Juan Terroba Publicado en el número 18 de la revista La Serranía
El
pinsapo (Abies Pinsapo Boiss) es una especie forestal que, de
todo el Planeta, únicamente se cría de forma natural en la
Serranía de Ronda; está emparentado con otras variedades del
mismo género que circundan el Mediterráneo; quizás con las
que más parecido tenga sea con el Abies Maroccana, que habita
las montañas del Rif, en el norte de Marruecos.
Pero el pinsapar en estas
fechas no atraviesa, una vez más, sus mejores momentos, a
pesar de que en términos de población esté mejor que hace
un siglo, por ejemplo. Y podría decirse que de nuevo, el
hombre, su peor enemigo y paradójicamente, también, su mejor
amigo, tiene algo que ver en todo ello. Decimos esto porque es
la actitud desarrollista y consumista del hombre y de poco
respeto a la vida lo que está provocando una contaminación
sin precedentes en el planeta, traduciéndose en el tan
anunciado cambio climático, lluvia ácida y no sabemos
cuántos efectos más.
Quizás aquí estén las
claves de los males actuales de los pinsapares.
Para comprender mejor lo que
está ocurriendo con el pinsapar, y cómo es probable que sea
el futuro para esta especie, quizás sea conveniente conocer
algo de las condiciones en las que éste ha sobrevivido en los
últimos tiempos de su existencia; para ello no tenemos otro
modo que recurrir a las fuentes escritas por personas que por
uno u otro motivo nos dejaron su testimonio impreso de
aspectos relacionados con el tema que nos ocupa y, entre
otros, vamos a intentar conocer a través de dichos documentos
cómo era el clima de la comarca en épocas anteriores.
Reproducimos aquí varios
extractos que hemos encontrado entre la bibliografía sobre la
Serranía de Ronda y los pinsapares.
Así, por ejemplo, sabemos
que allá por l772, F. Carter en su obra titulada "Viaje
de Gibraltar a Málaga", al recorrer esta comarca hizo
una descripción de ella que titulaba: "Historia Natural
de la Serranía de Ronda", que dice así: "En los
límites...del Noroeste...despunta Sierra Blanquilla,
eternamente cubierta de nieve..." más adelante al hablar
del agua, añade: "Por todas partes brotan manantiales de
agua cristalina, algunos con agua tan fría como la nieve de
las montañas de las que proceden...".
Otro dato importante nos lo
facilita en 1858 el Ingeniero de Montes A. Laynez, a raíz de
un trabajo que realiza sobre el pinsapar de Ronda, y nos
comenta: "...El clima es frío, pues las nieves persisten
siete meses del año y algunos ocho, conservándose los
restantes con vientos de muy baja temperatura. Generalmente
comienzan las nieves en el mes de Septiembre y duran hasta
Marzo. Las tempestades frecuentes en verano, con vientos
fuertes del noroeste...".
Así
mismo y pocos años después, en 1867, Moretti, en su obra
"Historia de Ronda", al describir el clima de
nuestro territorio, lo hace así: "...es bastante frío,
y los vientos que en él dominan con más frecuencia son los
del E. y O. en verano y los del N. y O. durante el invierno...
El territorio se halla cortado por grandes cordilleras y altos
promontorios, siendo el primero de ellos, la cordillera de
Comares, conocida por Sierra de la Nieve... el terreno de esta
encrespada sierra es sumamente escabroso, quebrado y frío,
por cuya razón aún en el verano se hallan algunos sitios
cubiertos de nieve".
A lo largo de la vida de esta
especie, conocemos otros datos y sabemos que no vivieron
tiempos felices a pesar de que el clima parece que le era más
favorable que en la actualidad; son innumerables los
testimonios que nos hablan de abusos, atropellos y desidia
contra su supervivencia. Tres temas aparecen en los distintos
documentos como los que más perjuicios han causado a lo largo
del tiempo del que disponemos de información: el ganado,
(especialmente las cabras domésticas), el fuego y el hombre;
este último a su vez por sí solo y haciendo uso abusivo de
los otros dos y de múltiples formas: pastoreo abusivo en los
pinsapares, siendo negligente con el uso de los fuegos,
talando y desmochando los pinsapares para carboneo y para los
neveros, impidiendo su regeneración, convirtiendo sus
dominios en terrenos de cultivos, etc.
Sirvan como ejemplo algunos
testimonios de estudiosos de nuestros pinsapares para
corroborar lo que antes se ha dicho.
