José Miguel del Río
Díaz
Publicado en el número 1 de la revista El Genal en abril de
2000
Nos
encontramos en la gustosa compañía de Don Francisco Montesinos
González, vecino residente de Cartajima, y actual Hermano Mayor
de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, con sede en la
parroquia de Ntra. Sra. del Rosario de la misma localidad. Con él,
al que hemos abordado y sorprendido en pleno domicilio familiar, pretendemos
desentrañar algunos de los caracteres propios de la Semana Santa
cartajimeña, y sobre todo rendir un homenaje a Francisco que está
en un momento culmen de su evolución como Hermano Mayor ya que ha
declinado en los últimos años en los quehaceres de su puesto
debido a que la incapacidad física le sometía a esfuerzos
que ya no podía soportar, según su opinión. En este
sentido, y como él mismo nos deja claro más adelante, su
mayor ilusión sería la de ver en su puesto a alguien que
consiga perpetuar todas las tradiciones que existen con motivo de esta
semana y que consiga hacerse respetar por todos.
Sosegado
y tranquilo, una vez concluidas las pertinentes formalidades que con Francisco
son de un rigor inexcusable, procedemos, en compañía de su
mujer, con la realización de la entrevista.
-Francisco, en primer lugar me va a disculpar la indiscreción: ¿Qué
edad tiene y desde qué año ejerce como Hermano Mayor?
-Tengo 77 años, y llevo trece años como Hermano Mayor. Yo
empecé en el año 1.987, cuando tenía 64 años
de edad.
-Y en estos años, de sus recuerdos, ¿cuál es su mejor
momento en el tiempo que lleva, y si no su peor, el menos bueno?
-El mejor fue cuando llegué al cargo y me encontré que con
el descontrol de la Hermandad y la desorganización existente. Yo
fui capaz de organizar todo aquello para que no se perdiese. Don Gonzalo
me pidió entonces y ante el estado existente en la Hermandad, “Francisco,
tú tienes que tomar el mando de esto porque si no se pierde”. –Comentó
Francisco, igualmente ilusionado y emocionado como también él
fue otro exponente importante de las recientes restauraciones realizadas
a las dos imágenes de la Hermandad: Padre Jesús y La Virgen
de los Dolores.
«Los
dos se restauraron porque yo y otros pusieron su empeño»,
nos dice. «Estaban hechos polvo y se buscó varias posibilidades
para intentar no trasladar las imágenes. Se consiguió y allí
estuve yo mientras el restaurador hacía su trabajo: 84 horas en
la Virgen y con un valor de 167.000 ptas. Padre Jesús, que estaba
todo “hecho polvo” necesitó de 220.941 ptas».
Francisco
nos muestra un compendio de cuadernos en los que va anotando todas las
cuentas de la Hermandad, puesto que también es secretario de la
misma.
«Peor
momento en sí no ha habido, sólo cosillas que duelen emocionalmente».
-Francisco, ¿qué nota se otorgaría a sí mismo
durante este tiempo de “director”? Y al tiempo, con ello ha cumplido con
ilusión, pero ¿y sus objetivos?
-
No tuve nunca ilusión de ser Hermano Mayor, sino que antes de perderse
una cosa tan antigua la cogí. Esta es la Hermandad más antigua
de Andalucía. Tiene siglos, yo la conocí siempre y por aquí
pasaron mi abuelo, mi padre... Pasa que los papeles se quemaron en la guerra;
sólo se pudo salvar el cetro y el estandarte. Por otra parte el
objetivo era que no se perdiera y ahí está.
-Francisco, ¿Por qué otorgar el mando de la Hermandad a personas
tan jóvenes para su futuro?
-El Hermano Mayor ha sido siempre escogido por la Hermandad. Yo he conocido
a tres Hermanos Mayores; a uno lo
echaron,
Bartolomé Martín Cañestro, que está enterrado
aquí. Era de mi propia familia, su mujer era mi tía. Otro,
llamado Miguel Gutiérrez, ejercía antes de la guerra; después
dejó el cargo por política, fue el alcalde del pueblo. En
su tiempo dos hermanos necesitados fueron ayudados por la Hermandad. Con
el último, José Benítez Ponce, en 1.937-85 se redactan
los Estatutos, en los que cada hermano tenía sus derechos. José
cumplía, enterraba a todos los hermanos y tampoco tuvo problemas
graves en su tiempo. Juan Benítez Calvente, parece que es responsable,
y que no importa que sea joven. Él será el próximo,
aunque tiene que no emborracharse porque yo ya le he dicho que tiene que
estar en su puesto.
-La actual Semana Santa es muy distinta a la existente a mediados y principios
de siglo. ¿Podría contarme las principales costumbres ya
perdidas hoy o que han quedado transformadas? -Antes había dos Hermandades, una la del Santísimo, que se
unirá a la nuestra por falta de hermanos. Tenía como símbolo
un pañuelo blanco con tres letras: I.H.J. (Impotentes Hermanos de
Jesús). Esto era antes de la guerra; las túnicas de Padre
Jesús eran moradas y se le ceñirá ese pañuelo
en la cintura; después se perdieron las túnicas, desde el
36 , año en el que no salió el Santo Entierro por lluvias
pero el resto sí. Otra costumbre perdida era el “Lavatorio de pies”:
doce hombres-hermanos se lavaban los pies a las cinco de la tarde. Vestían
con túnica y música no existía, salvo una trompeta
que tocaba mi padre.
«Las
procesiones empezaban el Jueves Santo. Anocheciendo, Padre Jesús
salía preso con túnica morada y corona de espinas.
