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Ante todo queremos hacer constar
que el presente artículo es el avance de un trabajo mucho más
extenso dedicado por completo al fenómeno masónico desarrollado en
estos valles no sólo durante el siglo XIX, sino que se extiende
también por la primera mitad del siglo XX.
El fenómeno masónico se ha visto salpicado de un desprestigio
potenciado en épocas difíciles de nuestra historia reciente,
utilizándose su carácter secreto y su amalgama política como “chivo
expiatorio” de los males o desajustes sociales que han azotado una
parte de la historia.
Para entrar en materia, debemos explicar, aunque sólo sea a grosso
modo, en qué consiste la Masonería.
La Masonería no es otra cosa que una sociedad o, como hoy diríamos,
una asociación, secreta, dividida en agrupaciones llamadas logias o
talleres que poseen unos emblemas o símbolos tomados de la
albañilería y la mitología con la finalidad de defender unos
postulados racionalistas, democráticos, laicos y, lo más destacado,
el compromiso inviolable de ayuda mutua.
La logia o taller desarrollado en la villa a fines del siglo XIX se
encuentra integrada dentro de la corriente masónica del Gran Oriente
Español, siguiendo el rito escocés1
antiguo y tomando como nombre el de Log. Guillén y Bohórquez2
nº 198. Este nombre es tomado tras votación unánime de todos los
miembros de la logia en sesión celebrada el 23 de septiembre de
1893, ya que en este valle se conservaban las cenizas de los dos
mártires que cayeron defendiendo la libertad, Rafael Guillén y
Cristóbal Bohórquez.
En
la sesión o ténida de la misma fecha citada se aprobaron los sellos
que desde entonces llevaría la documentación que generara dicha
logia, optándose por dos diferentes: uno llevaría el nombre de la
logia, el número y el distintivo y el otro igual, cambiando el
distintivo por el rótulo de secretaría3.
Según se puede ver, el distintivo haría alusión al sacrificio de los
dos mártires cuyos nombres son los que toma la logia, coronado por
el típico triángulo que recuerda el vínculo que la masonería tiene
con la albañilería, envuelto este en unos rayos similares a los
rayos que aparecen en los símbolos de la Masonería Universal del
Oriente Español4.
La logia o taller celebraba ténida ordinaria todos los sábados a las
ocho de la tarde y se podía alargar hasta las doce de la noche,5
en el lugar acostumbrado, oculto de miradas indiscretas y profanas.
A la sazón, un templo que los masones habían realizado de tal
magnificencia que le resultó inusual para un pueblo de tan reducida
entidad a un dirigente de Málaga que lo visitó el día de su
inauguración el 11 de julio de 1894. Este templo fue reutilizado por
la logia Renacer en los años 30 conservándose hoy día, aunque muy
deterioradas, algunas pinturas del marco arquitectónico y que, según
el dueño actual del inmueble, antes se podían observar algunas
estrellas enmarcadas en un gran cielo azul.
El proceder era el siguiente: una vez convocados y llegada la hora,
se reunían, portando una medalla distintiva, dando comienzo los
trabajos a los que nadie podía faltar sin causa justificada y
previamente puesto de relieve ante el secretario o algún compañero
la causa de su ausencia. Si se faltaba sin causa justificadísima, se
sancionaba con multa de una peseta6.
Seguidamente el secretario manifestaba los asuntos que debían
tratarse, bien fuese de iniciaciones o de intereses generales. Una
vez al mes se realizaba una ténida de instrucción dependiendo del
grado simbólico. En la noche de la iniciación se le entregaba al
nuevo miembro un ejemplar del reglamento (encargado hacer a
Gutemberg, Salmerón y R. Guillén, dedicando un largo articulado a la
ayuda mutua en caso de enfermedad) y una cartilla de instrucción
correspondiente al grado. Antes de finalizar se pasaba una bolsa de
tela llamada saco de beneficencia o Monte Pío donde cada miembro
depositaba algo de dinero. Seguidamente se cerraban los trabajos por
orden del maestre procurando que todos los obreros quedaran
contentos y satisfechos.
Así, la ténida del 30 de septiembre de 1893 comenzó a las ocho de la
tarde, procediéndose a la aprobación del acta anterior, y
seguidamente se pasó a elegir los cargos que la regirán durante los
meses restantes del año 1893 y todo el año de 1894, asociándole a
cada miembro un seudónimo que les servirá de nombre en clave para
todos los documentos.
