Isabel
Sánchez Heras (Redacción Revista La Serranía) Publicado en el número 23 de la revista La Serranía
“Hay hombres que luchan un día y son buenos,
hay otros que luchan un año y son mejores,
hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.
Pero hay quienes luchan toda la vida.
Esos son los imprescindibles”
Bertolt Brecht
Hay personas que tienen tal convencimiento en la idea de que el mundo hay que hacerlo día a día y con el testimonio, que no desconfían ni de esa humanidad que parece “despistada” aunque en realidad es apática.
Este tipo de personas no obliga a nadie a que siembre, simplemente invita a que se le acompañe en libertad a trabajar, a sembrar. Porque están hechas de un material tan exquisito, que aunque llegaran a tener la certeza del “no-futuro”, seguirían sembrando, cultivando su fruto, trabajando un futuro.
Una de esas personas, no por catalogarla, sino por llegar a comprenderla, es una maestra de pueblo. De esas maestras que llegan a un pueblo aislado y en lugar de ver pocas oportunidades y pocos recursos, ven todos los recursos del mundo concentrados en la forma de vida, en el entorno. Y un buen campo de trabajo: el colegio, los niños de pueblo, sus padres, la convivencia del pueblo.
Creo que Mª Carmen en Jubrique encontró un lugar en el que poder trabajar por todas esas cosas que guarda en el corazón y que su mente hace proyectos.
Es de Villanueva del Trabuco y hace ya 25 años que llegó a Jubrique. Desde entonces, ha sido maestra de todos los niños de este pueblo. Niños que cuando dejaron de ser alumnos pasaron a ser amigos de ella, de la que fue su maestra. Pero no su maestra sólo en la escuela. Mª Carmen ha llevado la escuela a la calle, al campo, al tercer mundo... Porque a ella no sólo le han preocupado los contenidos didácticos, sino también saber cómo van a ser esos niños fuera de la escuela, cómo van a querer llevar sus vidas y cómo no dejarles sin ver todo lo bueno de la vida y todo lo que se puede aprender del entorno, de la naturaleza, comprendiendo a la vez cómo se mueve el mundo, quiénes son los que nos gobiernan o quiénes son los que provocan las guerras o el desastre medioambiental. Mª Carmen cree que para que un chiquillo conozca dónde está Pekín, es más estimulante y más útil empezar conociendo dónde está su pueblo.
Llegó al pueblo adoptando la postura de la gente del pueblo. Para comprenderlos, integrarse y sobre todo para desde ahí poder hacerle descubrir a los demás las cosas que ella conocía y lo que descubría, compró su trozo de tierra para tener parte de sus raíces y trabajar la tierra como los jubriqueños. Y es una vecina más de Jubrique como si hubiese nacido en el pueblo, con algo que la hace estar en ocasiones muy señalada porque es una persona muy activa, con un carácter impulsor y que lo que tiene lo tiene de un modo tan natural que contagia a las demás personas con el trabajo. Pero ya no sólo a nivel de pueblo, sino también en la escuela, con el resto de sus compañeros maestros. Se ha preocupado de disfrazarse para el día en que llegaban los nuevos maestros y hacerles ver que a pesar de llegar a un pueblo pequeño y un poco aislado, hay cosas agradables y divertidas.
El hilo de la vida, eso es lo que ella quiere que pulule por los pasillos y aulas del colegio, del que ahora es directora (Colegio Público Rural Almazara de Jubrique y Genalguacil). Llenar el colegio de color y decorarlo con el trabajo de los alumnos y con el de los antiguos alumnos que ya no están en la escuela, pero que Mari Carmen también los anima a pasar y a hacer cosillas. También haciéndoles conocer a los alumnos cómo ha sido la vida del pueblo, las distintas actividades para que aprecien la vida de ahora y comprendan mejor el futuro.
En el pueblo, promoviendo el asociacionismo, la fiesta, las tradiciones, la cultura, la protección del medio ambiente... en definitiva aportando su conciencia sobre el valor del medio (el pueblo y el campo) que no es más que la valoración de la persona.
Uno de sus últimos trabajos ha sido la creación de una asociación de mujeres, una cooperativa, de mujeres también, y el trabajo de la grabación del CD de villancicos populares. Ella no es la protagonista, pero es el aliento, el ánima, el alma de muchas cosas intangibles, cosas de conciencia, trasparentes, pero testimoniales que yo sé bien que permanecerán en la memoria colectiva de una determinada generación de Jubrique.
Durante muchos años nos han presentado como héroes o como santos a aquellas personas que hicieron de su vida un servicio y una entrega para que todo funcione mejor. En realidad son personas como nosotros que supieron descubrir a tiempo que el trabajo por mejorar el mundo enriquece más y que cuando uno se dedica a “servir” las cosas se desarrollan con toda naturalidad.
Como Mª Carmen, quizás no haya que aprender nada más que a amar el lugar en donde se vive sin condiciones, sin prejuicios, gratuitamente con amor de amistad y sin esperar nada a cambio, sino la emoción de verse realizado en un proyecto creativo en el que reconocemos lo mejor de nosotros
mismos.