Pronto se entra en tierras de Genalguacil, y sólo cuando falta muy poco para el pueblo, se ve su caserío. Está recostado en una ladera muy pendiente, mirando a poniente, y su blancura destaca en medio de los bosques. A la entrada del pueblo hay una fuente moderna, pero muy curiosa; se podría decir de ella que es un misterio contemporáneo. En lapsos de tiempo de unos tres minutos su caudal aumenta y disminuye ostensiblemente. Al menos eso ocurría en la segunda mitad de junio de 1996. Estábamos bebiendo y de pronto casi se secó del todo, y cuando nos retiramos, de pronto creció y salía con fuerza renovada, sin que se observara en ella ningún mecanismo. Nos hizo gracia aquello, pero no vimos por allí a quien preguntar la causa.
Se atraviesa el pueblo, bajando suavemente, por la calle Real hasta dar con la iglesia, que está enclavada en la parte más sudoccidental. Todo es limpieza, frescura y adorno de macetas con flores, bugambillas o parras. Las casas están todas en muy buen estado. De vez en cuando se observan cerámicas decorativas con leyendas alusivas a la historia del pueblo, sobre todo textos de Mármol Carvajal que cuentan los hechos de la rebelión morisca de 1570. Pero lo más llamativo y sorprendente es que el pueblo se va poco a poco convirtiendo en un museo de arte moderno. Numerosas esculturas se exponen permanentemente en sus calles y son donación de diversos artistas que acuden al pueblo durante unas jornadas cada dos veranos.
Genalguacil es un municipio cuyo término es resultado de la unión de al menos tres lugares moriscos que, tras las capitulaciones con los Reyes Católicos, formaron parte del Señorío de Casares. Esos lugares fueron Benestepar, Almachar y Genalguacil, aunque parece que hubo otro más llamado Benihexín o Benanahí, cerca del pueblo actual, pero más alto en la misma ladera, en dirección a los Reales de Sierra Bermeja. De Almachar queda recuerdo en el nombre del río Almarchal, que baja de los Reales hasta el Genal, y pudo ubicarse esta población en el actual cortijo de La Alcaría. De Benestepar, pueblo que fue cuna del famoso Feri que dio muerte a don Alonso de Aguilar, hermano del Gran Capitán, en la rota de Sierra Bermeja de 1501, ha quedado también el nombre, pero para designar una loma alargada que está a poniente de Genalguacil, en dirección al río Genal y a Gaucín. Es difícil llegar hasta estos pueblos perdidos, pero no imposible, si se solicita la compañía de algún paisano. De todas maneras, por encima de la plaza y de la iglesia hay un mirador, que da vista a los Reales y al valle, donde siempre hay gente a la sombra que pueda indicar desde allí los lugares de que hablamos. Fue sorprendente para nosotros oír con tantísimo estruendo las cigarras, aquí chicharras, asomados a aquella baranda. En ninguna parte las hemos oído cantar igual.
La iglesia es obra muy antigua y la más monumental del pueblo, su titular es san Pedro Mártir de Verona, y de él hay allí una imagen con el hacha clavada en la cabeza, que resulta realmente truculenta. Esta imagen se pasea por las calles del pueblo el día del patrón, y se nos antoja que debe marcar con fuerza las conciencias de los más pequeños. No sabemos cuál será la causa de la elección del patrón, pero sí sabemos que en esta iglesia ocurrieron horribles hechos en 1570, cuando los cristianos, mujeres, niños y ancianos, allí refugiados, murieron quemados por el incendio que hicieron los moriscos de la iglesia, en venganza por las atrocidades que cometieron con ellos los soldados cristianos. A sus espaldas, en sitio ventilado, está el cementerio, que merece también visita; en los pueblos la muerte es más visible e impone menos miedo.
