José Miguel del Río
Díaz Fuente:
Estudio
Monográfico de población del Genal y su comarca. Realizado
por José Miguel del Río Díaz y cedido a esta revista
en parte para su publicación.
Publicado en el número 2 de la revista El Genal en junio de
2000
Evolución
Natural de la Población
Capítulo
1 Queremos
a modo introductorio anticipar que en estos meses irán apareciendo
sucesivos estudios demográficos de los pueblos que conforman nuestra
comarca del Genal y con ello, por extensión de la revista «El
Genal», recientemente aparecida por estos lares.
Centrémonos
en nuestro objetivo: para este número queremos hacer una reseña
sobre lo que ha sido la evolución y dinámica demográfica
de este pueblo en el último siglo. Para ello tomaremos los datos
estadísticos aparecidos en el Estudio General Poblacional realizado
por el Ayuntamiento de Málaga, con motivo de la actualización
censal de todos y cada uno de los municipios malagueños.
En
Cartajima se nos presenta una evolución inequívoca, ya que
a lo largo del siglo XX, el municipio no ha dejado de perder efectivos
poblacionales. Ello es consecuencia de su marginal emplazamiento geográfico,
dentro de un área con altos grados de ruralización y expuesta
desde 1.950 y particularmente tras la Guerra Civil a una situación
de declive demográfico que no se invierte en grado alguno. Además,
en años recientes, de finales de siglo, las expectativas económicas
han ido empobreciéndose y con ello se ha obligado a la emigración
y salida del municipio de los efectivos más jóvenes, con
lo que ello supone en las tasas de natalidad presente.
Si
atendemos a una contabilización de estas pérdidas poblacionales
tenemos que se han perdido 498 habitantes a lo largo de todo el siglo,
lo cual teniendo en cuanta la dimensión poblacional del pueblo,
supone una cantidad muy importante de población. Estas pérdidas
se han producido a lo largo de tres etapas durante la centuria:
1ª Etapa, 1900-1930: Cartajima parte de 987 habitantes en 1900 y va a sufrir
una pérdida moderada en esta primera etapa, sobre todo hasta 1920,
año en el que apenas había disminuido la población
con respecto a 1900. Sin embargo la última década de esta
etapa nos presenta un declive de 159 habitantes, lo que supone ya un 21´7%
de su población.
Un
análisis socioeconómico e histórico nos presenta
una etapa muy complicada para el municipio. Los aconteceres de fin de siglo:
crisis agrícola, pérdida colonial, declive económico...
van a tener su incidencia incluso sobre un área tan apartada como
el Valle del Genal. Cartajima presenta aún en 1900, una tasa de
natalidad muy alta: 3´7%, al igual que sus tasas de mortalidad: 2´35%.
La natalidad propia de un medio rural, aún se mantiene sin
control, más cuando debemos de considerar el atraso de nuestro país
en la realización de su transición demográfica. España
no comienza a avanzar demográficamente hasta 1900, y estas tendencias
tardarán en llegar a un ámbito tan rural y «escondido»
como Cartajima y su comarca.
Por
otro lado, la mortalidad va a tardar aún en descender, ya que en
áreas rurales era más difícil avanzar contra las enfermedades
infecciosas, imponer y concienciar de unas condiciones higiénicas-
sanitarias correctas, atender adecuadamente a las mujeres en el momento
del parto...
Con
ello tenemos un crecimiento vegetativo que sólo resulta positivo
en la primera década de siglo: 0´13% anual. Este crecimiento
forma tintes de preocupación en las dos décadas siguientes.
En ellas se refleja la incidencia de la epidemia de gripe de 1917, que
sin duda causaría estragos en la población. En la década
del 20, tenemos que señalar finalmente una pérdida de 166
personas para el municipio, que sólo podemos explicar por su avanzado
proceso de emigración auspiciada por un cúmulo de malas cosechas
agrícolas para el pueblo.
2ª Etapa, 1930-1950: Este segundo intervalo se inicia con un anormal saldo
demográfico positivo, refrendado por un crecimiento vegetativo igualmente
positivo: Cartajima gana un total de 29 habitantes. Explicaciones a estos
valores numéricos pueden ser una vuelta de parte del contingente
poblacional emigrado anteriormente, así como unas mejores condiciones
agrarias y en el fuerte desarrollo natalista de la década: 21´55%.
