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¡Jabatos y jabatas!
¡Gracias! Con esta palabra quiero empezar mi
pregón. Es la única que se me viene a los labios y al corazón en
este momento en que os hablo, en el que quiero cantar las
fiestas de Moros y Cristianos de nuestro pueblo, nuestras
fiestas patronales dedicadas a Santo Domingo de Guzmán. Quiero
cantar a nuestra tierra, la joya más preciada de la Serranía,
que alza su vuelo de amor hacia el azul infinito, desde la
infinita blancura de sus casas a la sombra de los castaños.
Es la primera vez que me dirijo a vosotros sin
ser Alcaldesa de Benalauría. Este ha sido el honor más grande de
mi vida y los años que he dedicado al servicio de nuestro pueblo
han sido los más gratificantes, los que más felicidad me han
dado. Os confieso que la emoción que siento en este momento me
hace difícil expresar lo que mi corazón desea transmitiros, todo
mi amor, todo mi respeto y toda mi gratitud.
Pregonar es alzar la voz para proclamar lo que
creemos y sentimos y yo quiero pregonar a este lugar
privilegiado, a sus gentes maravillosas, festivas y sobrias,
alegres y laboriosas, vosotros sois la sangre y el nervio de la
tierra, de este paraíso del Valle del Genal del que nuestro
pueblo es, como se decía en el Siglo de Oro, la “linda tapada”.
Benalauría se oculta, juega al escondite con el visitante, que
sólo puede apreciarla en su conjunto desde el otro lado del
Valle. Con coquetería, con mimo, el caserío se derrama por la
pendiente entre el verde de los castaños, verde en todos sus
matices, paleta única para un pintor divino, verde, el color de
la esperanza que nos ensancha el ánimo y que nos hace mejores
porque la naturaleza ha sido pródiga y vertió el cuerno de la
abundancia en esta ladera en la que nos asentamos como el águila
en la montaña, aunque yo siempre he pensado que Benalauría es
paloma de paz y de convivencia.
“Conciencia del Valle” se ha llamado a nuestro
pueblo y es una denominación muy exacta porque el amor que
sentimos por nuestra tierra ha permitido que el paso de los
siglos haya respetado este paisaje sin igual y esta maravilla
de arquitectura popular que son las casas que se abrazan a la
tierra, que se adaptan de manera admirable al entorno y cuyos
interiores son sorprendentes en su sencilla belleza. Este
patrimonio hay que preservarlo como hasta ahora se ha venido
haciendo, de manera natural, por el sentido estético de todos.
Si expresara en este Pregón las anécdotas, las
vivencias de estos años, mi discurso desbordaría con mucho los
límites que el tiempo del pregonar requiere. Sólo os diré que
cada vez que cruzaba la puerta de nuestro ayuntamiento, ese
edificio de ladrillo y reja, reflejo de la España ilustrada,
sentía renovado mi compromiso con todos vosotros y mi voluntad
de trabajar por el progreso de nuestro pueblo; pero, con mucho,
es con las gentes, las buenas gentes de Benalauría, con las que
más he sentido que el ayuntamiento es, como definía el Rey
Alfonso X el Sabio, la unión de los vecinos para, de forma
abierta y democrática, tratar aquellos problemas que les
incumben.
Cuando, como es nuestro caso, nos conocemos
todos, la relación es directa y emocionada y yo me he emocionado
muchas veces escuchándoos, de la misma manera que me emociono
ahora, cuando los Moros y los Cristianos están preparados para
celebrar a nuestro patrón.
Un linaje árabe dio nombre a nuestro pueblo
cuando allá por el siglo octavo las nuevas gentes se instalaron
en el Valle, muy cerca de los restos romanos que hasta aquí
llegó la civilización clásica. Después de siglos, Benalauría fue
conquistada en 1485 y aquí, fiel a los pactos, quedó la
población de mudéjares y formando parte de las posesiones de la
casa ducal de Feria. En 1501 tuvo lugar la revuelta de Sierra
Bermeja, que es la que da pie a la fiesta.
Durante los siglos XVIII y XIX, especialmente en
el primero, el pueblo prosperó al mismo ritmo que lo hacía la
agricultura, variada y rica. En el XIX, estas sierras vieron la
bravura de los guerrilleros que pusieron en jaque a las tropas
francesas. En el siglo XX tuvimos momentos de decadencia pero
hoy el futuro se nos presenta lleno de posibilidades.