Para los aficionados a otro tipo de antigüedades, hay que decir que en tierras de Genalguacil, en las laderas de Los Reales, cerca del río Almarchar hay un antro artificial, conocido como Cueva del Baque, que según diversas noticias es una mina de tiempos romanos. Al parecer se podría rastrear el trazado de una vía romana que conectara esta antigua zona minera con la ciudad romana de Lacipo, en la entrada del valle, junto a la Sierra de Crestellina. Ese camino atravesaría los Montes del Duque, hasta llegar a tierras de Genalguacil. También en la zona de los Morteretes habría habido minas antiguas. La existencia de minerales valiosos en Genalguacil se tuvo en cuenta en el siglo XVIII y se pusieron en explotación, como confirma Medina Conde y luego Pascual Madoz. Y todavía ahora en el mapa de Instituto Geográfico Catastral 1064 se registran tres minas, la de San Pedro, La Herrumbrosa y las del Majal del Toro. La minería se abandonó en esta zona con seguridad por su escasa rentabilidad, aunque lógicamente habrá también razones geoestratégicas o geopolíticas que hayan coadyuvado.
Pero, desde luego, la verdadera joya de Genalguacil es el bosque de pinsapos de Los Reales de Sierra Bermeja. Sólo hay tres bosques de esta reliquia ecológica en Europa, y tiene la suerte Genalguacil de contar con uno de ellos, aunque también tiene la enorme responsabilidad de garantizar su pervivencia en el futuro. Y no son infundados los temores, porque hace muy poco las llamas llegaron casi hasta su altura. Ahora se proyecta una carretera que ha de conectar Genalguacil con Estepona, con lo que se aproximará aún más el tráfico rodado a esos lugares protegidos, y qué se sabe el precio que habrá que pagar. Y nos extraña mucho que no haya igual preocupación con este peligro que con la amenaza de la posible presa del Genal, que a todos nos duele.
Desde la cumbre de Los Reales se tiene una vista panorámica verdaderamente impresionante. Hacia el Norte se ve la blanca mole de Jarastepar y el caserío de Alpandeire, el puerto de Encinas Borrachas, el alto del Conio y toda la sierra, que lo es en el más estricto sentido de la palabra, en cuya ladera se asientan Atajate, Benadalid, Benalauría, Algatocín y Benarrabá. Se ven muy bien los caseríos de los tres últimos con todo el valle del Genal. Pero, además, se ve tras esta sierra la otra aún más imponente que sirve de límite con Cádiz, la de Líbar, y hasta el pueblo de Cortes.
A Occidente se ve el castillo de Gaucín y gran parte de ese pueblo, y se adivina tras El Hacho la inmensidad de los alcornocales que anteceden a la campiña gaditana. También se ve Jimena de la Frontera y mucho del Campo de Gibraltar.
Al Sur queda Gibraltar, que se coge con la mano, y a nuestros pies la línea de costa que desde el Peñón delimita la geografía de nuestro continente hasta Estepona. Al otro lado del mar se ve ese extremo de África que nos permite pensar en otros mundos tan cercanos y lejanos a la vez. Son visibles en días claros hasta algunas estribaciones del Atlas, y casi siempre se ve con claridad la ciudad de Ceuta y el monte Abila.
Al Este se pierde en la lejanía la cadena continua de urbanizaciones turísticas de Estepona, San Pedro de Alcántara y Marbella. Pocas vistas se pueden obtener tan completas y variadas como las de aquí.
Genalguacil es un pueblo sin duda afortunado, aunque haya sido siempre el más incomunicado de toda la comarca, o quizá gracias a ello. Era el más próximo a la costa, hasta el punto de pertenecer al Partido Judicial de Estepona, y no a Gaucín o Ronda, pero los caminos eran dificilísimos y su carretera local ha sido de las últimas en trazarse. Pero su término es variado y rico, todavía hay en él reserva de caza mayor y zonas completamente vírgenes. Su pinsapar es una zona protegida, para tranquilidad de todos, y sus responsables políticos han sabido garantizar su conservación y sabrán buscar caminos de prosperidad en el futuro.
En este pueblo abundan apellidos muy raros en otros sitios, como Cózar, Piñel o Urda, y otros no tan desconocidos, pero muy específicos de aquí en relación con la comarca, como Carrillo, Holgado, Macías y
Ruiz.
Museo al aire libre, pista polideportiva, hogar del jubilado, piscina, biblioteca,
banda de música, asociación de cazadores, cooperativa de la castaña,
diversos bares y tiendas
Gastronomía
Chacina, migas, gazpacho caliente, sopas de tomate,
mosto del terreno, carne de caza
Fiestas
La Candelaria (2 de febrero)
Carnavales
Fiestas patronales de San Pedro de Verona (29 de abril)