Análisis
formal e iconográfico de la Escultura de San Juan de Dios de
la Ermita del Santo Niño de Gaucín
Sergio Ramírez González
(Licenciado en Historia del Arte)
Publicado en el número 18 de la revista La Serranía
El
patrimonio artístico de la ermita de la fortaleza de Gaucín
ofrece, aparte de una suntuosa y exuberante decoración
barroca basada en yeserías apriétales, la dualidad básica
de las esculturas del Santo Niño y la de San Juan
de Dios. En este caso concreto, vamos a examinar formal e
iconográficamente la correspondiente al Padre de los
Pobres, no sin antes adentrarnos, para una mejor
comprensión interpretativa, en los primeros vestigios
artísticos alusivos a la apariencia física del Santo
granadino.
En esta primera etapa del
siglo XVI, se fraguaron diversos retratos del Santo
hospitalario cuyas pautas sirvieron de referencia y modelo
para las representaciones artísticas de la Edad Moderna. La
primera en aparecer documentada la ejecutó el pintor Alonso
Sánchez Coello por encargo del hermano Domingo Benedito,
Prior del Hospital de Granada. Para ello se sirvió de varios
esbozos y anotaciones llevadas a cabo cuando aún vivía el
personaje en cuestión. En función de este retrato, se
efectuaron otros dos lienzos de similares características por
los pintores Pedro de Raxis, el Viejo, y Juan de Sevilla. Pero
estas imágenes primigenias no se ciñeron únicamente a la
modalidad pictórica. De esta manera, las primeras biografías
el Santo hospitalario se acompañaron de grabados con su
"verdadero" retrato. Así, mientras que en la de
Francisco de Castro se exponía la xilografía en la que el
Santo oraba ante un crucifijo, en la de Fray Dionisio Celi se
presentaba abrazando a Jesucristo. Para una de las ediciones
del libro biográfico de Antonio de Govea se elaboró, de mano
de Pedro de Villafranca, un retrato del Santo que tendría
gran trascendencia en la posterior iconografía hospitalaria (1).
En éste se representa a San Juan de Dios de mediana edad,
portando el hábito hospitalario, con corona de espinas y
exponiendo una profunda expresión mística que se canaliza a
través de la contemplación del crucifijo sostenido. Se
acompaña, a su vez, con gran repertorio de atributos de gran
simbología como el reloj de arena, el tintero, el libro y las
disciplinas.
La
pieza escultórica exhibida en la ermita de Gaucín, de mayor
calidad artística que la del Santo Niño, encarna la efigie
del Padre de los Pobres, San Juan de Dios
(2). Esta talla de
madera de naranjo policromada fue donada al pueblo, en 1939,
por los hermanos de San Juan de Dios de Granada (3).
La escultura del Santo portugués debía pertenecer antes de
la Guerra Civil española, y durante varios siglos, a la Orden
Hospitalaria. En el transcurso de los enfrentamientos la pieza
sufrió varios desperfectos importantes, por lo que decidieron
restaurarla y recomponerla, además, de cederla a Gaucín,
población con la que mantenían, en esos momentos, una
estrecha relación. Por esta cuestión, se ponen en contacto
en 1938 con el artista granadino Manuel Roldán de la Plata,
quien se encarga de devolverle su original esplendor. El
testimonio de este hecho se dejó patente en un pequeño
pergamino introducido en el interior de la escultura y que
dice lo siguiente:
Esta imagen se reconstruyó
en el año de 1938 en la triste tragedia del enfrentamiento.
Costeada por los hermanos hospitalarios de San Juan de Dios.
Esculpida por Manuel Roldán de la Plata.(4)
Una vez en la población malagueña, la talla no ha sufrido
altercados mayores, por lo que sigue reflejando, en toda su
plenitud, una clara patente de estirpe barroca. Viste el
hábito negro de la congregación con capuchón, escapulario,
cinturón de cuero y mangas anchas, todo ello configurado por
finos y uniformes pliegues que insinúan el volumen corporal (5).
En actitud itinerante, avanza el pie izquierdo sobre el
derecho, orientando, este último, de manera oblicua.
