Isabel Sánchez Heras -
Revista El Genal
Publicado en el número 3 de la revista El Genal en julio de
2000
«Quienes sean
piadosos tendrán junto a su Señor jardines en que corren
los ríos» Promesa del Corán
Quizás nunca hubo en la
Península una invasión guerrera musulmana como a través
de la historia hemos ido aprendiendo. Nunca el fin justifica los medios,
pero a los musulmanes tanto como a todos los pueblos que vivieron en nuestras
tierras le debemos muchas cosas y entre estas cosas los cuatro mil vocablos
que el vocabulario español tiene de los árabes. Es un elemento
de gran importancia detrás del latino, sin contar las divergencias
que pueden aún existir entre las zonas urbanas y rurales como fruto
de aquel intercambio cultural.
Somos una mayoría de religión
católica, aunque con la entrada del turismo y de la creación
de posibles segundas residencias en nuestros pueblos de gentes de otros
países, pueden ir llegando otras culturas y sin separarlo de ello
otras religiones.
Este no es el caso precisamente
de Yusuf, Segundino o Musa. Ellos son de aquí, de Genalguacil.
Son los miembros de una pequeña
y sin dejar por ello de ser formal y fuerte comunidad musulmana.
El ejemplo de Yusuf es el de un
joven educado en una familia no católica sino una familia católica
y muy practicante dentro de su religión.
Él con los años fue viendo
como la religión suya, la que le dieron sus padres, no le daba respuesta
a una serie de preguntas que se hacía continuamente.
Dentro de su actitud que es meramente
religiosa piensa que lo suyo fue una llamada propia y directa de Dios hacia
él.
Yusuf es el líder espiritual
de la comunidad, ha estudiado árabe poco a poco para ir entendiendo
mejor su libro sagrado: el Corán y ha sido autodidacta. No ha tenido
nadie que le insistiera o le ofreciera facilidades para comprender esta
religión. Él sólo empezó a leer obras de místicos
musulmanes.
Para ellos ser musulmanes, aunque
para vivir en el pueblo no es ningún problema, en el norte de nuestro
país creen que puede existir un poco de «inquisición».
Segundino y Musa se sienten más
que nada alumnos de Yusuf.
Segundino tiene incluso estudios universitarios
y le apasiona la historia y todo el mundo árabe. Dice que se siente
mal cuando identifican su religión con todo lo que es el mundo Oriental.
“Oriente no es Corán”. Cuando mira a Oriente ve sólo tradiciones
y unas religiones muy antiguas. Ellos se mueven sólo por fanatismo
haciendo la guerra en nombre de Dios.
Por otro lado Musa cuenta cómo
toda su familia está muy contenta pues andaba de un lado para otro
sin asentar la cabeza, sin saber lo que quería y lo que quería
hacer. Fue militar y lo dejó, también se fue a vivir a Cataluña
y se vino. Estando aquí, se empezó a acordar cómo
él de pequeñito veía a Yusuf de rezar y le gustaba,
le gustaba que fuese como era, que tuviese cosas tan claras. Entres sus
preceptos están las oraciones varias veces al día. A Musa
le gustaba hacerla en la azotea de su casa, pero algunos vecinos empezaron
a pensar que no estaba muy cuerdo y tuvo que dejar de hacerlo allí.
Les pregunté cómo
deben de cumplir los preceptos que le impone su religión. Empezamos
por el tema de la carne de cerdo y la bebida. Ellos dicen que según
el Corán pueden comer de todo siempre que se recuerde el nombre
de Dios. El alcohol tampoco está prohibido, pero se deben abstener
pues es más perjudicial que beneficioso y además no se puede
rezar bajo el efecto de nada externo, de ninguna sustancia. También
suelen bajar a Marbella a rezar en la mezquita cuando pueden.
Para ellos la sociedad ideal sería
una Teocracia. Todo en poder de Dios, lo que Dios mande.
El Islam es política, es religión,
es cultura, es administración... es todo, ellos no pueden separar
lo que es su vida religiosa y su vida diaria. Todo es lo mismo.
Por último hablamos de
la mujer. En el mundo islámico las mujeres están bastante
marginadas, pero ellos me dicen que no. El hombre puede ser superior a
la mujer, puede fecundar a varias mujeres pero una mujer no puede ser fecundada
más que por un hombre. Eso hace que parezca que las mujeres musulmanas
viven peor que los hombres. Ellos tienen derecho a la poligamia pero ellas
no tienen derecho a la poliandria., pero la mujer es el ser más
parecido a Dios.
Están aquí, en nuestro
valle, y sólo proclaman que el ser musulmán es resignarse
a la voluntad de Dios. Son vecinos de un pueblo, trabajan, luchan, llevan
a sus hijos a las escuelas. Tienen otra religión, pero en la variedad
está la riqueza. No separan su religión de su cultura. Gozan
el poder de la oración, la mística y la meditación,
y nuestro mundo a veces está muy falto de esa capacidad de observación
y reflexión.