José Barragán
Gutiérrez, 13 de junio de 2000
Publicado en el número 3 de la revista El Genal en julio de
2000
Dicen... que una flor cautiva,
es siempre la rosa más querida y también dicen que detrás
de flor cautiva siempre hay un misterio, la posibilidad de milagro o una
fuerza oculta y poderosa...
El Valle del Genal, se está
convirtiendo a pasos agigantados en la joven malagueña «Flor
Cautiva»; pues parece que un algo profundo se está fraguando
en una por ejemplo inmanente atracción turística con forma
y contenido que inconscientemente parece quiere irrumpir en la conciencia
del hombre de la Ciudad.
¿Podemos controlar y racionalizar
esa atracción? ¿Es conveniente y adecuado?
A pesar de las múltiples,
variadas y manifiestas ventajas de vivir en las Ciudades, por desgracia
éstas, se han vuelto demasiado agresivas: Superpoblación,
atascos, caravanas, inhóspitas, violencia, paro, agresividad, estrés,
ritmo de vida acelerado, competitividad... y por qué no... muchas
horas también encerrados en la soledad de cuatro paredes en la que
tu tiempo de ocio está supeditado a un espacio reducido, preocupaciones
domésticas o familiares y una manipulada programación televisiva.
Y es entonces al parecer cuando surge
de forma inconsciente, la irresistible atracción y necesidad biopsíquica
de escapar y salir a extender tus brazos al espacio, a la naturaleza salvaje,
a contemplar el titilar de las estrellas, al silencio y descanso, al aire
no contaminado, a la acampada, a la evasión y prioritariamente al
encuentro con Nosotros Mismos...
Este Valle del Genal está
situado entre el Parque de los Alcornocales y el Parque Sierra de las Nieves,
haciendo como de puente o nexo entre una Ciudad que te aplasta/agobia y
unos pueblecitos que te acogen, cuidan con hospitalidad y ofreciéndote
la oportunidad de pasar en ellos, días de evasión en un arrancarte
y escapar de las garras de la Capital y trasplantarte a senderos de alcornoques,
encinas y castaños; de sacarte de la programación y clonismo
metropolitanos y llevarte al camino de lo pequeño, lo individual,
lo diferente... un sendero que descubres y se desvela paso a paso por entre
jaras, tomillos, aulagas, juagarzos y cristalinas aguas de un valle y un
río: El Genal.
El Valle del Genal es oportunidad
de unión de esas dos fuerzas opuestas y mundos antagónicos:
el de una ciudad y el de los pequeños pueblos olvidados, enclavados,
perdidos... en la Serranía de Ronda sobre desfiladeros calizos y
verdes valles intramontanos.
Vivir en ellos un fin de semana/puente
de turismo rural, es restablecer muchas veces ese equilibrio psicofísico
roto, satisfacer esa necesidad que grita desde el fondo de tu interior
de búsqueda de paz, silencio, sosiego y quietud con la Naturaleza,
es también cálida invitación a abandonar por breves
días ese hombre máquina de pensamiento no cibernético
en que la sociedad moderna nos ha transformado; ese hombre que presume
de corbata, símbolo sin duda de separación entre la función
racional y nuestros más humanos sentimientos... Es en definitiva
la opción de vivir el apacible ritmo de tu vida y no la alta velocidad
a que se nos somete.
Unos días en pueblecitos
de la montaña prepara ese encuentro del ser humano con lo que profundamente
sustenta nuestra EXISTENCIA, en un Valle de aguas claras y chinitas blancas,
encinas que lloran, castaños de hojas amarillas en un constante
olor a romero y olor a pino y de casas de rojos tejados vestidas de cal
inmaculada.
De vez en cuando somos especie
de un sondeo sociológico y periodístico, suenan campanas
pantaneras: Que van a construir una presa, varios embalses, que se va a
generar dinero, euros, empleos... parcheo de carreteras, huecas promesas,
hacer la cama, presupuestos engrosados, vacíos proyectos... “hacer
la cama” le llaman aquí; aumentar en definitiva las desigualdades
económicas y sociales y por supuesto... ¡sugestiva comedura
de coco! y... sobretodo básica falta de respeto a la diferencia,
lo auténtico, lo incontaminado...
