Pablo Aral Publicado en el número
7 de la revista El Genal en diciembre de
2000
La
Palabra Hay veces que la
escritura nos ayuda a mejorar nuestro estado de ánimo, y por supuesto
a expresar libremente lo que sentimos ya que la palabra siempre está
supeditada por barreras ficticias que hemos creado para protegernos de
las situaciones que día a día se nos presentan.
Aunque el hablar
siempre ha sido una gran ayuda para el interior, el no poder decirlo todo,
lo maltrata hasta el punto que llega a diezmarlo hasta límites insospechados.
Tomando estas premisas como base, intentaré disponer de lo que va
fluyendo por mi cabeza y plasmarlo en el desértico papel que se
encuentra frente a mi en esta tarde otoñal.
Muchas veces me
he preguntado ¿por qué es tan difícil llegar a conocerse
uno mismo?, sobre todo si tienes en tus manos el material necesario para
ello. Quizás la solución está en llegar a aceptarse
del todo, y no tratar de luchar diariamente sobre lo contrario, y poder
cauterizar la herida constantemente abierta por falta de coagulantes orales,
o simplemente borrar la palabra taciturno del diccionario de nuestra mente,
para que las barreras antes mencionadas pasen a ser nimios recuerdos del
ayer.
Ahora voy a intentar
poner en práctica lo que he escrito, y a la vez espero que hagáis
lo mismo para que la palabra sea vuestra aliada.
Amistad Curiosa palabra
que podría tener mil definiciones distintas pero con un mismo denominador
común «el amor». Intentar desligarlo de la amistad,
sería cortarle el resuello a los sentimientos, ahogarlos antes de
que florezcan y por supuesto quitar la fortaleza que irradia esta palabra
tan especial y necesaria en las relaciones humanas.
Es erróneo
buscar a un amigo/a, ya que éste normalmente se encuentra sin hacerlo
y cuando así es, el trabajo que se pensaba utilizar en la búsqueda
hay que emplearlo en conservar aquello que has encontrado, para que de
alguna manera el resultado sea el de un constante encuentro por ambas partes.
Normalmente no me gusta recurrir a las citas, pero en este caso voy a recordar
a Barthelemy en una frase que define a mi parecer este estado social y
espiritual:
«Cuando estamos
con un amigo, ni estamos solos ni estamos dos».
Algoritmos ¿Posibilidades?,
¿intenciones?, ¿casualidades del azar?
Preguntarse esto,
sería como atribuirles algo especial aunque dudo mucho que lo tengan.
Intentar ser partícipe
en el mundo de lo rocambolesco, supone hacer un destierro parentorio de
lo que día a día hemos forjado, (a veces sin el material
adecuado) convencidos totalmente de que lo que hemos hecho es realmente
aquello que en un momento dado nos habíamos fijado como «la
mejor meta posible». Ahora ante esta controversia, ¿podríamos
diferenciar el mundo real del ilusorio?, ¿estamos dispuestos a ser
ecuánimes ante las distintas magnitudes que constantemente nos invaden?
Ante esto, lo mejor es dejar lo relativo para los físicos y los
algoritmos para los matemáticos.