Antonio R. Acedo del Olmo Ordóñez
Publicado en el número 23 de la revista La Serranía
En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y dé vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna.
(Gustavo Adolfo Bécquer)
Contemplar la puesta de una majestuosa luna llena en el marco incomparable de nuestra Serranía, mientras asoman los primeros rayos de luz del nuevo día, es un espectáculo mágico que nos envuelve con su luz, belleza y paz.
Han pasado catorce días y medio desde el novilunio y nuestro satélite natural se encuentra completamente opuesto al Sol; la luna “jorobá” o gibosa (luna casi llena) ha dado paso a una Luna completamente iluminada por su cara visible... es la luna llena o plenilunio que sale por un punto opuesto a aquél por el que se está ocultando el Sol y es visible durante toda la noche.
La salida de la luna llena por el horizonte es otro momento fascinante de contemplación que, “adornado” por la llamada “ilusión de la luna”, hace que la veamos más grande de lo normal. Nuestro sentido del tamaño de la Luna está basado normalmente en su comparación con el vasto panorama del firmamento, en cambio, cuando está junto al horizonte, la vemos rodeada en primer plano por un conjunto de objetos que nos son familiares: árboles, casas, vallas... En comparación con estos objetos, el brillante disco de la luna llena aparece realmente grande, y relativo a nuestra sensación “normal” de su tamaño. Esto a veces se magnifica cuando la Luna se encuentra a la distancia mínima de la Tierra (apogeo).
En el aspecto tradicional son numerosos los refranes que hacen referencia al plenilunio, especialmente a la luna llena navideña; a modo de ejemplo citar los siguientes: “Navidad con luna, año de fortuna”, “Navidad sin luna, de cien ovejas quedará una” o “Noche de Navidad oscura, la tierra se vuelve dura”. La sabiduría popular nos aconseja esta fase para cortar las cañas empleadas como estructuras en algunos cultivos, en caso contrario, se rompen fácilmente y no sirven de un año para otro. Igualmente en esta fase deben sembrarse las habas, zanahorias, perejil, rábanos, pepinos... o realizar el trasvase del vino para que se conserve mejor y no se agríe. Si se pretende favorecer la producción frutal, retrasando el desarrollo vegetativo del árbol, las labores se realizarán en el plenilunio o en cuarto menguante.
Van pasando los días y “Selene” continúa su travesía celeste sin mostrarnos nunca su cara posterior; siempre vemos la misma cara de la Luna, debido a que tarda en girar sobre su eje el mismo tiempo que en dar una vuelta alrededor de la Tierra. Alcanzada la edad de 22 días, su salida se retrasa hasta medianoche y justamente antes de que salga el Sol se encuentra en su altura máxima. Estamos en la fase de cuarto menguante o popularmente la “tajá de sandía” y ahora la Luna nos presenta la otra mitad de su cara, que en cuarto creciente estaba en sombras. En esta época, según la tradición popular, se debe: elaborar las conservas, mermeladas y confituras; en agosto, recoger las plantas medicinales para el año; en octubre, podar la parra para obtener sarmientos robustos y excelentes racimos; plantar las espinacas para que sus hojas no se espiguen... Los antiguos cesteros daban gran importancia a la poda del mimbre en luna menguante, para conseguir que fuera más flexible y no se picará.
La fase de nuestro satélite sigue disminuyendo hasta cerrar el ciclo con la luna nueva, completando una lunación que dura algo más de 29 días. A continuación, la Luna vuelve a “renacer”... repitiéndose nuevamente el ciclo observado durante siglos por pescadores, agricultores y pastores.
Mi agradecimiento a las personas que amablemente me han informado de la sabiduría popular aprendida de sus padres y abuelos. Igualmente, aprovecho estas líneas para desear a nuestros simpáticos amigos, Isa y José Manuel, toda la felicidad que se merecen tras su enlace matrimonial. También agradecerles su excelente labor y entusiasmo por la divulgación de nuestra cultura a través de la Revista.