Recuerdo de mis años de
estudiante, que “Respetar” era permitir que un ser humano piense, sienta
y actúe de forma diferente a nosotros y aceptar el sufrimiento que
ello conlleve. Respetar el Valle del Genal, es permitir que la diferencia
de sus paisajes, sus verdes valles, azules cielos, su vegetación,
especies, sus dorados horizontes y atardeceres... ÚNICOS Y AUTÉNTICOS,
sean la primera Razón de su Ser y Existir.
Dice Joseph Campbell: “Callar
cuando se debe hablar hace de los hombres cobardes”. Es cierto, que ese
hablar debe ir precedido de pulida y arropada sinceridad, porque es mucho
lo que está en juego y en especial cuando ese “mucho” es algo que
se le dice “adiós para siempre”; un adiós o daño ecológico
irreparable y que inconscientemente germinará sentimientos de rechazo,
repulsa y negación colectiva incontrolable o impredecible.
Y sin duda y como siempre... pasarán
“bandeja” y tendrá que pagar un precio. Primero suelen darnos
la de “cal” y luego la de “arena”. Se hace imprescindible y vital tener
ideas muy claras por parte de la Capital (Málaga), Cabecera de Comarca
(Ronda) y fundamentalmente los pueblos y sus representantes o alcaldes.
Es de armonía, congruencia y coherencia, un plebiscito o referéndum
público, la moneda de más honestidad y justicia, si se diera
luz verde a la aprobación de construcción de las presas.
Hoy, el pulmón de Málaga,
se llama Valle del Genal, donde quedan y viven personas de significativa
conciencia ecológica, antes a tener en cuenta... La Voz del “Valle
del Genal” debe ser oída, si no... sabemos lo que nos espera: ser
“saharauis” de una tierra, un hogar, unos árboles, unas vidas, unas
estrellas... perdidos; realidad un ayer y hoy para tal vez mañana
ser un alma soñada.
Queda la esperanza en este Valle
del Genal, “La Flor Cautiva de Málaga” de “la habilidad de
saber pactar”. Los nuevos dirigentes políticos a nivel local, provincial,
autonómico, nacional... han demostrado/demuestran que saben hacerlo
(respetar). Los habitantes del Genal esperan no se rompa este “Espacio
de Equilibrio”, de un valioso destino ecológico y un potencial turístico
que deben ser escuchados, fuera de “aparentes modales y halagos convenientes”
ya con frecuencia oídos.
Es hora de la palabra, el diálogo,
la tolerancia, la reflexión profunda, la comprensión, el
respeto... y de la negociación. Atrás queden las tristes
horas de pasada historia de opresión, fuerza, chantaje vulgar, violencia,
promesas de baja calidad, augurios pasajeros... sucedidos por desgracia
en otros lares.
Sería desolador, decepcionante
y muy triste asistir un día muy encorbatados y enmarcados a ver
cómo se alza un hisopo y escuchamos con cierta solemnidad: “...Por
la gracia de Dios queda inaugurado este pantano”.
Y como síntesis o reflexión
final deberíamos meditar que ya que no hubo un tiempo en que la
identidad del Valle del Genal no fuera, apostemos con nuestro esfuerzo
para que no pueda haber un tiempo en que cese de ser. Debemos hacernos
merecedores de que la vida nos enseñe sus múltiples preocupaciones,
desafíos, dificultades... y nuestra libertad debe intentar y luchar
por decidir el mejor medio, lugar, condiciones... que enriquezcan nuestro
aprendizaje natural y espontáneo para el logro de una autorrealización
y sabiduría de la experiencia de nuestra existencia y no como desgracia
tantas veces pasamos nuestra vida encadenados por símbolos, abstracciones,
prejuicios, conceptos, egoísmos, superficialidad... que suelen destruir
la espontaneidad, frescura y naturalidad de la personalidad humana.
El VALLE del GENAL, es como el viento
que no teme a los dardos que puedan atravesarlo porque en “ÉL” hasta
ahora sólo existe el milagro de no morir.