50 Rutas por la Serranía
de Ronda. Editorial Clave. Varios Autores. CEDER Serranía de
Ronda, 1995
Publicado en el número 3 de la revista El Genal en julio de
2000 Nota: Los Riscos de
Cartajima son propiedad privada, por lo que se recomienda
solicitar permiso al propietario antes de realizar la ruta. Distancia: 5
km
Tiempo medio: unas 3 horas
Modalidad: a pie
Desnivel: 600 m
Dificultad: media porque el terreno
es pedregoso
Cartografía: 1/50.000 nº1064
y 1065
Vegetación: acebuches, esparragueras,
aulagas, tomillos
Fauna: águila perdicera, roquero
solitario, collalba negra
Particularidades: un torcal de impresionante
belleza. Es aconsejable guía
A 500 m de Cartajima en dirección
a Júzcar discurre una alambrada paralela a la margen de la carretera,
en cuyas primeras curvas existe una rotura que sirve de acceso al sendero
que sube en dirección hacia nuestro destino. Del lado izquierdo
de esta breve senda, camino de paso del ganado en busca de pastos, queda
la vieja carretera de El Charcón. Continuamos ascendiendo por entre
olorosos cetros de tomillo y matagallo. Esta última planta se utilizaba
hace años para elaborar un ungüento que aliviaba los dolores
agudos.
Un poco más y alcanzaremos
las primeras rocas portentosas de Los Riscos. Se denomina así a
una zona rocosa de origen cárstico con 2 km de longitud de este
a oeste y uno de norte a sur. Es un conjunto casi hermético que
resulta laberíntico aunque sus proporciones, no demasiados grandes,
permiten al visitante orientarse con comodidad. A pesar de ello, sus pasadizos
y depresiones cerradas provocan en el visitante cierta sensación
de aventura.
En el primer frontal rocoso de
dimensiones considerables con el que tropezamos, se forma una oquedad nada
profunda, llamada Cueva Carrión. Bordeando y bajando de este a oeste
las espaldas de este hueco, accedemos a una plataforma conocida como Tajo
del Fraile. Callejones intrincados a base de bloques calizos de extrañas
formas obstaculizan continuamente nuestro paso. Avanzamos por la denominada
Cañada del Fraile, que se asemeja a un gran anfiteatro de piedras,
un semicírculo con sólido respaldo rocoso y gradas en desnivel,
simétricas y regulares.
Continuamos caminando por un sendero
entre rocas y matorrales, único paso posible entre el escarpado
paisaje, hasta llegar a un segundo rellano. Truncadas pirámides
y de cataratas pétreas nos rodean por todas partes. Las rocas parecen
tomar vida, se alzan redondas asemejando, a pesar de su desnudez, objetos
y seres animados. A nuestra espalda, el Almola se dibuja sereno e impetuoso
en un fondo añil y blanco.
Se oye el piar de los estorninos,
los jilgueros y las lavanderas blancas. Las alas anchas de las águilas
planean escrutando el terreno sobre nuestras cabezas. Hacia la izquierda,
caminando por senderos de ganado giramos en semicírculo cóncavo
hasta descender a la carretera que se encuentra a 2 km pendiente abajo.