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Bastante
extendidas en nuestra sociedad son expresiones como “¿qué vamos a
hacer con los jóvenes? ¿Qué será del día de mañana con estos
jóvenes? Los jóvenes sólo quieren divertirse y no comprometerse,
sólo piensan en fiestas, no son responsables...” Y toda una letanía
de reproches y descontento hacia ellos. Pero no todos los jóvenes
hoy en día son así. Están los jóvenes comprometidos con su tiempo,
artífices del futuro, trabajadores y transformadores del presente.
Jóvenes con conciencia y valores superiores al dinero y la codicia.
En este caso concretamente hablamos de María del Rosario Sánchez
Heras, benaojana.
A ella, desde muy jovencita, le gustaba todo lo que fuera expresión
artística, porque siempre vio en el arte un modo de comunicarse con
los demás y de hacer crecer a la persona. Tras los años de educación
primaria en el CP Nuestra Señora del Rosario de Benaoján y la
secundaria en el IES Andrés Pérez Serrano de Cortes de la Frontera,
pasó a la Escuela de Artes y Oficios San Telmo de Málaga; allí se
formó en distintas técnicas artísticas y posteriormente consiguió su
título de formador de formadores, conocimientos que le han valido
durante todos estos años para impartir talleres de formación para
mujeres desempleadas y talleres para niños discapacitados. Así, con
motivo del día internacional de Espina Bífida, la Asociación
Malagueña de Espina Bífida (AMAEB) le hizo entrega del Premio Espina
Bífida 2002. Este premio, por parte de AMAEB, se hace como
reconocimiento a aquellas personas o grupos que han contribuido con
su actuación a propiciar la mejora en la calidad de vida de las
personas con discapacidades y en especial a las personas con espina
bífida. Al hacerle entrega de este premio, AMAEB quiso señalar su
trabajo durante seis años con los jóvenes de dicha asociación,
potenciando en ellos sus capacidades, aumentando su autoestima e
independencia, pero queriendo destacar sobre todo por encima de su
profesionalidad, “sus dedicación y constancia, su amistad y calidad
humana”.
Se
le hizo entrega del premio en el salón de plenos del Ayuntamiento de
Málaga en noviembre de 2002, presidido por el alcalde y la concejala
de asuntos sociales.
Actualmente, y desde hace ya tres años, trabaja como monitora en un
taller de formación para internos en el Centro Penitenciario de
Alhaurín, además de tener su propio taller en donde en los ratos
libres realiza trabajos de vidrieras artísticas, fusión de vidrios
compatibles, tiffany, murales y cerámica, muchos para tiendas de
decoración y otros para encargos aquí en la Serranía.
A lo largo de la trayectoria de nuestra Revista, vamos conociendo
las distintas personas que forman nuestros pueblos. Casi todas ellas
viven en él.
El caso de Charito, como la llamamos todos en Benaoján, no es así,
no vive permanentemente en el pueblo, pero sí que se escapa cada vez
que puede, ya que su familia está aquí. Siempre vivió en el pueblo y
piensa que por distintas corrientes formativas le entró el gusanillo
del arte.
Lo más importante de esta joven artista y docente es el modo en que
ha querido enfocar su necesidad de expresión artística dentro de un
contexto social. Primero con las mujeres desempleadas, luego con los
niños de Espina Bífida y ahora con la gente privada de libertad.
Se
dedica a crear piezas artísticas, pero también a trabajar mediante
el arte el interior de las personas. Para ella es como una vía de
formación personal. Entiende la creación como un modo de crearse a
sí mismo, proyectar y valorar lo positivo de cada persona para ir
trabajando las barreras y minusvalías. Por ello, cada vez está más
contenta con su trabajo en el Centro Penitenciario de Alhaurín.
Encuentra alumnos muy creativos, con necesidad de expresión y a la
vez de aprendizaje.
Del mismo modo, ella siente que de ellos ha aprendido mucho, sobre
todo a valorar y a entender el sentido de la vida y del tiempo. A
comprender por dónde va caminando nuestra sociedad y a que todos
tenemos derecho a las oportunidades. En resumen, ha entendido lo que
significa el humano en toda su dimensión y con todos sus errores y
aciertos.
Cuando le entregaron el premio de Espina Bífida, tanto los padres
como los niños o las autoridades, emocionados, reconocieron el valor
del sacrificio y la entrega de Charito y su claridad en la opción
por utilizar el arte como un instrumento para transformar la
realidad de las personas sin tener que hacer una división entre su
trabajo y su forma de entender la vida.
Aunque ella permanentemente no viva en el pueblo, sí que hay que
reconocer que es una persona de nuestro pueblo, de nuestra comarca,
cosa que nos enorgullece siempre. Estudió primero en el colegio de
su pueblo y luego en el instituto de Cortes de la Frontera; esa
formación le valió para saber enfocar sus estudios y su profesión.
Por eso es importante que la enseñanza que se imparte en nuestra
comarca sea de calidad, para que la sociedad vaya entendiendo que de
los pueblos también sale gente formada que contribuyen a la mejora
del mundo, personas comprometidas con su tiempo, creadores de vida.

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