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La Masonería en Benaoján en el siglo XIX

Por Pablo Benítez Gómez. Publicado en el número 28 de la revista La Serranía, en otoño de 2004

Ante todo queremos hacer constar que el presente artículo es el avance de un trabajo mucho más extenso dedicado por completo al fenómeno masónico desarrollado en estos valles no sólo durante el siglo XIX, sino que se extiende también por la primera mitad del siglo XX.

El fenómeno masónico se ha visto salpicado de un desprestigio potenciado en épocas difíciles de nuestra historia reciente, utilizándose su carácter secreto y su amalgama política como “chivo expiatorio” de los males o desajustes sociales que han azotado una parte de la historia.

Para entrar en materia, debemos explicar, aunque sólo sea a grosso modo, en qué consiste la Masonería.

La Masonería no es otra cosa que una sociedad o, como hoy diríamos, una asociación, secreta, dividida en agrupaciones llamadas logias o talleres que poseen unos emblemas o símbolos tomados de la albañilería y la mitología con la finalidad de defender unos postulados racionalistas, democráticos, laicos y, lo más destacado, el compromiso inviolable de ayuda mutua.

La logia o taller desarrollado en la villa a fines del siglo XIX se encuentra integrada dentro de la corriente masónica del Gran Oriente Español, siguiendo el rito escocés
1 antiguo y tomando como nombre el de Log. Guillén y Bohórquez2 nº 198. Este nombre es tomado tras votación unánime de todos los miembros de la logia en sesión celebrada el 23 de septiembre de 1893, ya que en este valle se conservaban las cenizas de los dos mártires que cayeron defendiendo la libertad, Rafael Guillén y Cristóbal Bohórquez.

En la sesión o ténida de la misma fecha citada se aprobaron los sellos que desde entonces llevaría la documentación que generara dicha logia, optándose por dos diferentes: uno llevaría el nombre de la logia, el número y el distintivo y el otro igual, cambiando el distintivo por el rótulo de secretaría
3. Según se puede ver, el distintivo haría alusión al sacrificio de los dos mártires cuyos nombres son los que toma la logia, coronado por el típico triángulo que recuerda el vínculo que la masonería tiene con la albañilería, envuelto este en unos rayos similares a los rayos que aparecen en los símbolos de la Masonería Universal del Oriente Español4.

La logia o taller celebraba ténida ordinaria todos los sábados a las ocho de la tarde y se podía alargar hasta las doce de la noche,
5 en el lugar acostumbrado, oculto de miradas indiscretas y profanas. A la sazón, un templo que los masones habían realizado de tal magnificencia que le resultó inusual para un pueblo de tan reducida entidad a un dirigente de Málaga que lo visitó el día de su inauguración el 11 de julio de 1894. Este templo fue reutilizado por la logia Renacer en los años 30 conservándose hoy día, aunque muy deterioradas, algunas pinturas del marco arquitectónico y que, según el dueño actual del inmueble, antes se podían observar algunas estrellas enmarcadas en un gran cielo azul.

El proceder era el siguiente: una vez convocados y llegada la hora, se reunían, portando una medalla distintiva, dando comienzo los trabajos a los que nadie podía faltar sin causa justificada y previamente puesto de relieve ante el secretario o algún compañero la causa de su ausencia. Si se faltaba sin causa justificadísima, se sancionaba con multa de una peseta
6. Seguidamente el secretario manifestaba los asuntos que debían tratarse, bien fuese de iniciaciones o de intereses generales. Una vez al mes se realizaba una ténida de instrucción dependiendo del grado simbólico. En la noche de la iniciación se le entregaba al nuevo miembro un ejemplar del reglamento (encargado hacer a Gutemberg, Salmerón y R. Guillén, dedicando un largo articulado a la ayuda mutua en caso de enfermedad) y una cartilla de instrucción correspondiente al grado. Antes de finalizar se pasaba una bolsa de tela llamada saco de beneficencia o Monte Pío donde cada miembro depositaba algo de dinero. Seguidamente se cerraban los trabajos por orden del maestre procurando que todos los obreros quedaran contentos y satisfechos.

Así, la ténida del 30 de septiembre de 1893 comenzó a las ocho de la tarde, procediéndose a la aprobación del acta anterior, y seguidamente se pasó a elegir los cargos que la regirán durante los meses restantes del año 1893 y todo el año de 1894, asociándole a cada miembro un seudónimo que les servirá de nombre en clave para todos los documentos.

