Isabel Sánchez Heras -
Revista El Genal
Publicado en el número 5 de la revista El Genal en octubre de
2000
ICH
WONME, ICH WEISS NICHT WOHER. ICH GEHE, ICH WEISS NICHT WOIN. MICH WUNDERT, DASS ICH SOFROHLICH BIN. (-800)
Vengo, no sé de donde. Voy, no sé a donde. Me sorprendo de estar tan
feliz. (-800)
Tomar la decisión de dejar
la ciudad e irse lejos, a un valle de pueblos, frente a la montaña.
Tener una casa en un lugar tranquilo y solitario. Empezar a vivir cerca
de la naturaleza.
Elegir esto, no para apartarse
del mundo, sino para sentirlo y comprenderlo mejor.
Las concentraciones facilitan
la comunicación y la distribución de la economía,
pero puede llegar a desgarrar la naturaleza de las personas.
En contraposición hay quien
en el campo se siente encerrado, debido sobre todo a la desarmonía
con la naturaleza.
El humano sufre a veces mutilaciones
en sus sentidos si se resigna a que su mundo organizado sea el perímetro
urbano, su único territorio habitado, su cosmos. El resto entonces,
pertenece al espacio desconocido e indeterminado que lo circunda, y como
los primitivos, siente que cuando se aleja de su
centro, su mundo sagrado, llega el
caos, el desorden.
Alguien ocupa un territorio de
ese caos y toma posesión de él y se instala, lo crea nuevamente,
lo consagra, lo convierte en cosmos. Entonces descubre que no existen las
metrópolis. Cada lugar es el centro del Universo.
Le da igual su nacionalidad, emocionalmente
no está ligado a ningún sitio. No tiene apego, sabe que no
tiene que pedir nada, la gente a él le va pidiendo que le haga tal
o cual cosa.
Con cuatro años le impresionaron
esos versos que dicen que se asombra de estar tan feliz sin saber de dónde
viene o a dónde va. Fue entonces, cuando junto con su familia tuvo
que dejar Checoslovaquia. Había guerra, su padre podía morir,
él junto con su madre y sus hermanos también. Por eso siempre
tiene un recuerdo por cuantos refugiados políticos hay en el mundo.
No tiene patria ni sitio, no conoce
el lugar en donde nació. Dice que nació en la “Bohemia”.
La Alharía, ni lejos, ni
cerca. Está en su sitio, en el sitio en donde debe estar. La Seda,
es La Alharía. Tiene agua y árboles frutales, plantas, todas
si se quiere se pueden comer. Quietud, acogida. La sabiduría de
un sitio en el que hablan muchas voces para que el que las
oiga se impregne de eso, su sabiduría.
En el año 1981, un empresario
de Marbella la compró para hacer de ella un burdel. Pero parece
que aquel no era el sitio para algo tan material.
Por cinco millones la vendió
una agencia inmobiliaria a Homayú, este ser natural de la “Bohemia”.
Químico, por naturaleza genética, después de terminar
estos estudios, estudió medicina en varias universidades europeas,
Italia, Alemania, Francia..., no de un modo normal, sí oficial,
pero en unos y otros lugares iba la guerra sorprendiéndole. Nada
menos que entró en Kabul en 1979.
Fue vendedor de alfonbras en Afganistán
y la India. Sabe italiano, francés, inglés, alemán,
castellano y dahri, que es lo que se habla en una parte de Afganistán,
pues allí hay al menos cinco dialectos.
Quizás algún día
practique la Medicina Ayurveda en la India, en donde piensa que alguna
vez puede ser. Pero no se sabe. Ahora está en donde quiere estar,
en La Seda, La Alharía.
No necesita nada. Cuando empezó
a vivir aquí, cogía hongos y los vendía en restaurantes
de la Costa del Sol, como el Tony Dali. Allí vendía muchísimos.
También vendía quesos y requesón, tenía cabras,
aceitunas, naranjas, castañas...
En el año 1995 hubo un
accidente forestal y se produjo un incendio. Una trituradora trabajaba
sin ningún apoyo de agua y se quemaron muchas hectáreas.
Desde entonces vive de una subvención que le concedieron por reforestar.
No tiene suficiente agua para regar todos los arbolitos que tiene, sobre
todo en verano. Por eso baja hasta el río Genal, y llena tanques
para regarlos. Tiene 4.500 árboles en 15 hectáreas repartidos
entre alcornoques, algarrobos y castaños.
A la Alharía, por temporadas,
va mucha gente. Homayú pertenece a la WWOOF, es una organización
inglesa con 25 años de antigüedad que se ocupa de comunicar
a gente que busca personas para trabajar y personas que quieren conocer
experiencias de fincas biológicas. Viene mucha gente aquí.
A veces, también en la
Alharía, vemos a Julia, ella nos explicó como son las esencias
que se destilan allí, en un alambique. Esencias de lo más
puras que puedan existir. Jara, Romero, Cantueso... hacen aceites terapéuticos.
Homayú no deja de estudiar,
está intentando centrar sus estudios en el NIM, es un árbol
de la familia de las meliáceas, Azadirachta Índica. Árbol
muy empleado en medicina ayurveda y al que se le conocen más de
250 aplicaciones.
En la India, cuando llega el año
nuevo, igual que aquí nos tomamos las doce uvas, allí se
comen una hoja de este árbol. También Homayú volverá
algún día a viajar, conocer otros lugares, otros ojos, otras
luces, ya lo sabemos, él nació en la “Bohemia”.
Nos dijo Juan Ramón Jiménez
que: “Cuando un hombre culto, santo, poeta, sabio, aspira a llegar a lo
esencial, en todas las razas, épocas y civili-zaciones, se retira,
es decir, se va a la naturaleza, desierto, monasterio, casa de campo, a
quitarse todo lo superfluo, todo lo innecesario de la civilización;
va en busca de la intuición, de la desnudez de la cultura”. Es verdad,
lo esencial aparece siempre en la vida retirada libre de confusiones.
Pronto llegarán las lluvias
y podremos ver en cualquier monte a Homayú gritando, saltando de
alegría, celebrando el misterio de la madre tierra, siendo un microcosmos
del macrocos-mos universal. Mientras tanto, nosotros vamos saliendo de
la Alharía, vamos silenciosos, nostálgicos, vamos pensando
que abandonamos de nuevo el Paraíso.