capellanías y cofradías del lugar de Faraján a finales del
s. XVIII
Manuel Becerra Parra
Publicado en el número 23 de la revista La Serranía
En el siglo XVIII la Iglesia era uno de los estamentos más poderosos, siendo dueña de muchas propiedades. Pero no sólo poseían bienes las iglesias, catedrales, conventos y clero, sino que también eran propietarias de fincas algunas instituciones religiosas que utilizaban las rentas que éstos les aportaban para afrontar los gastos que les acarreaba el desempeño de sus funciones. Éste es el caso de las capellanías y cofradías.
Las cofradías son de sobra conocidas, todo lo contrario a las capellanías. Éstas eran fundaciones en las que ciertos bienes quedaban sujetos al cumplimiento de misas y otras cargas pías. Surgieron de la fuerte efervescencia religiosa existente en el pueblo durante los siglos XVI, XVII y parte del XVIII, y que se vio reflejada en una honda preocupación de los difuntos por asegurar la rápida salvación del alma. Para este fin eran numerosas las misas que se celebraban tras la muerte de un cristiano: misas de cuerpo presente, misas de réquiem, misas de aniversario, misas gregorianas, misas de conmemoración de los fieles difuntos y misas de fundación. Estas últimas, cuya finalidad era la de asegurar la atención espiritual “post mortem”, darían lugar a la creación de las capellanías al fundarse éstas, cuando alguien dejaba en su testamento algunos bienes que sustentaran el mantenimiento de dichas misas. Por tanto, las capellanías eran un conjunto de bienes cuya finalidad era costear misas para la salvación de un difunto. Eran administradas por una persona, generalmente un eclesiástico, que era llamado capellán.
Con este artículo pretendemos dar a conocer las capellanías y cofradías que poseían bienes en Faraján a finales del siglo XVIII; para ello hemos utilizado un documento, datado en 1798 y depositado en el Archivo de la Catedral de Málaga y que recoge una valoración de todas las rentas subsidiales existentes en Faraján y Júzcar. Estas rentas eran un impuesto para atender los gastos de la Corona, para cuyo cobro los monarcas ordenaban unos repartimientos a los obispos y señores jueces subdelegados apostólicos de la Santa Cruzada de la Diócesis y éstos lo transmitían a los párrocos para que así lo cumplieran las cofradías y fieles. Así, todos los eclesiásticos, mayordomos de cofradías y patronos de capellanías, debían presentar una declaración jurada de los bienes que poseían y los réditos que producían las propiedades.1 Gracias a estas declaraciones conocemos la situación de las capellanías y cofradías de Faraján.
Las capellanías de Faraján
A finales del siglo XVIII, en la iglesia parroquial de Faraján eran servideras 5 capellanías, las fundadas por don Alonso Chacón y doña Elvira Cristovalina, don Josef y doña Teresa Ponce, doña Francisca y doña María Espinosa, don Francisco de Cózar y el Licenciado Diego Gil y su hermano Alonso.
La capellanía de don Alonso Chacón y doña Elvira Cristovalina era administrada por don Juan Policronio Chacón, beneficiado de las Iglesias de Júzcar y Faraján. Tenía entre sus bienes una viña de 20 hoces de poda en la diezmería del despoblado de Chúcar, partido del Chopo, que producía al año 300 arrobas de vino, que era transformado en aguardiente y cuyo precio era de 1.880 reales (rs.). Para el mantenimiento de la viña era necesario el emplear 120 peonadas al año que le suponían un total de 840 rs. Tenía de pensiones 9 misas al año, 2 rs. por las visitas de los obispos y pagaba de subsidio2 28 rs. 2 maravedíes (mrs.).
Don Christóval Chacón, vecino de Faraján, era el capellán de la capellanía fundada por don Josef y doña Teresa Ponce. Entre sus fincas se encontraban una mata de castaños situada en la diezmería de Faraján, partido de Bolaye, que se arrendaba todos los años por 110 rs.; otra mata de castaños en dicha diezmería, partido del Cerro que se arrendaba por 20 rs.; un pedazo de viña de 2 hoces de poda en la diezmería de Chúcar que daba al año 50 arrobas de vino y 23 fanegas (fs.) de regadío y secano con algunos olivos y morales en la diezmería del citado despoblado, partido de los Huertezuelos, Chorrillo y Aljarracín, que se arrendaba por 280 rs. El mantenimiento de la viña le suponía 16 peonadas al año con un valor de 112 rs. Tenía de pensiones 7 misas al año por colecturía con un derecho de 10 rs. por cada una, 2 rs. por las visitas de los obispos y de subsidio 16 rs. 18 mrs.
