RÍO GRANDE, octubre de 2006.
Antes de las
lluvias paré un rato en Río Grande, Cártama,
y tuve la suerte de encontrar unas charcas,
el único sitio que quedaba con agua. Vi un
martín posado en un palo, aparqué, monté el
hide delante y a los dos minutos lo tenía
posándose y cerniéndose delante. Fue
maravilloso. Lástima que el tiempo me era
escaso y tuve que irme pronto.