José Barragán
Gutiérrez (Faraján) - Fotografías de Rogelio Barragán
Publicado en el número 7 de la revista El Genal en diciembre de
2000
Hay un pueblo blanco
y pequeño que duerme en el paisaje del Valle del Genal pero en especial
en el corazón de muchos farajeños que desde muy lejos como
pueda ser: Argentina, Euskadi, E.E.U.U., Valencia, Francia, Madrid, Cataluña,
Marruecos... cada año en sus mentes vive fija esa voluntad de volver
y reencontrarse acudiendo un frío 8 de Diciembre a gritarle: «viva
la Inmaculada Concepción» o «Guapa, guapa, guapa...!»
a su Patrona.
Una devoción
arraigada profundamente en este pueblo ya que en las primeras Ordenanzas
Municipales de 1816, tras conseguir el Título de Villa en 1814 del
rey Fernando VII, se insta al vecindario a celebrar públicamente
y dar testimonio de su fe, en la Inmaculada (Archivo Municipal de Faraján).
Dogma no definido hasta el año 1854 por el Papa Pío IX por
la fe y locura de muchos creyentes y devotos como los farajeños.
Pocos recuerdos
nos quedan de aquellas procesiones de hace 180 años, pero sí
algunas del comienzo de este siglo gracias a las vivencias de muchos farajeños
ya mayores entre ellos: Florencio Sierra y su esposa Barbarita La Cecilia
que me comentan:
-Atrás queda
«el Candela» con su acordeón detrás de la Virgen
o la orquesta llamada a nivel popular de «Pocapringe- pelajopos-
leveque y pinchete» que iban tocando tras la procesión, y
casa por casa de los mayordomos, en donde se les obsequiaba con una copita
o trinque de aguardiente durante cada uno de los tres días que duraban
las fiestas, días en los que solía salir tres veces la procesión
de la Inmaculada y servían al mismo tiempo de descando de las labores
agrícolas.
Las fiestas eran
costeadas por los mayordomos que tenían que darle de comer, aposento
a los músicos, así como pedirle dinero a los vecinos del
pueblo para ayudar a sufragar los gastos de dicha fiesta... Entre los mayordomos
fijos y cuya tradición y fervor se transmitieron de padres a hijos
son de mencionar: Joseíto el de Pilar, Juan de Ana, Ramón
Sierra, Fam. Cecilia Molina, Antonio de Paz, J. de Domingo, Fam. Concepción
Ruíz...
También solía
haber un baile en la Plaza del pueblo lloviendo a cántaros o sin
llover con frío, a donde acudían en especial las parejas
de matrimonios; posteriormente estos bailes se celebraron dadas las inclemencias
del tiempo en los salones del Grupo Escolar.
-¡Qué
Vivas más graciosos le has echado!- Le dicen a Ramon Sierra, ejemplo
de portador de esa fe de antaño y que no hay año que no le
grite con fuerza varias veces: ¡¡Guapa, guapa, guapa!! a la
Inmaculada que sigue el mismo recorrido que antiguamente y que hoy es acompañada
por los acordes sacros de la Banda Municipal de Faraján.
El trono es portado
por muchachos que como desde antiguo, días antes amarran sus pañuelos
a los varales del mismo, así como los trabajos de montado/desmontado
que año tras año es realizado por la silenciosa y callada
labor de Juan Delgado y su esposa María Cañestro, encargada
de adornar el trono con las flores que los devotos aportan.
-Le viene mamao
de su padre y abuelos -me comenta Barbarita que año tras año
levanta la persiana de su puerta y abre las puertas para que la Inmaculada
a su paso la bendiga-.
-Hablar de la Inmacu-lada,
Pepe, es todo para mí; porque es expresar nuestras tradiciones,
vivencias, cultura, devoción y fe. Sería como mostrar ese
«algo divino que quiere hacerse humano» y que todos llevamos
dentro.
La primitiva imagen
era más guapa que ésta. -me comenta Barbarita- y que fue
destrozada en la Guerra Civil. La actual, posterior a la contienda, fue
costeada por la familia de Isabel Castaño, es de escayola y representa
una imagen de mujer joven sobre una base de nubes con un querubín
que sostiene un ramo artificial de tres azucenas. Es una imagen de la escuela
catalana de imaginería de Olot, las manos juntas sobre el pecho
a diferencia de la Escuela Andaluza de palmas juntas. No tiene a sus pies,
la tradicional media luna ni cabeza de serpiente, sí una mirada
baja como en diálogo con el creyente. Túnica beig con manto
azul cubre su cuerpo. No conserva la policromía original, presentando
actualmente un repintado bastante cargado.
Entre las coplillas
o versos que se le recitaban a la Inmaculada a lo largo de su recorrido
procesional durante sus fiestas, la abuela María Rojas Ruíz,
recuerda:
«Dios te salve Inmaculada
candor de luz eterna
espejo claro y sin mancha
de la Majestad Suprema.
Eres bonita y chiquitita
eres como yo te quiero,
eres como esa candelita
de noches frías
de Enero.
Piedrecita de tu calle
yo quisiera ser
para que tú me
pisaras
y yo besarte los pies.
Aunque empedraran el cielo
con finas púas
de acero,
lo pasaría de
rodillas
por verte bello lucero.
En tus pies, Inmaculada
he de poner un letrero
con seis palabras que
digan:
por aquí se sube
al Cielo.
Eres mi amor y consuelo,
mi esperanza y mi alegría
¿Quién
se halla triste en el mundo
y no acude a Ti María?
¿Quién
al fijarse en tus ojos
y ver tu cara bendita
no se queda embelesado
y halla la suprema dicha?
¡Oh Madre, cuánto
te quiero
oh madre, cuánto
te amo
hasta soñando
contigo
mil y mil veces te llamo!»
A pesar de la despo-blación
tan brutal que tuvieron estos pueblos de la Serranía de Ronda en
los años 60 al perder casi el 60% de su población, aún
se celebra con menos gente por supuesto pero con la misma o más
devoción y solemnidad estas fiestas tan arraigadas en el corazón
de este benjamín malagueño llamado Faraján.
Y como final de
la procesión, al igual que siempre, el pueblo reunido en la Iglesia
canta como despedida su himno a la Patrona:
«Viva la Virgen
nuestra Patrona
que en nuestro pueblo
tiene su altar
y reine siempre triunfante
en Cristo
en nuestro pueblo de
Faraján.
Siempre seremos tus fieles
hijos
nuestra abogada siempre
serás
y con tu ayuda perpetua
siempre
derrotaremos a Satanás».