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Buenas noches
Benalauría y visitantes. Este año me ha tocado a mí estar aquí
como pregonera de la feria 2003, de lo cual estoy orgullosa
porque como del pueblo que me siento, tanto como cualquiera de
vosotros, es un honor para mí poder hacer el pregón este año.
Me gustaría que
supierais lo que para mí significa el pueblo, mi pueblo. Es un
rincón en el que tengo a mi familia y amigos, que para mí es
especial, y al que llevo en el corazón, y eso, creo, que sólo lo
pueden sentir personas que como yo, no estamos permanentemente
aquí, sino que venimos de vez en cuando, a pasar un fin de
semana o unas vacaciones y que no queremos que llegue el final
para volver a donde realmente vivimos. En el pueblo somos muchos
los que estamos deseando encontrar un hueco para venir a veros.
La gente que vive aquí no sabe apreciar lo que tienen, porque a
menudo he oído comentarios como: ¨estoy harto del pueblo¨ o
¨tengo ganas de irme de aquí¨. Yo creo que lo dicen
inconscientemente porque si realmente lo sintieran así se irían,
pero no, hay algo aquí que les retiene, y es la belleza del
pueblo, su gente, todos sus rincones: la plaza, el pico, las
parras la plazoleta, la albarrá o el fresnillo. Seguro que si
nos ponemos a pensar todos gozamos de un rinconcito que nos trae
buenos recuerdos. Yo por ejemplo tengo muy buenos recuerdos de
mi infancia aquí en la plaza jugando con los amigos, paseando en
bicicleta... las personas mayores regañándonos porque estábamos
molestando. Jugábamos al escondite, pero nunca acabábamos porque
podíamos escondernos por todo el pueblo y el que se la quedaba
nunca encontraba a todo el mundo porque seguro que había alguien
escondido en la carrasca o en el grupo. Jugábamos a saltar el
potro, pero el potro éramos nosotros, al pilla-pilla, a la
comba... Juegos que hoy se han perdido y que nadie juega a
ellos.
También recuerdo las caminatas al río que hacíamos en el verano,
la pereza que daba después de estar allí todo el día, venirnos
andando para arriba. Las excursiones a los arroyos mientras los
niños nos espiaban desde la carretera porque no los dejábamos
que vinieran con nosotras... Son cosas que parecen
insignificantes, pero que para mí no lo son, porque cuando estoy
fuera las recuerdo y me sirven para llenarme de alegría y sentir
que tengo un pueblo con una gente que no los cambiaría por nada
del mundo.
Benalauría tiene
algo que para mí es especial, y es el calor que la gente da a
todo el mundo y el cariño que se desprende, sobre todo en estos
días de feria que es cuando todos los que vivimos fuera queremos
estar aquí disfrutando de nuestra gente y de nuestras fiestas.
Lo que más llama la atención de ellas son los Moros y
Cristianos, un festejo que resulta llamativo, porque hay ya
pocos pueblos que conserven tradiciones como ésta, que para
nosotros es tan especial, porque es el día grande en Benalauría,
la noche que no se duerme, se baila y se bebe aguardiente, pero
por la mañana estamos todos dispuestos a seguir a nuestro patrón
Santo Domingo de Guzmán, al que hoy y desde hace tres años le
acompañan estos Dominicos para los que pido un ¡ole! Por saber
estar ahí.
No me podría imaginar un año sin poder venir a la feria, sin
poder estar unos días antes de que comience y sentir ese
ambiente que se vive y ese aire que huele a fiesta. El turronero
poniendo su puesto, la barra recién montada, los mayordomos,
entre los que este año me encuentro, poniendo los farolillos y
dándole los últimos retoques al tablao. Es algo que siempre he
vivido y me gustaría seguir viviendo durante toda mi vida, y si
por alguna circunstancia algún año no puedo estar aquí, de
verdad que os echaría mucho de menos porque para mí la feria es
algo que ansío durante todo el año y solo de imaginar que un día
como hoy tuviera que pasarlo fuera sentiría mucha pena nada más
de pensar que todos estáis aquí en el lugar que más quiero y no
puedo.
Ya que he hablado mi mayordomía este año, decir que la junta ha
querido estar un poco más pendiente de los mayores y los niños y
recuperar viejas tradiciones que hacía años que no se veían
aquí, como el baile de la escoba, la traca infantil... son cosas
que a ellos les hace ilusión que se lleven a cabo, porque parece
que en los días de feria sólo nos acordamos de los jóvenes, y
no, ellos también están ahí, y quieren disfrutar de la fiesta
tanto como cualquiera de nosotros.
Hoy recuerdo que
cuando era pequeña ponían justo aquí, en la puerta del banco,
las volaoras, el único cacharrito que ha venido al pueblo y en
el que nos los pasábamos muy bien. Para posteriores juntas de
festejos me gustaría proponer que intenten recuperar antiguas
tradiciones, y que la feria a la vez de mejorar año tras año,
vuelva un poco atrás, a lo que tanto nos gustaba y de lo que hoy
no gozamos.
Concluyendo quisiera decir que esta noche no me tocaba a mí
estar aquí, había otra persona que iba a hacer el pregón pero
que por circunstancias no ha podido, él sabe que me refiero a
él, y me gustaría darle ánimos para que pueda estar aquí, en el
lugar que hoy me encuentro yo, otro año. También agradecerle el
poder estar hoy aquí como vuestra pregonera.
Ya sólo deciros que paséis una feliz feria y disfrutéis de ella
todo lo que podáis y gracias por asistir al pregón de este año.
Y lo más importante: ¡VIVA SANTO DOMINGO, VIVA BENALAURÍA! Y que
empiece la fiesta. |