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8 de agosto de 2008Excelentísimo Señor Alcalde, corporación local, gracias por su amable presentación y gracias también por la confianza depositada en mí para pregonar esta feria, es para mí un placer y un honor. Espero estar a la altura que Benalauría se merece.
Doy la bienvenida y agradezco su presencia
a todas las personas que os habéis acercado esta noche a la plaza del
pueblo a celebrar el comienzo de nuestra feria. Hace ya algunos meses me
pidieron que pregonara las fiestas de Benalauría este año 2008, a mí me
pareció imposible, pues no soy escritor ni poeta, no soy un gran
conocedor de la historia ni de la geografía del pueblo, ni siquiera he
vivido aquí durante algo más de tres o cuatro semanas seguidas, sólo soy
alguien que un buen día decidió, hace ahora casi 20 años, pasar cada día
de vacaciones aquí.
El pregón que puedo ofrecerles, por tanto,
no contiene alardes literarios, no es una exaltación de la tierra que
nos rodea, quizá es demasiado personal pues cuenta mis vivencias, mis
sentimientos y mis opiniones, es una mirada atrás, una reflexión en voz
alta tratando de buscar las razones que me hicieron elegir Benalauría
para pasar tanto tiempo en este Valle. Espero que les guste.
PREGÓN DE LAS FIESTAS
DE BENALARÍA EN HONOR A SU PATRÓN SANTO DOMINGO DE GUZMÁN 2008.
Un chiquillo flacucho, adolescente, criado
en un barrio de Málaga como El Palo, acostumbrado a pasar el verano
tostándose al sol en la playa, un mes de julio de hace ya casi 20 años,
tras pasar una semana con la familia en Benalauría decidió que, en vez
de volverse a Málaga, quería quedarse una semana más aquí, esa semana se
convirtió en un mes y ese mes en cada agosto, en cada Navidad, en cada
Semana Santa, y cada puente y finalmente, en cada día de vacaciones.
Esa decisión, en cierto modo, marcó el
rumbo de gran parte de mi vida y ahora, muchos años después, sé que fue
una decisión acertada.
De niño, cuando venía al pueblo, poco
salía del patio de casa de mi querida abuela, donde me encantaba y me
sigue gustando, comer fideos preparados con tanto amor y esmero, pero
aquel verano tras una semana de total libertad conociendo Benalauría de
verdad y a sus gentes, llegó el momento de volver a Málaga y pensé la
noche antes de irme si podría quedarme a seguir descubriendo el pueblo.
Al decírselo a mis padres me advirtieron que tendría que portarme bien,
ayudar a mi abuela que ya soportaba la carga de cuidar de mi pobre
abuelo con débil salud y yo, como niño bueno y responsable que era, así
lo prometí y traté de cumplir. Es así como comenzó todo.
Mis obligaciones diarias eran sencillas,
hacer la cama, tras el desayuno con pan del pueblo, unas veces del horno
de arriba (del primo) otras del horno viejo de Tobalina (tiempo después
supe que se llamaba Cristobalina); a veces fregaba los platos después de
comer (a escondidas mientras dormía la siesta mi abuela porque ella no
quería que lo hiciera); por las tardes debía ir por agua a la alberca y
hacer algún “mandao en cá Ana Mari”. Barrer y “Ocifar”, esto último no
sabía exactamente qué significaba, no me estaba permitido por mi
condición de hombre, una discriminación como otra cualquiera por
cuestión de género, como se dice ahora.
Una de las primeras cosas que tuve que
aprender fueron los saludos aquí, en vez de “hola, buenos días, buenas
tardes o buenas noches” había que decir “Venga” y “Vamos allá” o “Vamos
allá” y “Venga”, también recuerdo el saludo del ya desaparecido Orellana
“¡Venga zagal!”, así mismo son válidos “aay” “Oh”, o algún otro ruido
parecido pero es algo a lo que no me termino de acostumbrar del todo.
Al principio, Pedro “el de Eugenio”, con
su inmejorable memoria, trataba de explicarme los parentescos entre las
distintas familias del pueblo pero debo confesar que es algo que nunca
llegué a aprender.