El grupo quedó configurado de la siguiente forma: Francisco Ruano Moreno, “Guillén”, Venerable Maestre; Juan Barranco Lebrón, “R. Guillén”, Primer Vigilante; Segundo Núñez Núñez, “Peral”, Segundo Vigilante; Miguel Gómez del Río, “Gutemberg”, Orador; Francisco Carrasco Ruiz, “Salmerón”, Secretario; Juan del Valle García, “Napoleón”, Experto; Cristóbal Corrales Lebrón, “Isaac”, Tesorero y Limosnero; Rafael Carrasco García, “C. Colón”, Maestro de Ceremonia; Juan del Valle Becerra, “Bohórquez”; Antonio Fernández y Fernández, “Villacampa”, Guarda del Templo; Francisco Aguilar Borrego, “Víctor Hugo”.

A ellos hay que sumar las nuevas incorporaciones que se irán realizando en el tiempo: José Gómez Jiménez, “Prin”, iniciado el 10 de marzo de 1894; Manuel Jiménez Urbano, “Zorrilla”, iniciado el 10 de marzo de 1894; Francisco Gómez, “Garibaldi”, cuya fecha de iniciación se desconoce; Joaquín Ruiz, cuyo seudónimo y fecha de iniciación se desconocen.

Los cargos anteriores se someterán a nueva votación el 29 de diciembre de 1894, produciéndose leves alteraciones.

Destacamos ahora la labor de este taller en la villa de Benaoján; así, lo primero que ejecuta después de la creación del templo, es un orfelinato,
8 del que la documentación contemporánea no ha dejado huella y estamos intentando rastrear por todos los archivos existentes. Seguidamente lo más agudizante era la formación, dedicándole grandes esfuerzos a temas educacionales. Y como principal y destacado aspecto que ya hemos puesto de relieve, la ayuda mutua; así resaltamos el caso de enfermedad del masón Francisco Carrasco “Salmerón”, quien cayó enfermo y finalmente falleció el 23 de Septiembre de 1896 a causa de una congestión cerebral9. Éste dejaba viuda y cuatro huérfanos a los que la masonería ayudó a salir adelante, incluso solicitando ayuda del Montepío de la masonería general, ayuda que fue denegada10 por haberse inscrito la logia a una ley antigua derogada sobre los Montepío.

Finalmente pensamos que esta logia pasó a estado de durmiente sobre el año 1897-8, cuando la situación política nacional se recrudeció a medida que el sistema restaurador de alternancia en el poder de los dos grandes líderes se iba radicalizando, volviendo así sus componentes a la vida “pública” con total normalidad y pasando incluso totalmente desapercibidos para las autoridades durante los años de represión masónica que para la villa de Benaoján se extendería desde octubre de 1936 hasta aproximadamente 1950.

  
Notas:
1-(A)rchivo (G)eneral (G)uerra (C)ivil (E)spañola; Sección de Masonería A-765, Reglamento Interno que ha de regir en la logia Guillén y Bohórquez nº 198; Artículo 1º.
2- A.G.G.C.E; Íbiden, Acuerdo de la tenida del día 23 de septiembre de 1893.
3- La deferencia radica además en la forma, ya que el de la secretaría toma una forma triangular.
4- Ver el cuadro de encabezamiento de documentos.
5- A.G.G.C.E; Sección de Masonería A-765, Acuerdo de la tenida del 23 de septiembre de 1893.
6- A.G.G.C.E; Íbiden Reglamento Interno que ha de regir en la logia Guillén y Bohórquez nº 198; Artículo 8.
7- A.G.G.C.E; Íbiden, Toda la documentación de la logia posterior a febrero de 1894 lleva este encabezamiento.
8- A.G.G.C.E; Íbiden, Carta dirigida a los ilustres Maestres y Venerables de la Orden General del Gran Oriente Español, comentando los actos inaugurales del Templo de Benaoján, fechada en 12 de julio de 1894.
9- A.G.G.C.E; Íbiden, Carta dirigida al Gran Consejo de la Orden, fechada el 14 de octubre de 1896.
10- A.G.G.C.E; Íbiden, Oficio del Negociado del Montepío, Madrid, 21 de octubre de 1896.

           

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