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El
Sistema Hundidero-Gato, situado en los municipios de Benaoján y
Montejaque, con un desarrollo total de 7.818 m y un desnivel de -219
m, constituye una de las travesías espeleológicas más importantes de
Andalucía con un recorrido de 4.500 m, sin duda un referente
obligatorio para el espeleólogo andaluz y el visitante a la zona.
Este sistema cuenta con dos bocas de acceso, Cueva del Gato, situada
en el término de Benaoján, y Cueva del Hundidero, en la localidad de
Montejaque.
La paciente labor del agua del río Gaduares o Campobuche durante
millones de años hizo posible esta magnífica obra de la naturaleza,
haciendo que en su interior nos sintamos insignificantes en sus
salas y galerías de proporciones considerables.
El río Gaduares nace en Villaluenga del Rosario y alcanza la Sierra
de Líbar en el paraje conocido como la Garganta de los Caballeros,
impresionante cañón kárstico encajado entre la Sierra de Mures y el
Cerro Tavizna, y a cuya entrada se encuentra el Embalse de
Montejaque. Éste se construyó sobre 1920 con el fin de recoger las
aguas del Gaduares y utilizarlas para generar energía eléctrica por
la Compañía Sevillana de Electricidad, pero el cubo del pantano, de
naturaleza kárstica, provocaba que las aguas se filtraran. Para
evitar esto realizaron numerosos trabajos correctores en el interior
de la cueva, muchos de ellos aún visibles, que llegaron a cambiar su
funcionamiento hidrogeológico. Basta sólo un ejemplo, el Charco
Frío, ubicado a la salida de la Cueva del Gato, estaba antes de las
obras del embalse seco en verano, hoy día tiene agua todo el año.
Para
llegar a la Cueva del Hundidero, que es el punto donde las aguas del
río Gaduares se introducen en el interior de la sierra, debemos
tomar desde Montejaque la carretera MA-505 en dirección a Sevilla. A
unos 3 km en su margen izquierdo encontramos una pequeña explanada
en la que podremos dejar el coche y desde donde se inicia el sendero
que da acceso a la cavidad. Éste comienza siendo un carril terrizo
que desciende hacia una plataforma junto a un cerrillo con unos
pinos piñoneros que coronan su cumbre; a partir de aquí proseguimos
por una pequeña senda que afronta el importante desnivel a superar
mediante una escalinata de reciente construcción y que nos deja en
el fondo de la Garganta de los Caballeros. Ya sólo nos quedarán
algunos metros para alcanzar la boca de Hundidero, que con sus 81 m
de altura llama enormemente la atención. Un cartel del Parque
Natural Sierra de Grazalema nos indica la prohibición de continuar
sin una autorización por parte de la Consejería de Medio Ambiente,
ya que alberga una de las mayores colonias de murciélagos de Europa,
así como de la peligrosidad de penetrar en su interior sin el
material y los conocimientos adecuados. El elevado riesgo que
conlleva el recorrer las galerías de esta cueva reside
principalmente en que, al ser el cauce de un río subterráneo, está
sujeto a las crecidas que registra tras la frecuentes y abundantes
lluvias invernales. Son varias las personas que han fallecido
dentro. Por todo ello si quieres conocer las maravillas que alberga
en su interior debes ponerte en contacto con alguna de las empresas
de turismo activo enclavadas en la zona o inscribirte en alguno de
los cursos de iniciación a la espeleología que realiza la Federación
Andaluza de Espeleología. Si eres espeleólogo federado deberás pedir
permiso en las oficinas del Parque Natural Sierra de Grazalema
ubicadas en El Bosque (Tlf. 956 71 60 63 / 62 36).
El Sistema Hundidero-Gato puede ser dividido en cuatro tramos:
El
primero, entre la Cueva del Hundidero y la Plaza de Toros, es el que
salva mayor desnivel. Una vez penetramos en la cueva tendremos ante
nosotros una enorme sala en forma de embudo conocida como la Sala
Súper. El cuello que forma este embudo da paso al Primer Lago, de
una longitud de unos 10 m, al que sigue el Segundo Lago, a cuya
izquierda dejamos la Marmita de los Americanos. Tras ésta, el Lago
de la Sartén, llamado así por su forma, que recuerda a este
utensilio, donde se encuentra la Sima del Embudo que superamos por
un pasamanos. Subimos a un tramo en alto en el que se encuentran dos
grandes gours o marmitas inundadas, son los llamados Lago Blanco y
Lago Negro. Superamos un nuevo pozo denominado Sima Calipso, con
unos 15 m de profundidad. Una vez superado un pequeño destrepe
llegamos al Lago del Barro, donde la altura de la galería queda
limitada a 10 m de altura. Dos nuevos lagos, denominados del
Interruptor y L conducen a una serie de galerías entre las que
sobresalen la Sala de los Gours, en la que abundan estas
formaciones, y la Galería del Barro, donde el fango existente se
convierte en una seria dificultad que puede llegar a hacer que
perdamos alguna bota. Al final de éstas la sala de mayores
dimensiones de todo el sistema: la Plaza de Toros, con unas
dimensiones de 50 m de altura.
