Publicado en el número 23 de la revista La Serranía
Hay pueblos en nuestra Serranía que son tan pequeños que no tienen droguería, panadería, zapatería, mercería, estanco, frutería, carnicería..., sino que lo tienen todo en el mismo sitio.
Ésta es la tienda de Rosa María, en Benadalid.
La atiende ella y su hija pequeña que, a pesar de ser joven, afirma que el negocio le interesa bastante. Es la única tienda del pueblo desde que hace unos ocho meses cerraron otra que había en la plaza.
Rosa María dice que ella tiene mucha clientela, todo el pueblo, y que le va bastante bien, que vende muchísimo. Hay que entender que ella no priva a los vecinos de su pueblo, y clientes a la vez, de nada de lo que les pueda ofrecer el mercado.
Es muy grande el local donde tiene la tienda. Es su propia casa, toda rodeada de jardines. Allí, en la primera parte, encontramos cosas de las que normalmente se compran en cualquier mercería o tienda de regalos, menaje y ropa del hogar, material escolar, zapatos, hilos, lanas, algo de ropa... Luego, en la parte de droguería, perfumes, detergentes para la limpieza del hogar y la higiene personal... En la parte de alimentación, carnes, frutas y verduras, productos congelados y panes. Además, cuenta con un gran surtido diario de repostería artesanal de productos de “La Maquila”, de Jimera de
Líbar.
Por último, también está el pequeño estanco para la venta de tabaco y sellos.
Es decir, sin tener que especializarse en nada, hay de todo. Es como El Corte Inglés de Benadalid.
Cuando más personas se juntan en la tienda es por la mañana, a la hora de recoger el pan para el desayuno.
Al ser éste el único sitio del pueblo adonde va todo el mundo (mayores y menos mayores), es un lugar en el que se hacen muchos saludos y donde suelen verse los vecinos del pueblo.
En el verano la tienda cambia un poco, porque Rosa María trae también chanclas, flotadores, colchonetas para el agua, juegos acuáticos, ropa de verano... Y, cuando llega la Navidad, trae todo lo que típicamente se vende en estas fiestas: turrones, mantecados, licores... y hace una gran exposición de juguetes y regalitos para Reyes.
Rosa María y su hija no se quieren ir de su pueblo, ni a la Costa ni a otro sitio. Trabajan mucho, y en verano aún más porque la población del pueblo se duplica; pero a ellas no les importa. Tampoco cuando fuera de horario alguien necesita comprar algo que les es importante. O en el verano, como no hay kiosco, pues los chiquillos por las noches quieren golosinas o helados.
Una vez más conocemos una familia de nuestros pueblos con intención de permanecer en él y sabiendo ganarse la vida. Seguro que a muchos de los vecinos de nuestros pueblos que viven en la emigración también les gustaría poder tener un trabajo en el pueblo y no tener que marcharse cuando acaben las
vacaciones.