Isabel Sánchez Heras -
Revista El Genal
Publicado en el número 5 de la revista El Genal en octubre de
2000
La Maldición de los Caireles
es el título del libro preparado por Isidro García Cigüenza,
y escrito por Francisco López, obra que el propio autor abandonó
tras ser presentada junto con una segunda parte, a concurso y quedar a
tan sólo a un paso del premio. Está editado por la editorial
Guadiaro. Cuenta con dibujos de Inmaculada Lozano, y en su portada aparece
una foto de Pajares.
Isidro García Cigüenza,
autor serrano, con una amplia colección de libros escritos y dirigidos
por él. Gran investigador y estudioso del bandolerismo, encontró
el manuscrito del libro, en el archivo del ayuntamiento de uno de nuestros
pueblos, mientras buscaba información para sus estudios. Él
se encargó de llevarlo a la editorial, de realizar la introducción
al libro y con mucha vocación también se encargó
de hacer en la parte final del libro una serie de acotaciones didácticas
para situar y ayudar un poco a los escolares.
Francisco López, el autor
de la narración, nació en 1933 en Montecorto, era conocido
como “Paco el Practicante”.
Su niñez y juventud, las
pasó en Ronda, graduándose y obteniendo plaza en los pueblos
de Parauta, Pujerra e Igualeja de practicante. De ahí, lo de “Paco
el Practicante”.
Fue alcalde del pueblo de Igualeja,
y dentro de su quehacer político fue presidente de la Diputación
de Málaga.
Fue elegido también, presidente
de ASPRODISIS, (Asociación Pro Disminuidos Síquicos), labor
que desempeñó con una gran responsabilidad, y luchó
para dotar a estas personas de un centro específico.
Francisco falleció el
19 de diciembre de 1997 y su libro vio la luz en el mismo mes de diciembre
pero del año 1998.
La Maldición de los Caireles,
es una novela que sorprende e impresiona. En un principio por ver como
hay ciertos libros, dotados de una fantástica publicidad, y vemos
como cosas como estas, carecen de una elevada publicidad, sobrándole
atributos.
Está fantásticamente
bien narrada, sencilla claridad en sus frases, elevado vocabulario popular,
intercalado perfectamente en los diálogos. Cuenta además
con muy detalladas y bucólicas descripciones, y un argumento que
desde el primer párrafo hace que el lector no pueda dejar
de leer, y si necesariamente lo hace, no deja de pensar en la novela.
“Antonio, el protagonista, un
joven recién graduado, es enviado a ejercer la medicina como “Practicante”,
a uno de los pueblos más recónditos de esta Serranía
de Ronda. Finaliza la década de los 50 y aún perdura en el
pueblo la ya decrépita “ley de la Sierra”.
Los atavismos allí imperantes
chocan de lleno con la mentalidad abierta del muchacho que, irremediablemente,
se ve involucrado en la vorágine que le rodea.
La lógica de los acontecimientos,
y la actitud valiente del protagonista, harán posible que, a pesar
de los gesto crueles que se sucederán, surja la luz de la solidaridad
y sea posible la luminosa realidad de nuestros días.”
No podemos negar que nuestra tierra
a veces de modo fantasmal, e injusto, ha sido escenario de
relatos desechables, propiciado quizás por nuestro carácter
pasional, que no podemos negar, lleno de un sin fin de valores arraigados
por nuestro carácter extremadamente profundo y en cierto modo enriquecedor.
Tras la lectura, podemos calificar
la novela de fantástica, realista, exagerada, visceral, sentimental,
mágica, cruel, encantadora,... de muchos modos, pero lo que no podemos
negar es que “Paco el Practicante”, no olvidó la forma, para contarnos
de un modo muy concreto, aspectos muy puntuales de la condición
humana, aspectos, que aunque no se manifiesten exteriormente, si que permanecen
en la memoria colectiva de los habitantes de la Serranía.
En definitiva: una novela encantada
y encantadora arraigada en la tierra.