manifiesto contra los campos
de golf en la serranía
Rafael Flores Domínguez
(Asociación Senderista Pasos Largos)
Publicado en el número 24 de la revista La Serranía
La Asociación Senderista Pasos Largos quiere mostrar su rechazo al modelo de desarrollo turístico que se defiende y auspicia desde el consistorio rondeño, basado en la construcción de grandes áreas de ocio, urbanizaciones (pueblos de nueva creación) y campos de golf en algunos de los espacios más singulares de nuestra Serranía.
Nuestra identidad como pueblo es fiel reflejo de nuestro paisaje y desde un tiempo acá observamos cómo algunos proyectos urbanísticos amenazan con transformar el paisaje por el que Ronda y su Serranía fueron cantadas por poetas y viajeros románticos.
No entendemos los proyectos de campos de golf en la meseta rondeña. La dehesa ha supuesto desde tiempos inmemoriales un importante recurso agroganadero, donde uso y conservación han ido sosteniblemente de la mano en perfecta armonía; además, ha sido, y aún es, una importante fuente de puestos de trabajo directos e indirectos, explotando unos recursos inacabables, como son los pastos, la montanera, la ganadería, el cultivo de cereal, la madera, etc…
No pensemos que la transformación de la dehesa en campo de golf va a suponer la creación de nuevos puestos de trabajo, tan sólo se producirá un trasvase de empleos de lo agrícola y ganadero al nuevo uso del territorio, con la salvedad de que el campo de golf pone en peligro recursos como el agua, la fauna, la flora, las vías pecuarias; oficios tradicionales como el de ganadero, agricultor y las huellas donde se plasman nuestro origen e identidad, que se nos ocurren de vital y gran importancia.
Ronda tiene fama de tierra chacinera y sin embargo no existe una sola industria de esta índole; ya es difícil ver a los cerdos ibéricos pulular por sus encinares, como fue antaño. Ahora los traen de fuera, cuando aquí poseemos de las mejores dehesas de Andalucía.
¿Por qué la administración no muestra el mismo tesón en poner en alza y potenciar la explotación de nuestras dehesas, fuente inagotable de recursos y puestos de trabajo?
¿Por qué hemos de transformar el paisaje de la dehesa por otro, más propio de otras zonas del planeta?
¿Qué fue de esa infraestructura inacabada de matadero industrial?, ¿por qué no se apoyan estos proyectos consecuentes con los recursos en los que somos ricos?
¿Cómo se entiende que defendemos “lo nuestro” si pretendemos acabar con una de las manifestaciones agroganaderas y paisajísticas más sui generis de la Serranía y Andalucía: La dehesa?
Desde ciertos sectores sociales y políticos se nos quiere hacer saber que la industria turística basada en el modelo de desarrollo, llamémosle “Costa del Sol” es la panacea a los problemas de los que vivimos en la Serranía. Esto es incierto. Verdad es que muchos rondeños tienen que bajar todos los días a trabajar a la Costa; esto viene sucediendo desde los años 60 del pasado siglo, pero no sólo son rondeños, van personas de todos los rincones de Andalucía: de Sevilla, Dos Hermanas, Utrera, Algodonales, Olvera, Pruna, etc...
Todos trabajan en el sector de la construcción, pero el ritmo de crecimiento urbanístico que experimenta la Costa tiene un límite, un límite físico; algún día no habrá terreno donde construir, de hecho ya se buscan nuevos enclaves en el interior de la provincia. Entonces: ¿qué ocurrirá el día que no podamos bajar a la Costa a trabajar? Tendremos que hacer “la talega” y emigrar a tierras mejores donde poder dar un porvenir a nuestros hijos, porvenir que por mor del expansionismo desmedido impedirá que los nuestros puedan conocer su tierra, su cultura, sus paisajes y sus raíces, ya raídas.
Nuestros recursos naturales son limitados y en muchos casos no renovables, de hecho el crecimiento de los pueblos va en función de la cantidad y calidad de los recursos que tiene y del uso que de ellos hace.
Ejemplos de explotación desmedida de los recursos a límites insoportables tenemos muchos; todos conocemos ciudades como Río de Janeiro, que soporta una masificación al límite de lo humano; otras como Seúl, donde tienen que parar el tráfico a ciertas horas a causa de la contaminación de CO2. En Ciudad de México, el crecimiento desmedido tiene como consecuencia más nefasta la falta de los mínimos servicios exigibles en temas de sanidad, transporte, educación, etc… y todas en general sufren una caótica circulación de vehículos, robos, mafias, ruidos, etc… Curiosamente, algunas de estas ciudades han crecido gracias al aporte del boom turístico…
No estamos hablando en clave de ciencia-ficción, ya hemos podido comprobar en nuestras entrañas los problemas de la explotación irracional de recursos. No olvidemos la tremenda sequía que sufrimos a finales de los 80, cuando se hubo de racionalizar el agua, cuando tuvieron que pinchar en los acuíferos de la Serranía para abastecer a la capital malagueña o cuando algunos municipios se decidieron por construir desaladoras de agua como medida paliadora. El sistema se tambaleó. Y todo esto ocurre por una falta de ordenación de los recursos y por el afán desmedido y avariento del ser humano de querer más y más, ¿y para qué?, sin pensar en lo que vamos a legar a generaciones venideras. Valiente panorama.
