Publicado en el número 23 de la revista La Serranía
Es bastante curioso cómo en nuestra sociedad se van estableciendo categorías para todo: profesionalmente, familiarmente, amistosamente...
Que ésta sea una aptitud generalizada no quiere decir que eso sea positivo, sino más bien que atiende a cuestiones discriminatorias.
Hay profesiones que quizás por el esfuerzo y en épocas pasadas por la poca remuneración que aportaban, no son tomadas como opciones laborales por los jóvenes. Es el caso de la agricultura.
En el pasado eran muchos los hombres de nuestros pueblos que se dedicaban a la agricultura, es verdad que pasando muchas calamidades, pero hay que tener en cuenta que esta profesión es una de las bases del desarrollo de nuestra sociedad, porque el producto resultante es un alimento, y que hoy en día existen varias ayudas gubernamentales para apoyar a los jóvenes agricultores.
También es verdad que no es lo mismo un pequeño agricultor que alguien que posee una gran extensión de tierra.
La cuestión es que son muy pocos los jóvenes de nuestros pueblos que encuentran una alternativa en la agricultura para poder vivir en el pueblo y ejercer un aprovechamiento de los recursos.
De Atajate es Julio Sánchez, y este joven ha optado por la agricultura.
Ha tenido distintos oficios hasta que se decidió por la agricultura como un modo de continuar con la profesión de sus antepasados y una forma de ganarse la vida en la comarca y no tener que bajarse a la Costa.
Cultiva viñedos y, con su proyección de futuro, tiene previsto dentro de un par de años conseguir elaborar un buen vino.
Lo hace todo: sembrar, arar, regar, desparasitar,... todos los días tiene que trabajar, incluidos los sábados y domingos, pero no le pesa porque está muy esperanzado.
Él viene de una tradición de viñadores, oficio muy habitual en Atajate hasta finales del siglo XIX, y, a pesar de su ilusión, no deja de reconocer que es una profesión un poco arriesgada, ya que intervienen una serie de factores un poco incontrolables a nivel personal, como es la cuestión del clima.
Julio ve ahora mismo en el viñedo de la Serranía de Ronda una salida profesional para muchos jóvenes que tengan capacidad de riesgo y que quieran quedarse en la zona. Reconoce que no es fácil, porque en un principio no hay nada de rendimientos, y en la Costa se está ganando mucho dinero con la construcción; pero sabe que eso no puede durar mucho, que no es lo mismo viajar todos los días hasta llegar al trabajo o tener que dejar de vivir aquí.
Dice que hay campos abandonados en la zona que necesitan una mano de obra, campos que en un pasado tenían un buen rendimiento y que alguien con ganas puede trabajarlos, con lo que ayuda al desarrollo de la zona y se crea una profesión.
Nosotros, desde estas páginas, queremos animar a todos los jóvenes agricultores o ganaderos para que nuestra Serranía siga teniendo gente que se dedica “al campo”, porque resulta bonito y suena a esfuerzo y trabajo cuando a alguien que se le pregunta a qué se dedica y contesta: “Yo, al campo”. A la vez, hay que seguir reclamando más ayudas y apoyo a los jóvenes agricultores y ganaderos, sobre todo a los pequeños agricultores, porque tenemos que pensar que la base de nuestra existencia sigue dependiendo del medio, de la naturaleza, y estos hombres y mujeres que se dedican a transformarla, a poner en valor y acercar los recursos que nos proporciona, se merecen un reconocimiento de su esfuerzo y riesgo.