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Benalauría
se encuentra situada en el Valle del Genal Medio, Serranía de Ronda, Málaga, con una superficie municipal de
1.976 ha, a 667 m. de altitud, con una población de derecho de 521 habitantes, ofreciendo una media de pendientes del 39 %. Su término se extiende desde el Río Guadiaro al oeste, al Genal, al este, formando una lengua delgada que se alarga en las orillas del aquel río en sentido SW, hasta alcanzar la Hoz de las Buitreras.
La litología dominante es de rocas metamórficas en el Genal (esquistos, filitas, grawvacas con niveles calizos) y de calizas, margocalizas y arcillas en el Guadiaro. El interfluvio de ambos ríos está ocupado por una Dorsal con calizas, dolomías y margas.
El clima es muy suave y bastante húmedo, con medias anuales en torno a los 14 º C, en enero unos 8º, julio 24º, y por tanto con una oscilación térmica de 16 ºC. Las precipitaciones sobrepasan los 1200 mm, siendo más frecuentes en otoño e invierno, con las advecciones húmedas del W y SW.
La especial configuración litológica y la orientación propician la existencia de dos paisajes muy diferentes (CASTILLO RODRÍGUEZ, 2002):
· Las laderas metamórficas, abarrancadas y redondeadas, dan lugar a una arboricultura muy variada que se distribuye según la orientación solana-umbría. En la solana, olivar y almendros; en los
nortes, castaños, cerezos y ciruelos. Donde haya manantiales y en las cercanías de los arroyos, existen bancales en regadío de cítricos. Estos campos o ager se hallan intercalados, a modo de mosaicos, entre los restos del bosque autóctono (alcornoques, encinas y quejigos) o saltus, formando un bello conjunto con ricos cromatismos que abarcan casi toda la gama de los verdes. En las orillas del Genal se fundamenta una asociación molinería-huerto que jalona con una antigua dispersión humana ambas orillas, hecho común a todo el río, y ya desaparecida.
· En el Valle del Guadiaro las pendientes se suavizan y, desde los 800 m, aparecen los viejos campos de labor secano, hoy forrajeras o pastizal, entre los cortijos de sierra que, muy numerosos, dan lugar a una dispersión intercalar, con algunos diseminados de cierta importancia como el de Siete Pilas. Estos campos de cereal fueron el complemento alimentario para el otro lado de la Sierra, estableciéndose un denso tráfico de granos y frutos a lomos de las recuas de los arrieros. La actividad ganadera, sobre todo la montanera del cerdo, era y es muy importante por cuanto numerosos bosquetes de encinas y quejigos reverdecen entre los ager: he aquí una presencia del agroecosistema de la dehesa en estas
tierras. Las surgencias de agua dieron lugar igualmente a una organización de espacios regados, fundamentalmente maíz, que se regulaban mediante un Alcalde del Agua. En las orillas del Guadiaro numerosas huertas ofrecían la producción de manzanas y ciruelos, aunque hoy día apenas quedan restos de esta arboleda.
La historia de este pueblo se remonta a la invasión musulmana pues no existen datos, ni restos que avalen la existencia de algún asentamiento en la época antigua. Sabemos que la presencia romana se fundamenta en este valle a través de la vía
Genal-Turón, que desde Gibraltar alcanzaba hasta el interior de las planicies rondeñas, vía que fue señalada por Gozalbes Cravioto, que identifica la ciudad de Vesci con un asentamiento del Cerro de la Laguna, en el vecino Algatocín, mientras que Ramón Corzo la identifica con Gaucín. Por otra parte, quizá el origen del castillo de Benadalid sea el asentamiento de una turris romana. Con estos datos, podemos afirmar que los únicos restos preislámicos del municipio son los que responden al denominado “columbario” del Cortijo del Moro, en el Valle del Guadiaro, que el vulgo identificó desde siempre con un “tesoro de los moros”, pero no existen, por el momento, otras noticias de asentamientos prerromanos o romanos.
Así pues, es a principios del siglo VIII, cuando las tribus beréberes (Hawwara, Maggila, Saddina, Nafza) se asientan en este valle, jalonando las laderas con una serie de qurà o aldeas que llevan el nombre de sus linajes. Uno de estos, los Banu-l-Hawria, dieron nombre a este pueblo (MARTÍNEZ ENAMORADO, 1999).
Estos pobladores se establecen a media ladera, hecho común a toda la montaña mediterránea, con una arboricultura de vertiente laboriosa y variada, y con bancales de regadío bajo los manantiales, formando lo que denomina Miquel Barceló una línea de rigidez, bajo la que se establecen los riegos por gravedad sin poder ser ser acrecentada, por encima de la cual apenas existen cultivos, y sí la silvicultura y el pastoreo.