El grupo quedó configurado de la siguiente forma: Francisco Ruano
Moreno, “Guillén”, Venerable Maestre; Juan Barranco Lebrón, “R.
Guillén”, Primer Vigilante; Segundo Núñez Núñez, “Peral”, Segundo
Vigilante; Miguel Gómez del Río, “Gutemberg”, Orador; Francisco
Carrasco Ruiz, “Salmerón”, Secretario; Juan del Valle García,
“Napoleón”, Experto; Cristóbal Corrales Lebrón, “Isaac”, Tesorero y
Limosnero; Rafael Carrasco García, “C. Colón”, Maestro de Ceremonia;
Juan del Valle Becerra, “Bohórquez”; Antonio Fernández y Fernández,
“Villacampa”, Guarda del Templo; Francisco Aguilar Borrego, “Víctor
Hugo”.
A ellos hay que sumar las nuevas incorporaciones que se irán
realizando en el tiempo: José Gómez Jiménez, “Prin”, iniciado el 10
de marzo de 1894; Manuel Jiménez Urbano, “Zorrilla”, iniciado el 10
de marzo de 1894; Francisco Gómez, “Garibaldi”, cuya fecha de
iniciación se desconoce; Joaquín Ruiz, cuyo seudónimo y fecha de
iniciación se desconocen.
Los cargos anteriores se someterán a nueva votación el 29 de
diciembre de 1894, produciéndose leves alteraciones.
Destacamos ahora la labor de este taller en la villa de Benaoján;
así, lo primero que ejecuta después de la creación del templo, es un
orfelinato,8
del que la documentación contemporánea no ha dejado huella y estamos
intentando rastrear por todos los archivos existentes. Seguidamente
lo más agudizante era la formación, dedicándole grandes esfuerzos a
temas educacionales. Y como principal y destacado aspecto que ya
hemos puesto de relieve, la ayuda mutua; así resaltamos el caso de
enfermedad del masón Francisco Carrasco “Salmerón”, quien cayó
enfermo y finalmente falleció el 23 de Septiembre de 1896 a causa de
una congestión cerebral9.
Éste dejaba viuda y cuatro huérfanos a los que la masonería ayudó a
salir adelante, incluso solicitando ayuda del Montepío de la
masonería general, ayuda que fue denegada10
por haberse inscrito la logia a una ley antigua derogada sobre los
Montepío.
Finalmente pensamos que esta logia pasó a estado de durmiente sobre
el año 1897-8, cuando la situación política nacional se recrudeció a
medida que el sistema restaurador de alternancia en el poder de los
dos grandes líderes se iba radicalizando, volviendo así sus
componentes a la vida “pública” con total normalidad y pasando
incluso totalmente desapercibidos para las autoridades durante los
años de represión masónica que para la villa de Benaoján se
extendería desde octubre de 1936 hasta aproximadamente 1950.
Notas:
1-(A)rchivo (G)eneral (G)uerra (C)ivil (E)spañola; Sección de
Masonería A-765, Reglamento Interno que ha de regir en la logia
Guillén y Bohórquez nº 198; Artículo 1º.
2- A.G.G.C.E; Íbiden, Acuerdo de la tenida del día 23 de septiembre
de 1893.
3- La deferencia radica además en la forma, ya que el de la
secretaría toma una forma triangular.
4- Ver el cuadro de encabezamiento de documentos.
5- A.G.G.C.E; Sección de Masonería A-765, Acuerdo de la tenida del
23 de septiembre de 1893.
6- A.G.G.C.E; Íbiden Reglamento Interno que ha de regir en la logia
Guillén y Bohórquez nº 198; Artículo 8.
7- A.G.G.C.E; Íbiden, Toda la documentación de la logia posterior a
febrero de 1894 lleva este encabezamiento.
8- A.G.G.C.E; Íbiden, Carta dirigida a los ilustres Maestres y
Venerables de la Orden General del Gran Oriente Español, comentando
los actos inaugurales del Templo de Benaoján, fechada en 12 de julio
de 1894.
9- A.G.G.C.E; Íbiden, Carta dirigida al Gran Consejo de la Orden,
fechada el 14 de octubre de 1896.
10- A.G.G.C.E; Íbiden, Oficio del Negociado del Montepío, Madrid, 21
de octubre de 1896.
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