Isabel Sánchez Heras -
Revista El Genal
Publicado en el número 7 de la revista El Genal en diciembre de
2000
Un asma bronquial crónica
viene arrastrando esta mujer: Leonor Flores. La trae consigo desde que
era una jovencita. Siempre ella piensa que su asma se lo ocasionó
un frío invierno en el que sus hijos eran pequeñitos y tenía
que estar constantemente lavando los pañales de los chiquillos en
el río helado.
Siempre vivió
en Igualeja, y pensó que iría a vivir al País Vasco
cuando su marido tuviese la jubilación, pero no puede ser, no tienen
medios para ello. El interés en el País Vasco no es más
que el que sus cuatro hijos viven con sus respectivas familias allí,
en el norte.
Tanto ella como
su marido, Juan Torres, han trabajado en el campo. Este matrimonio nos
cuenta que antes la gente podía vivir del campo, ahora no. Ahora
el campo no da para nada, sobre todo porque ahora hay mucho vicio.
Muchas eran las cala-midades que se pasaban para poder sacar adelante a la familia, y aunque
parezca una tontería, dice Leonor, antes hacía más
frío que ahora, todo el invierno se llevaba nevando.
Un recuerdo imborrable
de esta mujer, es el de un día en el que subió con su hijta
en un cesto, porque era un bebé aún, y un saco de pan en
la cabeza, a llevarsélo a su marido, que estaba guardando ovejas
en el cortijo Almola. En donde hoy en día está el Restaurante
Mesón Taurino. Subió así de cargada desde Igualeja,
con dos metros de nieve, y fue la persona que abrió ese camino después
de esa nevada. Su marido estaba sin comida muchos días, la nieve
no le permitía poder dejarse las ovejas solas, ni llevárselas
consigo.
También
recuerda cómo con su hermana, Francisca Flores, iban las dos con
dos bestias cargadas de pleitas a venderlas al pueblo de El Gastor. Caminando
iban todo este camino, y desde allí, se iban luego hacia Algodonales.
Cuando ya lo tenían todo vendido, regresaban a Igualeja, y ahora
venían cargadas, pero con los productos que habían podido
comprar con el dinero de las pleitas.
Ha trabajado muchísimo.
Juan, su marido, cuando ya tenían cuatro hijos, y eran aún
pequeños, se fue a trabajar unos cuantos de años a Alemania.
Ella se quedó en Igualeja cuidando a sus hijos y trabajando en lo
que fuese. La castaña, y todo lo que había en el campo. Pero
sobre todo cuatro o cinco cabritas que tenía, les vendía
la leche, y hacía mucha pleita con el esparto que ella misma salía
a buscar al campo. Así, fue como con estos trabajos ella sacó
adelante a su familia, y con el dinero que ganaba su marido en Alemania,
pudieron comprar la casa en donde hoy en día ellos viven, y una
finca muy pequeñita. Pero todo esto ahora a Leonor le hace sentir
muy mal, todo el esfuerzo y las fatigas pasadas tanto por ella como por
su marido, han sido para poder tener algo, y están enfermos y cansados
y no pueden trabajar ya la tierra.
También
se siente mal Leonor, porque a pesar de haber luchado tanto y haber buscado
tanto el sustento para su familia, no tiene ningún tipo de ayuda,
ni paga por ser ya mayor y no poder trabajar, depende de lo poco que su
marido cobra. Esta señora siente rabia de haber llegado a mayor
y ver que todo lo que ha trabajado no ha sido suficiente como para poder
ahora saberse recompensada.
Dice que nunca
en la vida ha disfrutado de nada, sus hijos conforme fueron teniendo edad
de trabajar, tuvieron que empezar a irse a trabajar a la costa, o a otro
sitio, y así están los cuatros en el País Vasco.
Pero dentro de
todo esto, Leonor no deja de charlar, ser agradable con las personas y
servicial con las vecinas y toda la gente que lo necesita. Además,
ahora mismo tiene algo muy bueno, que es el saber dividir, restar, multiplicar,
sumar, leer y escribir. Sí, esta señora que tiene hoy en
día 69 año, hace muy poquitos año, cuatro años,
que empezó a aprender todo esto. Su primera maestra, Chelo, le dio
siempre tanto ánimo que ha conseguido todo lo que quería.
Una vecina la invitó
a ir a la escuela de adultos, así ha sido como ha visto cumplido
su sueño, si era un sueño. Nunca Leonor envidió nada,
ni a quien tuviese coches, tierras, dineros, casas... sólo a la
gente que sabía. A la gente que salía en la tele y sabía
hablar. Siempre quiso ella saber. Dice que la gente que te habla de cosas
bonitas, hace que se te contagien esas cosas, y la gente que habla cosas
feas también, por eso hay que estar en donde se dicen cosas bonitas.
Ella, a la gente
que teniendo tiempo y posibilidades no va a la escuela de adultos, le dice
que son personas muy flojas, y que están falta de ilusiones, que
cuando se sabe se quiere saber más y eso produce mucha ilusión.
Leonor Flores es
sobrina del mítico Flores Arrocha. Nos contó también
mucho sobre él, aunque no lo conoció, murió cuando
ella tenía tan sólo un año. En el próximo número
hablaremos de él por voz de su sobrina.
Ya aquí
hemos conocido un poco a esta señora, y a su marido Juan Torres,
llevan 54 años de ma-trimonio y dicen que no piensan todavía
en separarse, el respeto mútuo les hace quererse todavía.
Leonor Flores.
Su mayor dignidad está en haber sido una persona trabajadora, y
en sus manos trabajando el esparto, con ello consiguió muchas cosas
en la vida, hasta el colchón Flex que compró hace ya algunos
años y que le costó por entonces no más que 7.000
ptas.