Texto: D. Corbacho (Gaucín) -
Fotos: Juan Terroba
Publicado en el número 23 de la revista La Serranía
El
picón es la mejor alternativa al frío que se nos avecina en
la Serranía de Ronda. Al igual que la utilización del
carbón en otras zonas gélidas en invierno, el picón ha sido
durante siglos el calor en los hogares de nuestra comarca. De
la misma manera se considera más que un medio de
deforestación, una medida de limpieza de restos forestales
que favorece al reciclado y al ahorro de energía. La mayoría
de limpiezas forestales (para accesos, descorche,
antiincendios...) producen gran cantidad de materia prima como
especies de matorral, lentisco, acabuche...; lo mismo ocurre
con la erosión y poda sobre las abundantes arboledas que
pueblan nuestro entorno.
En la fabricación del picón, siempre existen mecanismos de
control y seguridad que reducen, dependiendo de la zona, en su
totalidad las posibilidades de incendio, ya que al lado del
cualquier buena “Pichona” debe haber gran cantidad de
agua. Resulta vital en el proceso de fabricación el agua para
interrumpir la combustión en el momento que se ha carbonizado
la materia prima. Luego se procede a la segmentación de las
ramas en piezas más pequeñas, diferenciándolas del carbón
en que son tizones finos y cilíndricos pero de una gran
resistencia a la combustión total. Por último, en este
proceso se separan los tizones con humo que no están
totalmente carbonizados, para que no se produzcan “humeras”
ni malos olores en nuestras mesas camillas. Así, una vez
enfriado y ensacado, el Picón, a través de la figura del
piconero, llega a los pocos hogares que siguen siendo fieles a
la tradición de “echar el brasero a la copa”.
Se
han utilizado desde antaño muchos métodos para encender el
brasero (recipiente metálico circular con asas y poco
profundo que se sitúa en las tarimas de las mesas camillas),
el más usado hoy en día consiste en colocar sobre el fuego
de la hornilla un recipiente de metal con agujeros en el fondo
en el cual previamente se haya echado una pequeña proporción
de picón. Una vez prendida al rojo vivo, se une al montón de
picón que llena el brasero. Luego, se sitúa un trozo de
papel de aluminio doméstico encima de la porción prendida,
para que combustione el resto. Cuando la parte superficial del
picón que llena la copa está encendido se cubre en su
totalidad con una fina capa de ceniza para que disminuya la
rapidez de combustión. Este último paso nos permite que al
“menear la copa con la paleta” obtengamos las infinitas
graduaciones de temperatura a elegir.
Hoy en día en casi todos los hogares de nuestros pueblos se
ha sustituido el picón por medios más modernos, como el gas
butano y la electricidad sobre todo, al considerarse que esta
forma de crear calor tradicional ensucia mucho y requiere
tiempo para su preparación.
Desde
luego, el grado de confortabilidad que genera un brasero de
picón es mucho mayor que los de otros emisores de calor,
añadiendo además el ahorro de energía que supone. Con
respecto a la pérdida de tiempo que se le achaca al proceso
de preparación en la casa, todo depende del cariño con el
que se hagan las cosas; para hacer algo con tiempo y bien se
necesita arte y amor por lo auténtico. Y es que todavía
quien conserva el brasero sabe que barrar un poco más y
aprender a no ensuciar es necesario en cualquier hogar con o
sin brasero. Para terminar señalar que una buena chimenea de
leña con el complemento del brasero de picón constituyen la
calefacción ideal para cualquier hogar.
Algún día, ojalá que no tengamos que escuchar a nuestros
hijos preguntar: ¿Qué era eso?