El segundo tramo está comprendido entre la Sala de los Toriles y la
Galería de la Botella. Desde la Sala de los Toriles atravesamos un
caos de bloques que nos lleva al Lago Largo, uno de los de mayor
longitud. Pasamos junto a la Gran Estalagmita, un espectacular
espeleotema considerado como uno de los de mayor tamaño del mundo.
También encontramos una serie de nuevos lagos, entre los que se
encuentran el Cabo de las Tormentas, llamado así porque el aire al
circular produce un sonido similar al de este fenómeno atmosférico,
el Lago de la Mona y el Lago de la Botella.

El tercer tramo transcurre por la Galería del
Aburrimiento de un km de desarrollo.
El
cuarto y último va desde el Lago 1.100 hasta la Cueva del Gato.
Pasado el Lago 1.100, llegamos a la Sala de las Dunas, llamada así
por haberse depositado en ella la arena que el río transportaba; en
ligera pendiente, termina en la Sima de las Dunas. Seguimos ahora
por la Galería del Desprendimiento y el Lago Baco, también llamado
del Castillo; aquí aún es visible la senda que construyó la compañía
eléctrica que nos ayuda a cruzar la Galería de las Cabras, de muy
difícil deambular por los abundantes bloques de piedras arrastrados
por la corriente del río. Un poco más adelante pasamos junto al
Giraldilla, formación muy característica a la que sigue el Paso de
la Olla, indispensable para pasar este punto. Desde aquí, la cueva
hace una curva girando 90° hacia el E llamada Curva GEOS, que da
acceso a la Galería Ángel Cervantes donde se encuentra la Gran
Pared, un plano de falla de 30 m de largo y 50 de altura. Le sigue
la Escalera Negra, formada por una serie de gours en cuya base
existen dos opciones a la hora de seguir: Bien proseguir por el
cauce y atravesar una serie de charcas hasta llegar a la Cueva del
Gato o desviarnos a la derecha y por un pasamanos acceder a las
Termópilas, desde donde bajamos hasta el nivel inferior por la
Chimenea ya cerca de la salida de Gato.
La boca de Gato, con unos 40 m de altura, es bastante espectacular.
En ella vuelven a emerger las aguas del río Gaduares unidas a las
que, provenientes del acuífero, afloran en este punto y se despeñan
hasta el Charco Frío, una poza de frías y cristalinas aguas que
embellece el paraje. Este agua pronto afluye en el río Guadiaro
junto al puente de la vía férrea.
La entrada de la Cueva del Gato, así llamada por la curiosa forma
que representa su boca, fue utilizada desde muy antiguo por el
hombre. Ya en el Paleolítico Superior, hace unos 14.000 años, fue
frecuentada por el hombre que dejó en ella algunas pinturas
rupestres de animales, como la de un ciervo recientemente
descubierta y algunos utensilios en sílex, caso de laminillas de
borde abatido claramente magdalenienses. Posteriormente en el
Epipaleolítico siguió siendo habitada aunque adquirió mayor
importancia durante el Neolítico, Calcolítico y Edad del Bronce. De
estas épocas se han encontrado hachas pulimentadas, bellas cerámicas
decoradas, útiles en hueso y sílex, cuentas de collar, esqueletos
humanos y algunas pinturas cuyo mejor ejemplo es un arquero dada a
conocer anteriormente por el Abate Breuil, padre de la Prehistoria,
quien visitó la cavidad en 1914. Todo ello hace de la Cueva del Gato
uno de los yacimientos prehistóricos más importantes no sólo de
Andalucía sino de la Península Ibérica.
En
época más moderna, la Cueva del Gato llamó la atención de eruditos
locales y muchos de los viajeros románticos que visitaron esta
región montañosa de Andalucía durante los siglos XVIII y XIX.
Cristóbal Medina Conde describe así la cueva en su Diccionario
Geográfico malacitano (1773): “Inmediato a este pueblo y distante
como un cuarto de legua, hay otro nacimiento que se empiesa a ver en
una gran cueva que llaman del Gato, la que formo la naturaleza, en
uno de los muchos tajos de su territorio. Es tanta grandeza, que su
puerta tiene mas de 100 varas de cuadro, hay charcos en ella entre
los tajos que crían peses de gran tamaño”. Entre los viajeros
románticos se encuentran Francis Carter, que dice de ella que
“merece el primer puesto entre las maravillas de la Serranía de
Ronda” y que en su interior había un lago “en cuyas orillas se veía
las ruinas de un gran edifico del que todavía quedaban en pie el
portal y las paredes; entre los del lugar corre el rumor de que este
edificio era templo dedicado a los dioses infernales” en su “Viaje
de Gibraltar a Málaga” (S. XVIII), William Jacob o Laydi Louisa
Tenson. En el siglo XIX fue también refugio de bandoleros. Como dato
curioso, existe un óleo del pintor sevillano Barrón y Carrillo
titulado “Bandoleros en la Cueva del Gato”.
Desde la Boca de Gato saldremos a la carretera de Benaoján a Ronda,
cruzando un bello puente de madera sobre el río Guadiaro.

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