De la capellanía que fundaron doña Francisca y doña María Espinosa era capellán don Juan Josef de Cózar y Chacón, colegial en la Catedral de Málaga. En su ausencia, su padre, Antonio de Cózar, era su administrador. Un molino de pan moler en la diezmería de Faraján, río Genal, que se arrendaba todos los años por 16 fs. de trigo y maíz; un pedazo de tierra de regadío que servía para huerto del molino anterior y una mata de castaños y encinas en la misma diezmería, en el camino que iba a los molinos, que se arrendaba por 110 rs.; eran sus bienes. Pagaba 22 rs. todos los años a los alcaldes de los molinos3 que los jueces de la ciudad de Ronda enviaban. Tenía de pensiones 9 misas, 2 rs. por las visitas de los obispos y 5rs. 8 mrs. de subsidio.
La capellanía fundada por don Francisco de Cózar, vecino de Faraján, era administrada por don Juan Calvente, cura de las iglesias de Júzcar y Faraján. Entre sus bienes tenía una casa horno inhabitable que no rendía nada, algunos morales que rendían al año 15 rs., algunas encinas que daban un beneficio de 27 rs. y un pedazo pequeño de castañal que le aportaba unos ingresos de 30 rs. Tenía de pensiones 8 misas con sus derechos de colecturía y 2 rs. por las visitas de los obispos. Desconocemos cuánto pagaba de subsidio.
Por último, Juan Gil del Río, presbítero y colegial en la Catedral de Málaga, era el capellán de la capellanía fundada por el Licenciado Diego Gil y su hermano Alonso. La tenía arrendada a don Juan Gil Duarte. Sus bienes eran una haza de pan sembrar con algunos olivos en la diezmería del lugar de Atajate, partido de Benajarra, que se arrendaba todos los años por 2 fs. de trigo; una mata de castaños con algunos árboles de llevar bellota en la diezmería de Faraján, partido de la Coronilla, que se arrendaba por 100 rs. y otra mata de castaños en la misma diezmería, camino que va a Júzcar, que se arrendaba por 30 rs. Tenía de pensiones 15 misas al año, 2 rs. por las visitas de los obispos, 4’5 rs. de censo a la Real Población por las matas de castaños y desconocemos cuánto pagaba de subsidio.
Las cofradías de Faraján
De las tres cofradías existentes en Faraján desde al menos mediados del siglo XVII, la de Nuestra Señora, la del Dulce Nombre de Jesús y la del Santísimo Sacramento,4 sólo quedaba en 1798 una, la Cofradía del Santísimo Sacramento. Era por aquellas fechas su mayordomo Bernardo Calvente, vecino de Faraján. Tenía entres sus bienes una haza con olivos y árboles frutales y una suerte de encinas, todo ello en la diezmería de Faraján. Estas propiedades se subastaban y remataban todos los años en el mayor postor en una media de 114 rs. El producto de las citadas fincas, así como las demás limosnas y las alvaquías que pagaban los hermanos, se invertían en cera para alumbrar al Santísimo, renovación de cirios, la misa y procesión anual del Santísimo. Además, debían satisfacer el pago de los 2 rs. por visitas de obispos y el subsidio que ascendía a 1 r. 27 mrs. Si sobraba algún dinero se refundía en misas para los hermanos y bienhechores vivos y difuntos.
NOTAS
1.García Mota, F. y E. Gaucín, pág. 179.
2. Impuesto sobre las rentas o ingresos eclesiásticos.
3. En el Valle del Genal conocíamos la figura del Alcalde del Agua, pero no la del Alcalde de Molinos.
4. Becerra Parra, M. “Los ingresos del cura de Faraján a mediados del S. XVII”. Revista La Serranía nº 22, págs. 22-23.