La prosperidad de nuestro pueblo parece un hecho con un crecimiento vegetativo
nuevamente positivo: 0´13%. Recuérdese la importancia que
tienen estas cifras en un intervalo donde se tienen que compensar las pérdida,
o más bien hacer frente a los desastres que tuvo para el municipio
la Guerra Civil. Este episodio bélico si se deja sentir en la década
postbélica donde Cartajima presenta un crecimiento vegetativo casi
nulo: 0,05%, con caídas de la tasa de natalidad hasta un 2%. El
saldo migratorio anteriormente ganado (29 habitantes), acaba igualmente
por perderse: 21 habitantes.
3ª
Etapa, 1950-1981: Cartajima en estas décadas va saliendo poco a
poco de la fase demográfica postbélica y tras los años
40, marcados por la penuria y autarquía económica, se inician
unos fuertes movimientos migratorios, en consonancia con lo que ocurre
en los años 60 en el resto de nuestro país. Llegan a emigrar
un 33% (1/3) del total de la población activa del pueblo, si bien
hay que aclarar que esta emigración es mayoritariamente masculina
con destinos predominantes hacia Francia y Alemania.
Las
tasas de natalidad y mortalidad en este periodo sufren caídas considerables,
presentando un crecimiento vegetativo nulo o negativo: 0´03%; - 0,20%.
Las salidas de unos habitantes en edad fecunda: matrimonios jóvenes
y solteros idénticamente jóvenes causantes por tanto de la
caída en las tasas de natalidad; 0´4 % en el cómputo
de las tres décadas.
Junto
a los destinos internacionales, nos encontramos con Madrid y Barcelona,
destinos nacionales y tampoco desdeñables. Muchos de los habitantes
inician la aventura migratoria con el apoyo de antiguos familiares ya avanzados
y asentados en los lugares de destino ya comentados.
Sin
embargo, estas tendencias migratorias se invierten desde 1970, con el retorno
de una buena parte de los emigrantes que optan por el matrimonio y con
ello la permanencia en el pueblo, donde subsisten en las actividades agrarias
y de construcción, un potencial laboral muy importante para el pueblo.
Serán en general los peor preparados a nivel laboral y los que con
su bajo nivel cultural plantean problemas de adaptación en los lugares
de trabajo hacia donde emigraron. En buena parte, la crisis del 73 y sus
efectos impone su regreso, mientras que tampoco podemos olvidar aquí
las razones de sentimentalismo, ya que otros volverán al pueblo
en busca del cuidado de sus padres: mujeres dedicadas a ese directo cuidado
y los hombres que asumen la explotación y titularidades agrarias
de sus padres a la muerte de ellos (fincas de castaños, algún
cortijo cerealícola y olivares).
Tenemos
que señalar igualmente que es en esos años 70 cuando merced
a la vuelta de los emigrados ya comentados se produce un disparo ascensional
de las tasas de natalidad, viviéndose el «baby-boom»
local. (Tasas del 4´3%).
4ª
Etapa, 1981-2000: Analizamos con estos años la etapa de fin de siglo
marcada por una seña de identidad clara: el envejecimiento progresivo
y acusado de la población. Las tasas de mortalidad experimentan
un repunte 8´3% merced a este fenómeno.
La
vuelta de otra parte de los emigrados se hace ya en calidad de jubilado,
buscando el sosiego de unos últimos años de tranquilidad
en la vida. La natalidad parte de tasas muy altas, con los últimos
efectos de ese «baby-boom» tardío-local: índices
del 5,5% en el quinquenio 1981-85, descendiendo rápidamente a partir
de este momento. Se quiere ver en ello la producción fecunda de
unos hijos de los emigrados jubilados que llagan al pueblo con edades de
alta fecundidad y conforman los matrimonios de la época.
No
obstante, el crecimiento se hace casi nulo al final de la década
de los 80, e incluso negativo en la actualidad. En el año 1996 aunque
se experimenta un alza en el total poblacional, ésta va a quedar
compensada por la mayor mortalidad de ancianos y por la emigración
de los primeros estudiantes universitarios de la localidad: «huida
de cerebros».