Isabel Sánchez Heras -
El Genal
Publicado en el número 3 de la revista El Genal en julio de
2000
A nivel documental, los problemas
de accesibilidad y la aparente debilidad de los recursos, han influido
para que los asentamientos poblacionales en el Valle del Genal hayan sido
de baja incidencia. Pequeños.
Pero con todos estos condicionantes,
en tiempos pasados sí que hubo en casi todos los pueblos una población
bastante considerable.
Lo que se ha llamado «Crisis
de Montaña» que se ha experimentado en Europa y en España
con diferencias temporales es lo que queremos analizar referente a Atajate.
Esta crisis fundamentalmente propiciada por una crisis de los modos de
vida tradicionales y el carácter montañoso de la zona.
Atajate, hasta finales del siglo
XIX, fue aumentando su población. En 1591 contaba con 130 habitantes,
luego, en 1752, 279 habitantes y así en el año 1887, adquiere
el mayor número de habitantes con 824.
Toda esta población se
vio afectada con la crisis finisecular decimonónica. La filoxera
atacará sobre todo a los viñedos. Atajate, a fines del S.XIX
se había especializado en estos cultivos y en la fabricación
de vinos y destilación de licores, que daban trabajo a todos los
habitantes de la población y a habitantes de poblaciones vecinas
como Jimera de Líbar. Esta epidemia afectó de un modo tremendo
a todo lo que era la vida del pueblo. Los habitantes de Atajate tuvieron
que emigrar en busca de trabajos a otros lugares. Esta emigración
en ningún momento se vio suspendida, y no ha habido ningún
acontecimiento posterior que hubiese impulsado tanta salida de familias
del pueblo. Ni la Guerra Civil, produjo una bajada tan fuerte de población.
A partir de la segunda mitad del
S.XX, de nuevo se produce una bajada demográfica fuerte debido al
auge de la revolución urbana, que trajo de la mano una intensificación
industrial y un desarrollo fuerte del turismo en toda la nación
que influyó fuertemente en la salida de la población de Atajate.
De este modo en el S.XX la evolución
del pueblo tiene distintas etapas: desde 1940 al 1950 se produce un descenso
demográfico muy acusado. Entre 1950 y 1970 el descenso está
un poco frenado, luego desde 1970 a 1981 se produce de nuevo un descenso
demográfico acusado por el auge del turismo implicando al sector
servicio y la construcción sobre todo. La Costa del Sol fue fundamentalmente
hacia donde emigró la población.
Ya entre 1981 y 1986 la demografía
parece recuperarse un poco y entre 1986 y 1991 se puede afirmar que la
población está establecida pero con todo esto de bueno, se
siguen produciendo algunas emigraciones.
Otro factor fundamental en el
descenso de la natalidad es la disminución del número de
mujeres en edad de procrear, lo que conlleva a una débil tasa de
fecundidad con cifras de 0,16 niños por mujeres en edad de fecundación.
La población de Atajate en 1981
era de un 43,6% de mujeres frente a un 56,4% de varones, como reflejo de
la emigración de la mujer a zonas urbanas para desempeñar
labores de empleadas del hogar o relacionadas con el turismo. En 1991 las
cifras apenas han variado: 55,4% para los varones y 44,5% para las mujeres.
En estos años disminuyó un poco la emigración femenina.
Esta relación tan baja se explica
sobre todo por que la fecundidad en los medios rurales en cierto modo
están casi siempre dentro del matrimonio y al provocar la emigración
grandes desajustes ente los dos sexos, el número de matrimonios
se ve también reducido. Además hay que considerar el cambio
en los comportamientos sociales, en lo que en tiempos pasados eran muy
frecuentes las familias con 5 ó 6 hijos de media. El número
de hijos por familia ha descendido con el fin de una mejora de calidad
de vida y las posibles oportunidades, ya que el costo de la vida
es mucho más alto.
A la par de la tasa de natalidad
baja en toda la segunda mitad del S.XX, está el aumento de la tasa
de mortalidad por un envejecimiento demográfico propiciado por las
salidas migratorias. Así contamos con un ascenso de la mortalidad
a un 17% a fines de los años 80 muy en conexión con la alta
proporción de ancianos que habitan la localidad.
Resultado de todo este descenso
de natalidad y aumento de mortalidad desde 1940 el crecimiento natural
es un descenso del municipio hasta conseguir valores negativos como el
de un -17,8%.
La emigración de la población
ha sido la única salida viable para estos habitantes, ya que aparentemente
la zona montañosa en la que el pueblo está enclavado, no
puede proporcionar a sus habitantes la renta que le permita un acceso al
nivel de vida que con todo el derecho aspiran.
Probablemente en un futuro no
muy lejano, si la población adulta, las instituciones y organismos
oficiales de la localidad no opta por fomentar de algún modo el
desarrollo de los recursos y el trabajo autóctono propiciará
que la población de Atajate envejezca aún más.
Por todo ello no podemos olvidar
la gran atención que merece toda la zona del Valle del Genal sobre
todo por su infinito valor paisajístico o como recurso ecológico,
e intentar que nuestros pueblos no sólo lleguen a sobrevivir, sino
situarnos en una posición de presumible y alentador futuro.