Publicado en el número 23 de la revista La Serranía
En muchas casas de Jubrique y sobre todo de Genalguacil, se le echa de menos. La vida de muchas familias ha estado vinculada a él, porque él ha ayudado a facilitar las compras.
Éste es el Ditero, Francisco Fernández Piña. Y para quien no conozca este oficio, el de ditero, que ya prácticamente no existe, es el de comerciante que iba de casa en casa vendiendo por encargo. Luego pasaba otro día y los iba entregando. Pero lo más destacado de este oficio es que además del trabajo de ir de casa en casa, dejaba los artículos para que las clientas se lo pagasen poco a poco.
Paco ha vivido la mayor parte de su vida en Benarrabá (de donde era su esposa), pero nació y vivió hasta los veinticinco años en Benaoján, en donde sigue estando parte de su familia.
Cuando llegó a Benarrabá se alojó en la Pensión de la Casa. Por aquellos días fue cuando nació Charo, la hija de los propietarios.
Pensó en ir a Genalguacil a vender. Tenía que hacerlo en bestias o andando porque carretera para Jubrique había, pero para Genalguacil no.
La primera vez que fue a Jubrique se le dio fatal. Salió del pueblo sin vender nada y estuvo tres meses después sin ir. Hasta que Manuel Liñán, un practicante, lo llevó y le ayudó a hacer la clientela (aunque este hombre luego no se portase demasiado bien con el pueblo).
El trabajo lo organizaba del siguiente modo: iba un primer día por todas las casas del pueblo (Genalguacil y un poco de Jubrique y Algatocín) haciendo las notas de los encargos. Cuando ya tenía todos los encargos hechos, se iba a Ronda a hacer las compras. Por eso lo conocen todos los comerciantes de Ronda. Cuando ya tenía todo comprado, de nuevo empezaba a ir de casa en casa haciendo la entrega y cobrando parte de lo entregado.
Paco afirma que Benarrabá, Jubrique o Algatocín no se les han dado tan bien, pero que en Genalguacil ha ganado mucho dinero, ha tenido muchos clientes, ha vendido siempre a plazos y no ha engañado a nadie.
Los artículos que ha vendido han sido sobre todo de mercería, ropa y, ya por último, electrodomésticos y muebles.
Paco, de algún modo, ha intervenido en el desarrollo, ofreciendo la posibilidad de que entren en el pueblo una serie de artículos que han facilitado la vida, sobre todo de la mujer.
Por el año 1969 se compró su primer coche y para él ya el trabajo era como un “paseíllo”.
Hoy tiene Paco 76 años y está viudo. Sigue viviendo en el pueblo de su esposa, Benarrabá. Hace memoria de todos sus años de trabajo y dice que: “sin engañar a nadie he ganado mucho dinero y he ayudado a muchas personas”.
Después de toda una vida de esfuerzo, llena de trabajo, se dedica a pasear, salir al campo y estar con sus hijos y
nueras.