágenes son propiedad de sus autores. Prohibida su reproducción
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