Por tanto, ¿creéis que por tener más campos de golf, más urbanizaciones, más habitantes, vamos a finalizar con nuestros problemas cotidianos, vamos a vivir mejor, vamos a tener más calidad de vida?
La calidad de vida de los ciudadanos de un pueblo no se mide por el número de habitantes, ni por el desmedido ritmo de crecimiento de su ciudad. Las pautas las marcan otros estándares como la calidad paisajística de su entorno, la calidad y cantidad de sus aguas, el grado de pureza de su aire, la ordenación territorial de la ciudad y su entorno, la explotación racional de sus recursos y el grado de conciencia de cada individuo sobre sus raíces, costumbres e historia, escritas en sus campos, monumentos y paisajes entre otros…
No olvidemos que vivimos en la tierra más seca de Europa; el paisaje y el agua son recursos susceptibles de ser dañados o disipados para siempre. Tenemos que acabar con la estampa tercermundista de personas que, aún hoy día, tienen que ir con el cántaro al camión cuba para recoger su porción de agua, mientras 20 km más allá se juega al golf.
La misma administración local reconoce el gran sacrificio que representa para el medio ambiente la implantación de campos de golf en nuestro término municipal; ¿cómo si no se explica el repentino proyecto de llevar las aguas de la futura depuradora a estos complejos turísticos?
¿Podemos confiar en las distintas administraciones públicas con los precedentes del vertedero controlado o el colector? Habrá que recordar cómo nuestros munícipes se jactaban de que el vertedero no produciría daños al medio ambiente y cómo poco después las balsas de lixiviados se colmaban y las mierdas corrían a su libre albedrío hacia el ya enfermo río Guadiaro; o cómo se producían filtraciones en las balsas contaminando los acuíferos y el propio río.
Del colector qué vamos a decir…, destrozan el cauce del río Guadalevín a su paso por Ronda (¿Ronda, Patrimonio de la Humanidad?); las aguas en épocas de crecida se llevan los tubos varias veces; jamás funcionó bien… ¿estamos realmente en buenas manos, podemos confiar en las promesas de nuestros políticos cuando dicen que los acuíferos no corren peligro alguno?
Hasta el momento, jamás un responsable político ha tenido la vergüenza de dimitir o La Justicia de llevarle a los juzgados.
Con todo, no estamos en contra del progreso que representa el turismo, pero no admitimos la implantación de estos modelos agresivos y especuladores. Ejemplos también existen de lo que debe ser el desarrollo turístico de Ronda y la Serranía; están proliferando pequeños hoteles con encanto, que se amoldan a las características de nuestro medio natural, que explotan racionalmente los elementos y recursos que la naturaleza nos dona; así se ofrecen rutas senderistas, avistamientos ornitológicos, deportes de aventura como el barranquismo, descenso de cañones, vuelos en globo, piragüismo, observaciones astronómicas, etc…
El turismo debe representar una pieza más dentro del mosaico de capacidades de progreso y que nuestros munícipes han de poner en alza y explotación racional. No podemos someternos a la única posibilidad de vivir del turismo. No debemos permitir que nos impongan el monocultivo turístico, auspiciado desde las administraciones europeas, empeñadas en hacer de nuestro país el hogar del jubilado europeo. Debemos defender nuestras potencialidades y la explotación tradicional de nuestros recursos. No debemos dejar que desde la CEE se desgrane nuestro mermado tejido productivo en aras de imponer modelos de desarrollo ilógicos y nocivos en nuestro territorio.
Nuestro casco histórico pasa por ser uno de los focos de atracción más importantes para el turista y con unas potencialidades enormes; sin embargo, poco o nada se hace por mejorarlo. El Tajo y su entorno presentan un aspecto lamentable, lleno de suciedades, con un río contaminado y nauseabundo, con cables que atraviesan hirientemente las panorámicas que se ofrecen desde los distintos miradores; ese fue el motivo de que el paraje no fuera incluido en el catálogo de monumentos naturales de Andalucía; debería darnos vergüenza a todos sin excepción.
Como ejemplo nos deberían de servir ciudades como Úbeda y Baeza, muy parecidas en aspectos económicos, sociales y culturales a Ronda y que han conseguido ser nombradas Ciudades Patrimonio de la Humanidad, con todo lo que dicho nombramiento conlleva. Ese debe ser el ejemplo de modelo a seguir; vamos a dejarnos de copiar lo malo y ajeno, lo que no nos conviene, y pongamos nuestras metas en puertos asequibles y de mejor futuro.