Isabel Sánchez - Revista El
Genal
Publicado en el número 3 de la revista El Genal en julio de
2000
«El Pago la Covazuel», suena
lo mismo que «Finis Terrae».
Por momentos parece que sí, que es la
fin del mundo, pero a la vez llegamos a pensar que no, que aún existen
otros mundos y que la Covazuel no es más que eso, otro mundo.
Hay que empezar a comprender todo
nuestro Valle como un conjunto. Todo en él tiene un pulso especial.,
porque especial es en sí.
Al Pago la Covazuel, podemos llegar
por la carretera que une Ronda con Algeciras. Pasado Benarrabá, hay un cortijo en la carretera, «La Colchera» detrás
de él está un carril que lleva a un montón de fincas
que hay en el monte, entre ellas la de Martín y Juan.
Como casi todos los cortijos del
Valle, el nuestro está un poco aislado, quitado de en medio, escondido,
pero esta dificultad no nos impedirá llegar hasta él y conocer
los que lo habitan, saber que ellos, sin alejarse del todo del mundo viven
con el mismo ritmo biológico de las jaras, alcornoques, encinas,
chopos, romeros, cabras, ovejas, gorriones u hormigas. Es la finca La Panala.
Cicloturismo, era lo que venía
haciendo por este Valle del Genal Juan allá por el año 1988.
Regentaba una Hamburguesería, en el pueblo granadino de Almuñécar.
Su hermano Martín, era electricista.
Ambos cuando eran niños
estaban en la escuela y andaban pensando en el campo, eran más mayores
y mientras estudiaban andaban pensando en el campo, trabajaban y seguían
pensando en el campo. Ahora Juan tiene 37 años y Martín 35,
viven en el campo, en este campo de Benarrabá desde que tenían
23 y 21 años respectivamente. Son descendientes de San Pablo, crecieron en
Almuñécar, cerca del mar, pero son de secano.
Cuando Juan vino haciendo cicloturismo,
un día adentrándose en el monte, cuando apenas había
carril, se dijo que ese era el lugar en donde él quería vivir.
Hizo algunos contactos, en Benarrabá y compró la finca por
tres millones de pesetas (hoy en día le dan hasta cuarenta millones).
Fue contándoselo a su hermano Martín, y los dos dejaron sus
trabajos y se vinieron.
Primero se vinieron a vivir a
Benarrabá, allí tenían algún familiar, pues
la finca para no tener no tenía ni carril para asceder a ella. Lo
primero que hicieron no fue el carril, sino una casa en donde vivir. Tuvieron
que transportar todo el material de construcción con una yegua y
en carrillos. No había camino para llevar un coche. Y luego, cuando
acabaron la casa, paradójicamente, construyeron el carril.
Empezaron con tres cabras, y para
recuperar un poco la economía fueron algunos veranos a Almuñécar
a abrir la hamburguesería. Luego poco a poco fueron comprando más
ganado hasta llegar a tener como tienen ahora 105 cabras semiestabulares y 35 ovejas. Además de tener yeguas, gallinas...
Tampoco han tenido luz hasta no
hace mucho, que eso si se lo agradecen a la Junta de Andalucía.
A pesar de no tener nada de esto hasta ahora, ellos dicen que nunca se
han encontrado aislados para nada. Viven como quieren, donde quieren y
son bastante conocidos por todos los pueblos del Valle, como unos habitantes
más.
Les encantan las cabras, dice
Juan, que es un animal que cuando lo conoces difícilmente puedes
abandonar, tiene mucho provecho a pesar del excesivo trabajo que
a veces hay que hacer con ellas, en definitiva son agradecidas.
No sabían nada de cómo
trabajar con ellas, pero para eso han leído mucho y se han documentado
también por medio de los vecinos, y ganaderos de los alrededores
que han conocido. Hasta hacen ya quesos para su consumo.. Ellos junto
con otros cuatro ganaderos han conseguido poner un tanque cerca de la carretera
en donde llevan la leche que se conserva a temperaturas muy bajas y luego
llega el camión y se la lleva. La leche, se la lleva la Quesería
Angulo
Como recursos en la finca también
tienen corcho, aceitunas y algarrobas que la venden también a muy
buen precio. Lo peor son las aceitunas que nunca son buenas por culpa del
mosquito mediterráneo.
También tienen un huerto,
y sobre todo gracias a un nacimiento que tienen en la propia finca que
es una gran ventaja ya que es una zona muy pobre en agua, y con ellas pueden
regar y utilizarla para uso personal.
Suelen levantarse no muy temprano
y lo primero que hacen es sacar a los animales de la nave para que anden
un rato por el campo, mientras desayunan. Luego van a ordeñarlas,
lo hacen a mano. Y después le dan de comer. Aunque piensan
que los animales han de vivir en libertad, ellos han comprobado que si
las
cabras están en la nave, hay menos tasa de mortalidad, y las ubres
las tienen más sanas, dan más rendimiento.
Aún el campo no les aporta
grandes ingresos, por eso Martín además de trabajar en la
finca, trabaja en la campaña del corcho. Se ha hecho Corchero estando
aquí. También hace otras cosas relacionadas con el campo.,
podar, rozar... Ellos no se consideran agricultores. Son campesinos, pero
su interés por la zona está sobre todo en la ganadería
y en el monte.
Como ayudas económicas
no han tenido más que la «Subvención de Nueva Incorporación
para Joven a la Empresa Caprina» y los derechos del ganado que tienen
87 cupos entre cabras y ovejas.
Ahora también pueden optar
por una subvención para limpiar la finca.
Cuando les pregunto porqué
el campo en todos los sitios está tan abandonado, me dicen que es
que el campo es muy duro y difícil. No hay más que ver que
en esta zona del monte vivían hasta sesenta familias, y no quedan
más que siete u ocho y no siempre viven allí. De todos modos
ellos cuando se vinieron al campo sabían que era duro y difícil,
pero querían vivir tal como ahora viven.
El futuro lo divisan con mucho
optimismo mejor aún que el presente, y eso que este ya es bueno.
Quieren ampliar la nave para comprar más ganado y que Martín
no tenga que hacer otros trabajos fuera de la finca. Él así
quiere hacer otra casa en donde una antigua ruina de un cortijo, pero esta
vez piensa alargar el carril hasta el lugar antes de construir la casa,
no como hicieron cuando la primera.
Tienen todo lo necesario para vivir,
para tener tienen hasta un mirador natural desde donde el mundo empieza
a parecer divino. Desde allí se ven los límites de la finca
que llegan hasta el mismo borde del río Genal. Tienen también
la posibilidad de subir al pueblo, al mundo de los demás cuando
les apetece. Ellos, a pesar de no ser de Benarrabá, se sienten de
allí. Y para colmar el bienestar y su felicidad aunque
durante la semana viven solos, el fin de semana los visita Carmen y Manuel,
los hijos de Martín a los que les encanta estar allí y ayudar
y jugar...
Envidia sana nos puede producir la vida
de estos hombres que vieron que no hay fronteras que impidan vivir como
se quiere y encontrar un lugar en la vida.