Isabel Sánchez Heras -
Revista El Genal
Publicado en el número 7 de la revista El Genal en diciembre de
2000
Las personas que
conocen las medicinas alternativas, saben que cuando surge un problema
físico o mental, muy cerquita de nosotros hay una plantita común
e ignorada que nos ayuda a recuperarnos de ese problema.
Pero para la recolección
de plantas hay un criterio fundamental, el no avasallar.
Para recolectar
plantas hay una serie de mandamientos, de no agresión a la planta
en sí y a su entorno.
Quien sabe mucho
de ello es Margarita Rubio Carrillo, una joven chica de Genalguacil, que
aunque muy joven tiene ya dos frutos, dos hijos, Pepón de ocho años
y Sara de nueve años. Estos chicos son los que ayudan a Margarita
a recolectar las plantas, y hay veces que se le duermen en el campo, cansados
de ir de un sitio a otro, y es que Margarita, siempre se preocupó
para que sus hijos tuviesen tantas ganas de vivir como la naturaleza por
eso intentó que estuviesen muy en contacto con la tierra.
Margarita siempre
quiso vivir en su pueblo, en donde nació, Genalguacil. En un tiempo
vivió en una finca en el campo en un pueblo de la provincia de Cádiz.
Fue allí en donde ella empezó a tomar contacto con el medio,
y empezó a darse cuenta de toda la entrega y gratuidad que ofrece
la naturaleza.
Cuida a una persona
mayor enferma de alzeimer, esa es la base fundamental de sus ingresos,
que a veces se ven muy reducidos ya que está intentando tener casa
propia en el pueblo.
El tiempo que Margarita
vivió fuera del pueblo, lo alternó con épocas de trabajo
en una finca lindante con el término municipal de Genalguacil. También
durante este periodo de tiempo, Margarita conoció a Eli Lozano,
que fue la persona que le introdujo y le enseñó a recolectar
y trabajar con plantas.
Paradójicamente
el INEM organizó en Genalguacil unos curso ocupacionales para los
jóvenes sobre «Servicultura», y una de las personas
formadoras en este curso era precisamente Eli.
Margarita cree
que esta persona fue la que le transmitió todo el amor y la capacidad
que ahora mismo considera en ella para la elaboración de remedios
a través de las plantas.
Después
del curso, no surjió ninguna iniciativa empresarial, artesanal o
comunitaria entre las personas que asistían, pero ella, Margarita,
quiso por su cuenta, buscándose vademecums, libros de aromaterapia
y fitote-rapia, profundizar y saber más del tema.
También
empezó a formar parte de una asociación creada a partir del
CEDER Serranía, de Artesanos de la Serranía de Ronda. Y es
que ella se considera una artesana con la planta, las recolecta e intenta
obtener aplicaciones por medio de ellas.
Todo este tiempo,
en el que ella se ha dedicado a investigar y saber más, se ha dado
cuenta que no todo lo que dicen las bibliografías, los libros, se
puede aplicar. Sobre todo en lo que ella se ha querido centrar, en las
plantas que hay en el Valle
.En la Naturaleza los parámetros no
son siempre iguales para todo, cada lugar tiene sus pequeñas variaciones,
aunque ella se mueve por distintas zonas del Valle del Genal para recolectar.
Sobre todo hay
que observar las plantas y comprobar cual es la época más
propicia para recolectar. La recolección siempre se hace por la
mañana antes de que salga el sol como para que la planta tenga su
máxima concentración de esencia.
Después
de la recolección, las plantas se utilizan para macerar, impregnar
o destilar. Todos estos procedimientos puede Margarita hacerlos en su casa,
menos la destilación, para la que necesita un alambique, como el
que hay en la finca la Aljaría. Este aparato de destilación
con refrigeración por agua (el alambique de los alquimistas medievales)
ya era conocido por los árabes, que lo empleaban con diversos fines:
preparación de alcoholes, de esencias volátiles, de aceites...
Precisamente este alambique que está situado en la Aljaría,
era para destilar aguardiente. Ella lo que prepara son aceites esenciales.
Pero son muchos más los remedios que ella elabora: aguas perfumadas,
jabones naturales perfumados, sales de baño perfumadas, vinagres
aromatizados, alcoholes para fricciones y masajes, vinos con gustillo a
plantas... También elabora velas de cera natural, artesanía
del corcho...
Lo que a Margarita
le gusta es comprobar las múltiples aplicaciones que pueden
tener..
Las aguas perfumadas
se pueden utilizar para perfumar, para limpiar e hidratar la piel. Los
aceites esenciales sirven para perfumar ambientes, dar masajes... Los alcoholes
perfumados para fricciones, contusiones, dolores, como antinflamatorio...
Y luego existen las múltiples aplicaciones según las plantas
con los que se elaboren, unas son cicatrizantes, antisépticas, regeneradoras,...
Los productos están embasados siempre en frascos de cristal opaco
y llevan una etiquetita muy artesanal en la que además de aparecer
el nombre del producto, vienen las distintas aplicaciones que pueden tener.
Todas las plantas
que utiliza son aptas para autoterapias, es decir son plantas que no tienen
efectos secundarios, y además coinciden con las plantas que tradicionalmente
han utilizado nuestros antepasados: pino, violeta, hipérico, romero,
lavanda, rosa, jazmín, enebro,... Siempre funcionaron bien, pero
la medicina convencional nos ha ido desligando de ellas, a veces para facilitar.
La diferencia entre la medicina tradicional y la convencional u oficial,
radica en que la medicina tradicional trata de recuperar nuestra salud
para nosotros mismos vencer la enfermedad, mientras que la medicina convencional
lo que hace es atacar la enfermedad. Otro factor importante es que la medicina
tradicional es más lenta que la convencional.
Estos productos
no se venden nada más que en Genalguacil, el Ayuntamiento del pueblo
ha acondicionado un local en el que hay una serie de muestras artesanales
del pueblo, para que los tantos visitantes que vienen puedan comprar algo
de ello, allí están los productos de Margarita también.
Ella no querría
hacer de esto un negocio, pues si hiciese de ello un negocio no podrían
tener la misma calidad que tienen ahora, tendría que hacer una brutal
recolección e incluso adulterar los remedios como para que resultasen
rentables, y eso no es lo que ella persigue. Lo que ella persigue es que
la gente empiece a recuperar parte de una cultura milenaria, la aromaterapia,
y aprecie todo lo que gratuitamente nos ofrece la naturaleza. Lo que más
le llena es cuando alguien le compra un producto y vuelve diciéndole
que ha funcionado. Entonces ella siente como a veces ser puro merece la
pena.