Juan Luis Muñoz Roldán
Director de la Oficina Comarcal Agraria de Ronda Publicado en el número 23 de la revista La Serranía
Los tajos, de caliza o de arenisca, son frecuentes en la Serranía de Ronda y constituyen enclaves de gran belleza en el complejo paisajístico de esta comarca. Destaca el Tajo de Ronda, por sus dimensiones en longitud y altura, y porque sobre él se asienta la ciudad desde muy antiguo. Los tajos son “puntos calientes de la biodiversidad”, pues en ellos encuentran refugio numerosos animales, sobre todo aves. Se trata de las llamadas “especies rupícolas”, aquellas que viven y crían en los cantiles, canchas, riscos, peñones, acantilados, cortados, desfiladeros, tajos, torcales, etc. Para las aves estos lugares ofrecen varias ventajas: difícil acceso para depredadores, facilidad para emprender el vuelo y posarse, cuevas y repisas donde anidar y observatorios del territorio.
El Tajo de Ronda es estupendo para las aves, cuenta con una nutrida comunidad que persiste desde siempre. Ya los “viajeros románticos”, aquellos turistas de los siglos XVIII y XIX que recorrían el antiguo Reino de Granada, repararon en la riqueza ornitológica del Tajo durante sus visitas a nuestra ciudad. Y hoy día, gracias a los miradores a lo largo de toda la cornisa, a la existencia de prismáticos y guías de campo y a la disponibilidad de tiempo de ocio, la observación de aves es una afición practicada cada año más. Es frecuente ver a turistas asomados al puente o en algún balcón, prismáticos en ristre, siguiendo el vuelo de alguna de las “joyas aladas” del Tajo. El turismo ornitológico aumenta de forma espectacular en todo el mundo y son muchos los europeos y norteamericanos que vienen a Ronda buscando aves mediterráneas, donde van quedando. Sea como fuere, es una fortuna vivir en una ciudad que cuenta con esta diversidad de aves silvestres, prácticamente dentro del casco urbano, y tan fácilmente observables.
Para mí, “las estrellas” son: Cernícalo
primilla, Halcón
peregrino, Búho real,
Chova piquirroja, Vencejo real y
Roquero solitario.
Cernícalo Primilla
El Cernícalo primilla es una pequeña rapaz estival que cría colonialmente y que busca insectos en estepas cerealistas; suele verse en grandes monumentos, en ruinas o cerniéndose tras las cosechadoras. En las décadas de los 60-80 sufrió una drástica disminución de sus poblaciones debido a los insecticidas empleados en agricultura. En el Tajo este año 2003 ha criado una exigua colonia formada por siete parejas. Llegan en febrero y empiezan a volar en la Hoya, emitiendo su característica voz y peleándose con las chovas por los boquetes donde anidar.
El Halcón peregrino es una rapaz que caza en vuelo otros pájaros, sobre todo palomas. En el Tajo de Ronda cría una pareja que este año sacó dos pollos. Era un espectáculo ver a los adultos cazar palomas domésticas sobre la ciudad y luego entregárselas a los jóvenes. Para ello al amanecer y al anochecer se
remontan altos, aprovechando como otras aves planeadoras las corrientes de aire ascendente, y cuando detectan alguna paloma en vuelo se lanzan en picado para engancharla a gran velocidad; luego arrastran la presa hasta la cornisa donde gritan los hambrientos hijos o, cuando están más crecidos, se la entregan en vuelo.
Halcón peregrino
El
Búho real es la rapaz nocturna más grande de
Europa. Esta temporada ha habido una pareja en el Tajo, y lo digo en pasado porque la noche del 21 al 22 de julio se electrocutó uno de ellos en una torreta eléctrica, un muerto más debido a tendidos eléctricos, el fatal destino de muchas rapaces mientras no se adopten las medidas oportunas. Pasan el día en una amplia grieta y al anochecer se suelen ver desde algunos balcones, allí abajo, revoloteando y preparándose para repartirse por el campo en la oscuridad de la noche. En invierno, cuando están en celo, sus bufidos resuenan en la Ciudad junto a los alaridos del Cárabo, impregnando de magia el silencio nocturno de las calles empedradas.
Chova
piquirroja
La
Chova piquirroja, conocida en Ronda como “Graja”, es un córvido negro con pico y patas rojas. Es propio de las montañas y en el Tajo reside una próspera colonia de un centenar de individuos. Temprano se remontan en remolinos emitiendo su graznido peculiar, ecos que nos recuerdan las imágenes de bandoleros bajo los tajos de La Serranía. Se reparten por eriales y rastrojos donde levantan piedras buscando insectos y semillas. Por la tarde vuelven y vuelan en tirabuzones para deleite de propios y extraños apostados en el Puente y el paseo del Parador.
El
Vencejo real
es un vencejo grande de panza blanca que viene de África para criar aquí, unas cincuenta parejas que sacan sus pollos en los abundantes resquicios de la piedra-arenisca. Los formidables atardeceres del verano desde el Tajo son adornados por el griterío de veloces bandillos de vencejos, que una y otra vez suben y bajan, se acercan y alejan tragando sin cesar los mosquitos que el Guadalevín cría. A veces vuelan sobre la ciudad, mezclándose entonces con los Vencejos Pálido y Común.
El
Roquero solitario
gusta de las rocas y de la soledad, no es colonial como los anteriores. El macho exhibe una librea azul marino y canta como los mirlos cuando en primavera el celo aprieta. Hay al menos cuatro parejas repartidas a lo largo de la cornisa; se ven posados en los muros y barandas y se “zambullen” al Tajo cuando alguien se acerca.
Roquero solitario
Otros habitantes menos llamativos del Tajo son
Avión roquero,
Gorrión chillón,
Escribano montesino,
Chochín
y
Cernícalo vulgar. Además, el Tajo resulta un mirador estupendo para disfrutar la migración, en otoño y en primavera; entonces pueden verse cantidad de aves de presa y cigüeñas en su paso de o desde Gibraltar. Y, por último, cuando llega el invierno, nuevas especies ocupan este hábitat emblemático.
Como vemos se trata de un valor más de Ronda y la Serranía, poco conocido todavía por los rondeños que, en muchos casos, apenas se asoman al Tajo. Conocer es querer y disfrutar, y esto implica además,
proteger.