Lainez,
en 1858, escribía: "...el principal agente que ha
ocasionado la destrucción de la mayor parte del pinsapar y
los que después han cooperado a su falta de repoblación: los
extensos incendios ocurridos... han ocasionado calveros de
tanta consideración que un repoblado... es muy difícil y en
muchos imposible... estos acontecimientos y la continua
entrada de ganados ha dado lugar a que se observen grandes
cantidades de maderas perdidas y una falta total de
repoblación. Igualmente M. Laguna, pocos años después, en
1868, hacía suyas las apreciaciones de Laynez referentes al
estado del pinsapar y sus causas, y además añadía: "El
pinsapar, pertenece hoy a los propios de Ronda, que lo estima
en poco... las gentes de los pueblos confinantes lo van
desmembrando poco a poco; los ganados se lo comen; y su
destrucción... es inevitable; destrucción que debe
sonrojarnos, pues el pinsapar... tiene importancia inmensa
ante la consideración de que en Europa sólo España y en
España sólo la Serranía de Ronda produce espontáneamente
esta especie, siendo el de esta ciudad el principal de
ellos... Lo que más desconsuela al recorrer el pinsapar es la
falta de repoblado, es decir, de la esperanza del monte para
el porvenir. Y no está la causa en el terreno ni en los
árboles, sino en los ganados que los destruyen apenas
nacidos".
A. Barbey, (nieto de
Boissier) cuando recorre estos territorios en 1929, camino de
la Sierra de las Nieves, escribe: "...aquí ya, entramos
en los dominios de las cabras que nos harán fiel compañía e
igualmente nos perseguirán hasta el límite del abetal";
más adelante añade: "Pastores y labriegos han conjugado
sus esfuerzos inconscientemente en esta obra de
desforestación que el municipio de Ronda, propietario del
bosque, ha tolerado desde siempre. En esta extensa desolación
se perciben todavía algunos miserables vestigios de pinsapos,
de grosor medio, todos irremediablemente deformados por el
ramoneo de las cabras. ...y sus impresionantes depredaciones
...las cabras domesticas son muy abundantes en esta región y
ejercen un daño forestal espantoso... El pastoreo de los
rebaños de cabras y ovejas causa verdaderos estragos en la
mayor parte de estos árboles (pinsapos)... El principio del
cerramiento del monte es desconocido en España... En la Nava,
la cabra tiene declarada la guerra a los pinsapos de todas las
edades"; más adelante este autor hace suya una frase de
sus colegas Ceballos y Bolaños: "Son muchos los metros
cúbicos de madera que las cabras han robado a los
pinsapos". Y concluye: "...es innegable que las
cabras y ovejas constituyen los elementos esenciales de la
inquietante regresión de los pinsapares andaluces, los que la
España forestal y científica debe conservar. Es un tesoro
único en Europa".
Más
reciente, en 1933, L. Ceballos y C. Vicioso también se
mostraban pesimistas con la situación del pinsapar, así
reconocen la destrucción y desaparición de dos bosquetes de
pinsapos citados por Laguna en las sierras de Caparain y otro
en la parte alta de la Sierra de Líbar, en Cortes de la
Frontera. Reconocen que el pinsapo "...ha perdido ya,
para no volver a recuperarlo, gran parte de su dominio sobre
los terrenos de estas Sierras... Este desgraciado derrotero
que siguen nuestros pinsapares no es, por cierto, un mal
inevitable, no, las causas son conocidas (la principal, el
pastoreo abusivo de las cabras), los procedimientos de defensa
también;" y concluye: "Esos bosquetes puntiagudos,
que un profano pudiera interpretar como las avanzadas de una
vegetación que escala la montaña, son en realidad la
retaguardia de un ejército que se bate en retirada, vencido
por las condiciones de un medio que se le vuelve adverso
merced a la voracidad de unos animales y a la desidia de unos
hombres".
Los incendios también han
jugado un papel importante en la dura lucha por la
supervivencia de esta especie, así y al margen de los
comentarios ya reseñados, podemos citar como más importantes
o destructores los ocurridos en los años 30 en Yunquera, otro
que arrasó los Reales de Sierra Bermeja y que dividió el
pinsapar en tres, en 1979 también en Yunquera (Las Camaretas)
que calcinó más de 18.000 pinsapos, en 1980 ardió Cerro
Coronas en Tolox, y los que aún mantienen los rescoldos en
nuestra memoria como los del año 91 en la Sierra del Real,
Pto. Coronas, Abantos... en 1992 fue en Monte Prieto, en 1994
fue en Monda (Sierra Canucha) y en l995 ardió Sierra Bermeja.
En el caso de los incendios, como todos sabemos, el pinsapo no
está especialmente preparado para superar este desastre, como
lo están otros árboles mediterráneos que lo hacen
germinando sus semillas o rebrotando de raíz. Ninguna de las
dos circunstancias se da en el pinsapo; su defensa está en
crear bosques espesos y por tanto sombríos de manera que hace
difícil el paso del fuego.
Otra circunstancia
lamentable del fuego es la pérdida de suelos, ya de por sí
escasa en unos terrenos tan abruptos y pendientes como los que
habitan los pinsapos; efectivamente, después de un incendio,
las fuertes lluvias y los vientos del invierno arrastran la
tierra vegetal dejando en muchos casos la superficie del suelo
desnuda o lavada y sin posibilidad de que pueda volver a nacer
allí otro árbol.