También tenía que contestar una y otra vez
ante la pregunta ¿y tú… de quién eres? Aunque siempre me han insistido
en que soy hijo de Domingo y dado que mi prima Olivia también venía los
veranos, lo cual añadía más confusión, yo insistía repetidamente, que no
que yo soy de Francisco, ahora ya, casi 20 años después creo que está
claro ¿o no?.
Además de mi familia directa, mis primos
Silvia y Jorge a los que ayudaba haciendo los libros de “Vacaciones
Santillana” en la zotea de su casa, los primeros amigos que recuerdo,
quizá por la cercanía de las casas en la Moraleda, vienen de la numerosa
familia de “los socorrios”. Una casa siempre revuelta con tanto trasiego
de hermanos y en la que me sentí a veces como uno más, pues Mariquita no
dudaba en ofrecerme su hospitalidad. Suponía un reto para mi memoria
poder recordar el orden y nombre de cada uno: Domingo el mayor, Piedad,
joven madre en tiempos difíciles, José Antonio, que estaba en El Ferrol
haciendo la mili, Crisanto con su habilidad para los trabajos manuales y
su cámara de fotos siempre preparada, Benjamín con su afición a la
música alta y los deportes de riesgo, que por aquel entonces eran o
tirase por las cuestas en una bici sin frenos, o conducir una moto a
medio reparar, nada de puenting o cosas raras. Luego estaba el pequeño
Saúl, que se hizo el más grande de los hermanos, no sólo en estatura
sino grande en nobleza y arrojo; la lista parecía terminar con Auxi, la
hermana menor, sin embargo, no era así pues había una pequeñita muy
rubia de más o menos 1 añito, Rocío que, a pesar de ser sobrina de
todos, era como una hermana más, a la que cuidé alguna vez, cuando su
madre iba a Ronda a buscar ropa para la feria, porque entonces bastaban
los escaparates y catálogos de ropa de la “Calle la Bola”, ya que La
Línea quedaba lejos o “las cañadas” era sitios para pasar el ganado y no
un lugar de Marbella donde malgastar los domingos.
Pasábamos innumerables noches al fresco,
en el “poyete de Elena” charlando entre amigos, o en la “puerta de
Carmela”, simplemente escuchando a nuestros mayores, con relatos de
Antonio “el Chete” y risas por la gracia natural de Catalina.
Vivimos las primeras acampadas “en lo de
Fernando” que con su infinita generosidad no sólo nos dejaba acampar
allí, sino que además nos ofrecía su fruta cultivada a orillas del Genal
y mi tío Antonio “el peluo” y Pepe Luis se ocupaban de que no nos
faltara de nada.
Una de las actividades más frecuentes cada
fin de semana de agosto era ir de feria en feria, creando grupos de
mirlos por donde quiera que íbamos, alquilando los servicios de Currín
unas veces, amontonados en coches otras, o andando desde Atajate o
Benadalid, que era lo mejor para poder pasear a la luz de las estrellas
y charlar con las niñas que nos gustaban.
Durante la semana, aunque parezca mentira,
sin piscina no te aburrías, yo cada día tenía una aventura, con quien
más tiempo pasaba y más cosas me enseñó fue Saúl. Anécdotas tengo
muchas, desde sus palabras diciéndome “pero hombre a quién se le ocurre
venir a regar papas con unos Levis” u otra vez tras una accidentada
caída, de la cual todavía tengo cicatrices en las manos, mientras me
curaba con agua oxigenada me regañaba “no se puede venir al campo con
chanclas” pero era verano, y yo estaba acostumbrado a usarlas.
Año tras año el grupo de amigos se iba
ampliando más y más, algunos venían de lejos, desde Barcelona, desde
Bilbao, o incluso de Francia, los mirlos emigrantes, como nos decían,
participando cada vez más en la vida del pueblo.
En invierno, nos juntábamos en la Laera, a
ver películas de video en una televisión de unas hoy ridículas 14
pulgadas y al calor de la chimenea, pero era como el mejor de los cines,
o en la casa inacabada de Crisanto, o en el cuartel de muchas fiestas
que se convirtió la casa de mi querida Vane. Recientemente hemos podido
disfrutar de los conciertos que Pepe y Mariano nos han traído creando
una oferta cultural difícil de encontrar en grandes ciudades y que,
junto con otras muchas actividades, han dado lugar a lo que algunos
llaman la capitalidad cultural del Valle del Genal.