El turismo rural y ecológico tiene entre nosotros
un lugar privilegiado, el senderismo, todo lo que se refiere al
disfrute de la naturaleza encuentra en Benalauría un lugar
único. Debemos ser el equilibrio frente a la masificación de la
costa, debemos ser una opción hacia lo diferente, lo singular.
Además, la laboriosidad de nuestro pueblo es
especial y extraordinaria. Esa laboriosidad es la que permite
desde la elaboración de las flores secas hasta los más refinados
tratamientos de la madera en todas sus formas artísticas pasando
por las artes de la alfarería, el pan de verdad, el de horno de
toda la vida y las confituras. No os podéis imaginar la alegría
que me da cuando veo nuestras castañas y nuestras mermeladas tan
valoradas por su calidad y por el respeto al medio ambiente.
Sostenibilidad es el nombre del futuro, calidad
de vida es el lema y trabajo para todos el objetivo fundamental
que nos debe mover a todos los jabatos, a todas las jabatas, que
no es casual el nombre. La Real Academia define la palabra como
atrevido, osado y valiente. En efecto, así es, así somos.
Sabéis que en nuestro pueblo la gente joven no ha
emigrado, sabéis que la población no ha descendido, sabéis de
los esfuerzos de todos y este es el mejor recuerdo que guardaré
siempre en mi corazón. He hecho todo lo que podido para que
Benalauría siga vivo, continúe su más que centenaria historia
con toda la ilusión. Esa historia viva que guarda con primor el
Museo Estnográfico del pueblo que es mucho más que un
equipamiento cultural.
Santo Domingo de Guzmán, el dominico inflamado
por la fe, el can de Dios como gustan de llamarse los miembros
de la Orden, preside el retablo de nuestra iglesia, la que se
iniciara en el siglo XVI y se culminara con sobriedad neoclásica
en el XVIII. Santo Domingo se caracterizó por el amor a los
demás y por una fe militante. Cuando los cristianos llegaron lo
trajeron consigo y aquí se quedó encantado entre tan buenas
gentes para ejercer su patronazgo.
El pueblo, sin embargo, no ha querido olvidar sus
raíces árabes y creó esta fiesta de Moros y Cristianos, que es
fiesta de verdad porque en ella todos somos actores y
espectadores, que es fiesta de hermandad, fiesta total en la que
el pueblo se transforma en teatro para que los versos del
romance suenen entre las gentes, moras y cristianas que acabarán
llevando en triunfo a Santo Domingo.
El texto de la obra que se va a representar
refleja la tensión de los hechos históricos que sucedieron hace
siglos y también expresa la concordia que esa misma historia
trajo a este pueblo. La Fiesta de Moros y Cristianos es motivo
de que Benalauría se vista de color y recuerde su pasado desde
su presente lleno de ilusión. Todos debemos participar, cada uno
a su manera, que eso es la fiesta total, la que para el reloj y
nos deja el tiempo del corazón, el más importante, el del amor a
nuestras tradiciones.
Las imágenes de la fiesta me vienen a la memoria
y mucho más el esfuerzo de todos, la ilusión de hacerse los
trajes, de aprender de memoria el texto, de escenificar la
batalla, el tremolar de los pendones, los gestos, el ruido de
los petardos imitando la fusilería, las flores que adornan el
trono del patrón, nuestro cielo, nuestra vida en suma que se
hace alegría desbordante por las calles y en la plaza, escenario
natural para el desenlace de los hechos.
El Pregón llega a su fin. Empecé con la palabra
gracias y con ella quiero acabar. Gracias por este honor. Que
Santo Domingo, nuestro patrón, nos ayude en el trabajo de todos
los días, que Benalauría siga progresando en paz y en
abundancia, que os tengo siempre en mi corazón, que espero que
me guardéis un lugar en los vuestros.
Es del Valle la reina,
Es fuente de la vida,
Es de fiestas alegría,
Es de abundancia pródiga.
Es Paraíso de la Sierra,
Sueño de poeta
Y bandera verde y azul,
Es Benalauría.
¡Viva la Fiesta de Moros y Cristianos!
¡Viva Benalauría!
He dicho.
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