En
la madrugada, a las 4 ó 5 salía con la cruz a cuestas. Salía
siempre acompañado de la Virgen. Luego, el viernes, salía
la Hermandad del Santísimo, con el Sto. Entierro, hasta que se fundieron
(las Hermandades) antes de la guerra, a principios de siglo. Esta tenía
una cosa curiosa: cuando bajaban hacia el calvario, al salir la procesión,
se gritaba «Capillos a la casa, colas arrastrando». Se respetaba
el silencio, no se fumaba como hoy, que todo el mundo va hablando».
«El
viernes, por la madrugada, se hacía el “Sermón de las 7 palabras”.
En éste, un hombre decía el “Pregón de Pilatos” y
la Voz del Ángel” por una mujer. Los hermanos hacían “guardias”
ante Padre Jesús cada dos horas; se sustituían antes de las
dos horas porque había muchos hermanos».
«El
sábado -según recuerdos de su padre-, no había nada.
La misa de resurrección, era a las 10h. de la mañana. Cuando
los mozos, los primeros, llegaban con los primeros ramos. Antes había
salido la Soledad, la noche del viernes, una procesión de mujeres.
El sábado por la noche se hacía el Huerto y el Judas por
los hermanos y los jóvenes del pueblo».
«El
domingo, sobre las 11-12h. salían 13 hermanos vestidos de nazarenos,
12 más el Hermano Mayor. Con la túnica morada y con guantes
blancos. Desde la Iglesia, llegaban corriendo al huerto, a donde estaba
el Niño, se clavaban de rodillas ante él.
Terminada
la ceremonia se quedaban 4 con el Niño y el resto corría
ante la Virgen. Se clavaban de rodillas al llegar a la Virgen y pasaban
cuatro a la Virgen. Todo esto salía en silencio, sin repique de
campanas ni nada. Llegaban con la Virgen al Huerto-Calle Ancha. Paraban
la Virgen. Los cinco hermanos que quedaban corrían hacia el Niño
y se clavaban de rodillas; con las mismas, volvían a la Virgen y
se reclinaban nuevamente. Esta ceremonia quería decir que los hermanos
se habían enterado de que Dios ha resucitado. Entonces comenzaban
las cortesías. Todo en silencio, se clavaban como ahora, tres veces
antes de juntarse, apartándose los cinco para salir corriendo en
el tramo final. Entran en un abrazo. Pasa el Niño delante y la Virgen
detrás quemando al judas. Después del encuentro rompían
las campanas y los cohetes.
-La guerra, ¿qué fue para el pueblo y para las imágenes? Francisco,
a pesar de lo complicado y escabroso del tema, parece no cortarse:
-A los santos los quemaron. El resucitado lo arrojaron de la torre. Se salvaron
los registros parroquiales. Las imágenes se escondieron por dos
veces y en la 2ª vez no pudieron ser liberados. Todos los santos se
“refunden” de nuevo después. Se utilizaron las fotografías
de personas del pueblo como Eugenia. La Virgen de los Dolores es hoy más
guapa. El Padre Jesús era con Cruz más grande. Era más
hombre. De todas formas, es un período del que se sabe todo pero
que no se puede contar.
-¿Cómo ve Vd. El futuro inmediato de esta Semana Santa, y
del propio pueblo?
-Cuando yo falte, no sé qué pasará, ojalá no
se vaya al traste. Cuando muere un hermano y toda la Hermandad le acompaña
con la cera encendida. Me dijeron gente de fuera que por favor no perdiéramos
esa costumbre tan bonita. Del pueblo no se puede decir que se perderá,
pero no va bien. Nadie sabe de los salientes y entrantes todas las costumbres
de esta Hermandad. Dios
quiera que se conserve.
-
Al ser un Hermano Mayor atípico, puesto que organiza todos y cada
uno de los desfiles procesionales, ¿cuál es el día
y la imagen que más le gusta de la Semana Santa? -Me gustan todas. Unas son de penitencia y otras son de alegría.
Pero yo soy un devoto del Niño, lo restauraron y me “harté”
llorar. A mi me gusta, disfruto más ahora que en la fiesta el Rosario.
Aunque yo prefería que se utilizaran las túnicas como antes
y las costumbres de antes.
-Hemos vivido recientemente la muerte de varios Hermanos importantes ¿Será
una Semana Santa en la que habrá huecos que no se podrá rellenar
jamás, no es verdad Francisco?
Francisco
nos muestra un cuaderno muy curioso con todas las muertes acaecidas desde
que es Hermano Mayor; nos dice:
«El
primero en fallecer fue Juan Román Ortíz el 18 de agosto de 88, y como
éste nos aparecen hasta 40 hermanos desde 1987», entre ellos
el padre del que suscribe esta entrevista, que es objeto de comentarios
imposibles de reproducir ante la emoción de la conversación.
También se recuerdan a personas que nos dejaron recientemente y
a otros como Ana Fernández González o Francisco Montesinos
Lagos.
Finalmente
le preguntamos a Francisco por una “gamberrada” que en ocasiones se lleva
a cabo en el pueblo: el rapto del Niño, la noche del sábado
al domingo.
-¿Cómo lleva usted las pérdidas del Niño?
-Eso es algo de juventud, que no está bien. No pasándole nada
está bien pero algún día ocurrirá algo.
Así,
preferimos dejar a Francisco, no sin antes extremarles nuestro agradecimiento
más sincero para con esta revista que hoy recién, ve la luz
en la Comarca del Genal. Gracias a Francisco y a todos los que han hecho
posible y colaborado en este proyecto para el cual desde hoy dedico toda
mi profesionalidad.