Inmaculada Jiménez Publicado en el número
5 de la revista El Genal en octubre de
2000
El actual Bar-Restaurante Los
Labraos era una finca de labranza a la que, según recuerdan los
antiguos, acudían los alumnos de la escuela a hacer la instrucción
hoy día llamada gimnasia.
Esta finca fue adquirida por Andrés
e Isabel hace aproximadamente doce años.
En un principio Andrés
construyó allí un almacén de materiales necesarios
para su trabajo. Sin embargo desde hacía algún tiempo tenía
en mente algunos proyectos, y con la ayuda de la iniciativa Leader I pudo
llevar a cabo alguno de ellos. Dicho plan le subvencionó el centro
artesanal, el cual se compone de una tienda artesanal y otra agroalimentaria
destinada a la exposición y venta de productos. Por cuenta propia
crean el restaurante, pues al estar ubicado junto al centro artesanal pensaron
podría tener salida. Así según ellos ha ido funcionando
cada vez mejor.
Después de cinco años
es un gran orgullo para la familia el ver como cada vez Los Labraos son
más conocidos, pues no sólo cuentan con clientes de paso,
los cuales son habituales por su situación a pie de carretera, sino
que son ya muchos los que suben o bien de la Costa del Sol o del Campo
de Gibraltar, los cuales deleitados tanto por el sentido de la vista, puesto
que se encuentra inmerso en el pleno Valle del Genal, como por el paladar.
De entre los platos que se pueden
degustar en Los Labraos, destacan los elaborados a base de carne como por
ejemplo: cordero con ciruelas, rabo de toro, chuletas de cordero, carnes
frescas a la brasa, lomo al horno. Y de entre los elaborados con pescado
destaca el bacalao a la cazuela.
Todos estos platos están
elaborados con cariño y esmero, pues los cocineros intentan en todo
momento aderezar los platos como desde antaño se ha venido haciendo
y pensando siempre qué especias se adaptan mejor a cada tipo de
carne.
Como se ha dicho anteriormente,
es un trabajo con base familiar. En él trabajan el matrimonio formado
por Andrés e Isabel, sus dos hijos, un chico del pueblo de Benalauría
de camarero y una señora que sube del pueblo, Benadalid, los fines
de semana y festivos para ayudar en la cocina.
Según opinión de
la familia, es un trabajo bonito, en el que se conoce a mucha gente, pero
a la vez muy sacrificado, pues hay que trabajar en fiestas y días
en los que la mayoría de la población está de descanso
y no sólo por esto, sino también porque hay que ser muy activo.
La temporada alta de este negocio
aquí en la sierra es el invierno.
Además del centro gastronómico
y artesanal Los Labraos, esta familia posee un par de casas rurales, para
alquiler en el centro de su pueblo, Benadalid.
En referencia al futuro de los
pueblos y sus salidas laborales, el cabeza de familia, y precursor de toda
esta infraestructura turística, Andrés, piensa que habría
que fomentar la oferta complementaria de la zona. Sería interesante
crear rutas en el campo, pues estas son cada vez más demandadas,
ya que el turista no sólo se conforma con venir a dormir a una casa
rural. Sino que cada vez más es un elemento activo del turismo al
que le gusta en todo momento ser participativo y tener contacto con la
naturaleza, con las gentes de aquí...
Esto es muy importante, pues según
él, el turismo no hay que descuidarlo, en un futuro será
la principal fuente de recursos económicos aquí en la zona,
y habría que buscarnos la forma para que la Serranía de Ronda
siempre fuese un destino turístico y no quedase olvidado en el recuerdo
de algunos.
Benadalid es un pueblo en el
que sus familias podrían subsistir gracias a las tareas agrícolas,
sin embargo hoy día a esto sólo se dedica la población
más adulta, son muy poco los jóvenes que viven del campo.
Ellos se decantan más por la construcción o por algún
trabajito en la Costa.