Iconográficamente la figura de San Juan de Dios solía
representarse, en la Edad Moderna, portando un niño tullido
en brazos, azotado en el Hospital Real, curando enfermos,
enarbolando la granada abierta coronada con la cruz, orando
ante un crucifijo en su lecho de muerte, siendo transportado
al cielo por ángeles o, especialmente, en el momento de su
conversión. En esta ocasión determinada se muestra en
actitud penitente acorde a su imagen oficial de fundador, con
corona de espinas y asiendo fuertemente un crucifijo. Sin duda
alguna, la cabeza de la imagen, de leve inclinación,
constituye lo más logrado del conjunto. El personaje,
representado como un hombre de mediana edad, exhibe un rostro
que, a pesar de ser bastante alargado, mantiene continuos
perfiles y volúmenes redondeados en pómulos, ojos, nariz y
mentón. Estas facciones se complementan con planos sinuosos
en la boca, cejas y pabellones auditivos. Refleja, por otra
parte, en su rostro una concentración interiorizada de dolor
y tristeza, canalizada a través de la mirada baja y absorta,
la boca entreabierta y las cejas arqueadas. La policromía
está exenta de marcadas estridencias, basándose en unas
carnaciones de oscura gradación. Las tonalidades grisáceas
del mentón dan la sensación de una barba ciertamente
crecida, deteniéndose el artista en los acentos realistas,
que le vienen brindados por el uso efectista de la
policromía.
La
armonía cromática se ve alterada con las gotas de sangre
jalonadas en su amplia frente y los matices rojizos, más
delicados, aplicados a la entonación de los labios. El
cabello, más que tallado en sí, se deja entrever con cortos
y leves mechones de poca profundidad que se adaptan
perfectamente a la superficie craneal y dejan entrever una
incipiente calvicie, por lo que es evidente que, de nuevo, la
policromía juega en este sentido un papel fundamental. La
disposición de los brazos se mantiene totalmente
contrapuesta. Mientras lleva y extiende la mano derecha con
profundo sentimiento hacia el pecho, la izquierda sostiene con
fuerza una cruz arbórea, objeto de sus meditaciones, signo de
su fe y vida ascética, y símbolo redentor del Mundo.
Además, este crucifijo rememora el instante, previo a su
muerte, en la que San Juan de Dios abrazado al Crucificado le
exclama: Jesús, en tu mano me encomiendo.(6)
El modelado de estas
extremidades, de marcado pronunciamiento óseo, es más tosco
y desproporcionado que el de la cabeza, por lo que podemos
suponer que en ellas haya una mayor intervención de Manuel
Roldán de la Plata. Los complementos de la efigie se
encuentran integrados por un nimbo o galleta de plata
sobredorada, organizada a través de una venera central, y por
una sencilla corona de espinas del mismo material. Tales
características vinculan esta interesante escultura a la
estética granadina de finales del siglo XVII, recordando,
entre otros, los modelos impuestos por Alonso Cano y Pedro de
Mena y Medrano.(7)
1 LARIOS LARIOS, J.M.:
"Biografía e iconografía: fuentes literarias para la
creación y evolución del tipo iconográfico de San Juan de
Dios", en AA.VV.: Imágenes de San Juan de Dios, Granada.
Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, 1995, p. 30
2 Cfr. CAMACHO MARTÍNEZ, R. (dir):
Inventario artístico de Málaga y su provincia. Partidos
judiciales de Antequera, Marbella y Ronda, tomo II, Madrid,
Ministerio de Cultura, 1985, p. 334.
3 GARCÍA MOTA, F.:
"Gaucín", en NIETO CRUZ, E. (coord.): Semana Santa
en la provincia de Málaga, Málaga, Servicio de Publicaciones
del Obispado-Universidad, 1994, p. 226.
4 (A)rchivo de la (H)ermandad del
(S)anto (N)iño de (G)aucín (A.H.S.N.G.), Pergamino de la
restauración de la imagen de San Juan de Dios. Ciertos
autores han atribuido desacertadamente esta imagen, y debido a
confusiones relativas con los apellidos, al escultor sevillano
Pedro Roldán y Onieva.
5 Véase FERRANDO ROIG, J.:
Iconografía de los Santos. Barcelona, Ediciones Omega S.A.,
1950, pp. 158-159.
6 Véase SÁNCHEZ LÓPEZ, J.A.:
"San Juan de Dios. Miguel Félix de Zayas" y
"San Juan de Dios. Fernando Ortiz", en AA.VV.:
Patrimonio Cultural de Málaga y su provincia. Artes
plásticas de la Edad Moderna, vol. III, Málaga, Diputación
Provincial, 2002, pp. 174-177, 186-189.
7 Ibídem. Estos modelos iconográficos fueron
continuados especialmente por escultores granadinos como
Bernardo y Diego de Mora, y José Risueño, y Malagueños como
Miguel Félix de Zayas y Fernando Ortiz.