Isabel Sánchez Heras -
El Genal
Publicado en el número 5 de la revista El Genal en octubre de
2000
Los clásicos afirmaban
que «el estilo es el hombre». Modo, manera, forma de ser, de
pensar, de sentir y de hacer... es el estilo de vida, es el conjunto de
usos, prácticas y costumbres, que conforman y determinan la manera
de ser y de vivir.
Atajate, es el más pequeño
de los pueblos de la provincia de Málaga, pero vive y vivirá.
Como en el resto de los pueblos, no sólo de Andalucía, sino
de toda España, tiene una mayor población adulta. Pero esa
mayoría de personas de edades avanzadas, pueden estar aquí
entre todos nosotros, por varias razones, y una, y muy fuerte, poco tomada
en cuenta, puede ser para enseñarnos el sentido de la permanencia,
de la entereza ante las dificultades de la vida, y de las ganas de vivir
siempre.
Nació, en el vecino pueblo
de Alpandeire, Francisco Barragán Macho. El día 13 de agosto,
cumplió 95 años.
95 años, no de una vida
de rosas, pero sí de una vida intensa. Muchos más son los
años que le quedan por vivir. Hasta 130 al menos. Eso le dijo un
buen amigo y paisano suyo: Fray Leopoldo de Alpandeire.
El Fraile tenía una ventana
en su casa que se comunicaba con la de Francisco.
Un día que él venía
del médico, le preguntó Fray Leopoldo que qué le pasaba,
y éste le respondió que es que le dolía todo. Fray
Leopoldo le dijo, que no se quejase, que estaba más sano que una
pera y que iba a tener salud hasta los 130 años.
Por eso, Francisco está
tan seguro de que aún no va a morirse.
Otro día, iba a ver a su
familia a Alpandeire, junto con el Fraile y el alguacil. Empezó
a llover, cada vez mas. En el camino tuvieron que atravesar un arroyo que
iba muy crecido, fue entonces cuando Fray Leopoldo le dijo al alguacil
y a Francisco que mejor que se volvieran ellos, que él sabía
que iba a llover mucho y que les podía pasar algo. El Fraile siguió,
y ellos se volvieron, pero dice Francisco, que menos mal que se volvieron
pues llovió muchísimo y sí que podía haberles
pasado algo.
Las anécdotas que cuenta
este hombre, ocurrieron cuando él era aún un niño.
Con seis años se fue de Alpandeire y se vino a vivir a Atajate,
lo hizo porque lo buscaron de cabrero. Lo que cobraba, el suelto, se lo
llevaba a su madre a Alpandeire. Él ha pasado muchas fatigas, antes
dice que no había de nada, lo que mejor tenía era que tenía
su trabajo de cabrero, y el mismo amo de las cabras le daba comida y cama,
Y con él estuvo trabajando toda su vida de trabajador. Casi cincuenta
años. Cada año, el amo le dejaba una chiva para que él
la criara y poco a poco fuese creando su propio rebaño de cabras.
Con el paso del tiempo vendió
las cabras para poder comprar una casa para su esposa Águeda, y
sus cinco hijos: Paula, María, José, Diego y Francisco, pero
volvió a juntar otra vez cabras hasta el día de jubilarse.
Francisco está encantado
con la vida, y sobre todo con la vida que ahora le toca vivir. Los días
se le hacen largos, a veces piensa que debería morirse, pero luego
se acuerda de lo que le dijo su paisano, y no hace más que seguir
viviendo, con muchas dificultades, sobre todo por haber tenido una vida
muy entregada a su trabajo que era malo como cualquier otro pero él
tenía que trabajar mucho, no le quedaba más remedio,
tenía muchas bocas que alimentar.
Sufrió también la
enfermedad que dejó ciega a Águeda, la mujer de su
vida, que ya murió, pero nunca lo han dejado sus hijos, ni a ella
ni ahora a él, eso le hace muy feliz, vive con dos de sus hijos,
que están solteros, y una de sus hijas, María, que tiene
dos hijas que son ya muchachas y que ayudan en todo lo necesario al abuelo,
que tiene poca movilidad, pero mucha lucidez. Sus demás hijos vienen
a visitarlo, al igual que su único nieto varón, que vive
en un pueblo de Cádiz, Setenil de las Bodegas.
Dice este hombre, del pueblo,
que tiene tantas historias como para escribir hasta un libro. Afirma que
estaría bien si no le hubiese pillado un día un coche en
la carretera, y por ello estuvo dos meses en coma con fractura de cráneo
y costillas partidas, heridas... El año pasado tuvo neumonía
a lo largo del invierno en cuatro ocasiones.
En Atajate, el pueblo a donde
se fue a trabajar cuando tenía seis años, sigue viviendo,
con su familia, tal como a nuestro modo de ser ha sido en los pueblos Francisco
Barragán Macho. Los nietos han tenido oportunidad de aprender de
los abuelos.