Un apartado especial en mi memoria merece
la Fiesta de Moros y Cristianos. Un conjunto de sentimientos vividos
cada año, con su apertura a todos, guardo en mis recuerdos la emoción
que desde niño despertaba escuchar la traca y ver a los soldados tomando
el ayuntamiento pensando si algún día podría ser yo quien subiera la
reja. Aún recuerdo la primera vez que me vestí de moro y pasé la noche
sin dormir. El traje de cristiano estaba más cotizado, había que ganarse
los honores, no era fácil conseguir un puesto de soldado, pues eran
pocos los escogidos. Y el paso final de participar como actor en la
fiesta, me llegó empujado por Antonio Viñas quien una noche de feria de
Benadalid me dijo “tú tienes que hacer un papel” y a mí me pareció un
honor al que no podía negarme.
Pero no todo son buenos recuerdos y
alegría, pues Benalauría también nos derramó un jarro de agua fría. El
lado más cruel de la vida llegó cuando, de repente, todos los zagales
sentimos de cerca lo más temido, lo que nunca crees que puede pasar a un
igual, maduramos de repente, tuvimos que hacernos mayores de pronto pues
nos fue arrebatado cruel y traicioneramente uno de los más queridos del
grupo, David todos llevamos un poco de ti en el corazón. Aprovecho
también para mandar un recuerdo a todos los que ya este año no nos
acompañan (María Almagro Calvente, Encarnación Díaz Calvente, Isabel
Vallejo Arroyo, José Sierra Bolaino y Josefa García Florido), pero con
más efusividad doy la bienvenida a los nacidos este año (Manuel Márquez
Guerrero e Inés López Galán).
Y crecimos, cada uno con su trabajo, con
sus obligaciones, pero procurando reunirse en la plaza en los días de
feria, algunos empeñados en no crecer estuvieron dando bandazos, pero
los años transcurren sin remedio. Hemos vivido ya bodas, nacimientos,
bautizos y cumpleaños de los hijos de algunos de esa gran pandilla.
En Benalauría he conocido también la
experiencia de participar directamente en la democracia y comprobar que
trabajando, con esfuerzo y juego limpio se puede vencer y convencer.
¡Qué mejores mensajes para trasmitir a las generaciones futuras! “el
esfuerzo vale la pena”, “la constancia es necesaria para conseguir lo
que se desea”. Hoy tenemos aquí ejemplos de ello, contamos con personas
que con su afán de superación han conseguido llegar a ser lo que
deseaban a base de esfuerzo, algunos sois empresarios, Paco es ya hoy un
gran policía nacional, o Reme se ha convertido en profesora de instituto
a base de tesón y sacrificio.
Ahora que entramos en tiempos de
dificultades, de crecimiento lento, de desaceleración acelerada, de
crisis, o de recesión sé que Benalauría, con su espíritu de trabajo y su
capacidad para reinventarse superará las dificultades que acontezcan.
Termino ya con la reflexión, es difícil
escoger cuál es la razón por la que decidí pasar cada vez más tiempo en
Benalauría, podría tratar encontrarla:
Creo que no fue sólo por la belleza del
paisaje que nos rodea, por el aire limpio o las cristalinas aguas del
río O PUEDE QUE SÍ.
Creo que no fue por olvidar el reloj y la
televisión durante semanas mientras estaba aquí O PUEDE QUE SÍ.
Creo que no fue por las acampadas, ni por
las ferias, ni por el cielo estrellado O PUEDE QUE SÍ.
Creo que no fue por vivir, sentir y
participar en los Moros y Cristianos O PUEDE QUE SÍ.
Creo que no fue sólo por los amigos hechos
O PUEDE QUE SÍ.
Creo que no fue sólo por enamorarme y
conocer el amor verdadero O PUEDE QUE SÍ. Muchas gracias. ¡VIVA SANTO DOMINGO y VIVA BENALAURÍA!
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