Isabel
Sánchez Heras - El
Genal
Publicado en el número 2 de la revista El Genal en junio de
2000
Así
se llama el libro realizado por José A. Castillo Rodríguez,
encargado por el pueblo de Benalauría.
El
libro, editado por el Centro de Ediciones de la Diputación, cuenta
además con la colaboración del Ayuntamiento de Benalauría
y de personas como Eugenio Márquez Villanueva, con el diseño
gráfico de Gustavo Loiseau, las fotos de Juan y Antonio García
Almagro, los dibujos de Fco. Javier Sampalo Álvarez y con Antonio
Viñas como coordinador de la publicación.
Son
setenta páginas muy cercanas al siglo XVI y al mismo tiempo se caracteriza
por una gran claridad y sencillez, no libre de retórica ni de un
elevado ritmo.
Además
de contar con una gran calidad fotográfica y pictórica, el
libro tiene una guía bibliográfica de la que el autor se
sirvió y puede servirnos a nosotros para saber más sobre
el tema.
El
argumento es el mismo argumento de las fiestas de Benalauría.
Fiestas, teatro callejero con participación popular y desinteresada
utilizando como único escenario los bellos rincones del pueblo.
Se
trata de imaginar que una partida de moros de Sierra Bermeja llega al pueblo,
poblado por cristianos. El alcalde y el jefe de la milicia les hacen frente,
pero los rebeldes dominan las partes altas del pueblo. Saquean la Iglesia
y secuestran a Santo Domingo de Guzmán por el que piden un fuerte
rescate.
Este
es el 1º de los actos que se corresponde con la 1ª parte de las
fiestas.
El
2º acto es al fiesta de la tarde: el rescate de Santo Domingo de Guzmán.
Los cristianos consiguen rehacerse en los alrededores de la Plaza del Ayuntamiento,
apresan a los hijos del qa´id moro y les da la posibilidad de cambio
para rescate de la iglesia y el santo.
Se
acepta el cambio por ambas partes y los moros no cumplen el pacto. Entonces
los cristianos inician el ataque junto con un contingente de milicias de
otros municipios andaluces.
Vencidos
los moros, un oidor de chancillería de Ciudad Real anuncia a los
mudéjares las nuevas capitulaciones, deportaciones o conversiones.
Esto
es el final de la obra, una elegía por parte del qa´id a la
hermosa tierra que le vio nacer, un canto a la tolerancia y al intercambio
cultural:
IBN
WASSIR Español
nació mi pueblo
aunque
con otras creencias
y
con la piel más oscura.
Nadie
sabrá con qué pena
perdemos
hoy el derecho
de
vivir en nuestra tierra.
Y
así, dar é libertad
y
que cada cual emprenda
el
camino que le plazca
o
la religión que quiera.
Decid,
señor, de mi parte
a
vuestros Reyes, que es buena
política
perdonar
al
vencido en la contienda.
Y
aunque el exilio me impongan
a
causa de esta condena,
decid,
también a los Reyes
que
con memoria certera
siempre
mis ojos ver han
los
puentes y las veredas,
los
castañares sombríos
y
las rosadas cenefas
que
tejen en los arroyos
las
flores
de las adelfas;
y
las oscuras encinas
y
el agua de las albercas
que
regando los bancales,
se
cuajan en las finas perlas
del
azahar y en las flores
de
ciruelos y cerezas.
Y
el agua de sombra verde
de
nuestro río, cuyas piedras
a
fuerza de tantas lunas
y
tanto brillo de estrellas
pulen
en sus caras mágicas
sueños
de noches serenas.
Y
veré los altos chopos,
viento
verde en primavera
y
amarillo en el otoño
cuando
los fríos se acercan.
Y
las bandas de nubes
coronar
Sierra Bermeja,
donde
los pinos se mecen
preñados
de viento y niebla,
con
los blancos caseríos
posados
en las laderas
como
si fueran palomas
con
las alas entreabiertas.
Allí oír é los sonidos
que
de niño yo aprendiera:
El
Levante en los chaparros,
el
agua entre las acequias,
el
rumor de las azudas
del
Genal en la tormenta,
y
la lluvia salpicando
las
ventanas y las tejas;
y
las mañanas de pájaros,
y
las noches encubiertas
de
cristales silenciosos
y
de relinchos de yeguas...
Y
en mis sienes plateadas
se
quedarán los sudores
que
dieron vida y colores
a
estas Sierras tan amadas:
la
tierra de mis mayores.
(Se
dispersan los moros.
Los
cristianos con el pueblo,
llevan
al Santo a la Iglesia).