Isabel
Sánchez Heras - Revista El Genal Publicado en el número
2 de la revista El Genal en junio de
2000
Rosa
Iborra Iborra es uno de los personajes de nuestros pueblos. Tiene muchos
años, ha vivido, trabajado y disfrutado mucho.
Rosa
tiene 93 años, pero su lucidez es tan alta como su edad. Ella vive
en Jubrique con una de sus dos hijas y sus nietas. Una de ellas ya tiene
también dos hijas, sus bisnietas.
Cuando
le preguntamos si recuerda si en el pueblo vivía más gente
hace un gesto expresando evidencia y nos dice que claro que sí que
había muchísima más. Había más trabajo
porque no estaban los campos abandonados como lo están ahora.
Rosa
se casó con Juan Serrano Valencia, con veinte años. Su marido
era de Gaucín, y ella se fue allí a vivir. Tuvo una hija
y cuando estaba embarazada de otra, en su quinto mes de embarazo, se murió
su marido de tifus. Ella siguió allí con el negocio que tenía
su marido, una tienda. Pero luego se volvió a Jubrique con su familia
y sus dos hijas y puso otra tienda en el pueblo.
Su
padre tenía una destilería y daba mucho trabajo en el pueblo.
Vivían bien por el negocio. En bestias se llevaba la producción
a Benarrabá, Genalguacil, Ronda... Cuando sus padres murieron el
negocio pasó a manos del heredero que era su hermano Miguel Iborra,
pero más adelante él cerro. Luego, de algún modo fruto
de esta antiquísima destilería, el sobrino de Rosa, un hijo
de su hermana Antonia, Miguel Ruíz Iborra es el dueño de
la famosa destilería el Tajo de Ronda.
Ahora
ella sólo ve tele y charla con sus hijas, nietas y bisnietas, que
la adoran, pues además ella es muy afable.
La
tele le gusta, pero nos dice que cuando ella era joven se lo pasaban mejor.
Hacían muchas fiestas, había mucho baile, sus hermanos tocaban
la guitarra y el acordeón y estaban todos juntos. Eso dice que lo
echa mucho de menos, sus hermanos, el estar todos juntos como lo estaban
cuando eran jóvenes. También lo pasaban muy bien en las fiesta
de las máscaras, aunque ahora no sale, si que las ve desde la puerta
de la casa. Eso le gustaba mucho.
Las
discotecas no las ha conocido, sólo las ha visto en la tele, pero
dice que así no se lo pasa la gente bien. Que para pasárselo
bien hay que hacer lo que se hacía antes. Tampoco le gusta lo de
los matrimonios de ahora, que se casan y se separan tan pronto. Ella después
de morirse su marido no se casó, porque se casó con su marido
para toda la vida y «lo que hay ahora es un lío, la
vida es moderna».
Cuando
le pedimos a Rosa, que nació en 1906, que nos cuente algo de lo
que recuerde y nos quiera contar nos hace referencia a la Guerra Civil
y repite continuamente que había mucho miedo, su casa la quemaron
y cree que mucha gente no sabía ni por lo que peleaba. La gente
se tuvo que esconder, los andaban buscando y los podían matar.
Rosa,
a pesar de su edad, es muy fuerte. Fuerte en amabilidad, en paciencia,
en placidez, en simpatía.
Ha
luchado mucho en años en que la vida era más complicada y
ha resistido el paso del tiempo con esa visión positiva y
alegre, queriendo afrontar todos los malos tragos que la vida le hizo pasar.
Ella
es parte también de nuestra historia, de la historia de nuestros
pueblos.