Tras la conquista cristiana, en 1485, los moros permanecen en calidad de mudéjares bajo la jurisdicción señorial de los condes de Feria, hecho que no trastoca el agroecosistema. La revuelta de 1501 afectó sobremanera Sierra Bermeja y tuvo su reflejo en esta población, que bajó de 45 a 28 vecinos (LADERO QUESADA, 1993), aunque la mayoría permaneció en su lugar, ahora como moriscos. La expulsión definitiva de éstos se realiza tras las revueltas de 1570, que alcanzaron gran virulencia en esta parte de la Sierra, y que aquí se tradujo en la práctica
desaparición de la antigua población, repoblándose ahora Benalauría con gentes del Valle del Guadalquivir y Sierra Morena. Junto con
Benadalid, siguió estando sujeta a jurisdicción señorial, con las casas de Alcalá y, finalmente, de Medinaceli.
En el siglo XVIII los efectivos humanos crecen desde 383 a 885 en 1787 (RODRÍGUEZ MARTÍNEZ, 1977), gracias a las favorables condiciones económicas del momento, que propician la extensión del cereal y de la arboricultura, especialmente del viñedo y, más tarde del olivar: es el momento de la construcción de las almazaras de sangre e hidráulicas que aún existen. Es también la época en que se reconstruye la iglesia y se realizan las obras de la Plaza, del Ayuntamiento, Pósito de Labradores y otros edificios, cuyo bello conjunto dieciochesco aún se puede admirar, y que sirvieron de modelo a otras casas de parecida organización que aún conservan la fachada.
Durante el siglo XIX, el crecimiento de la población prosigue, con altibajos, (es preciso hacer mención aquí de la especial dureza del conflicto con Francia, que tuvo en estas serranías momentos dramáticos, con los ataques de los guerrilleros y las consiguientes represalias francesas) hasta superar el milenio de efectivos. La caída de la vid a causa de la filoxera y la competencia de otras zonas no tuvo aquí las dramáticas consecuencias que se observan en otras poblaciones, primero porque nunca ocupó una extensión relevante, segundo por la rápida sustitución por otros árboles de secano.
Ya en el siglo XX, asistimos al canto de cisne de la ocupación de esta porción de la montaña de Málaga (GÓMEZ MORENO, 1989), con la máxima extensión del cereal y olivar, y los nuevos cultivos de cítricos, propiciados por la política autárquica del régimen franquista, y como consecuencia del aislamiento y las dificultades de aprovisionamiento para una población que seguía creciendo. Desde finales de los 50, la crisis de la montaña se ceba duramente con las poblaciones de valle, con la concatenación de una serie de factores:
· Aparición de la peste africana que arruina la cabaña porcina.
· Caída de precios agrícolas como consecuencia de modernización de las estructuras agrarias: las zonas de montaña no pueden competir con la moderna agricultura comercial.
· Descapitalización del campesino a causa de esta caída y de la pequeñez generalizada de las propiedades.
· Incapacidad de suplir la maquinaria con una mano de obra cada vez más cara, con el señuelo de los altos salarios de la vecina Costa del Sol.
· Fin de las actividades del monte (carbón, cal, leña...), y como corolario, ruina de los arrieros y de gran parte de las actividades complementarias de los jornaleros y pequeños propietarios.
· Todo lo anterior nos lleva a la emigración, al desarraigo, al envejecimiento de la población, en suma, a la desarticulación de la vida campesina: Benalauría tenía en 1950, 1239 habitantes, por sólo 521 en 1996.
En la actualidad, la política agraria de la UE pretende la salvaguarda de la montaña manteniendo población rural. Se potencia el desarrollo sostenible apartir de los propios recursos, con inversiones de capital que generen expectativas entre las cohortes más jóvenes, que podrán beneficiarse del desarrollo del ecoturismo, de la potenciación de las artesanías, las pequeñas agroindustrias y obradores, la agricultura ecológica a tiempo parcial, en suma, de la puesta en marcha de una nueva política que huya del subsidio y la limosna y sea capaz de sacar del abandono y el atraso estructural a estas pequeñas comunidades.
En este sentido, Benalauría es un pueblo pionero, pues en su término municipal hay instaladas ya hasta nueve cooperativas de artesanía de la madera, la cerámica, la forja, construcción, alimentarias flor y exorno, así como otras derivadas de la hostelería, que han frenado en seco el proceso migratorio. La población se ha estabilizado, al menos en las cohortes más jóvenes, y en el horizonte aparece un camino alternativo al desarraigo. Para ello es preciso perseverar en estas tendencias, a la par que seguir aspirando a que el territorio y el paisaje, apenas tocados por el actual modelo desarrollista, sirvan de reserva y traspaís a la gran aglomeración costera.
José Antonio
Castillo Rodríguez.
PEPEGENAL@terra.es
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