Antonio R. Acedo del Olmo Ordóñez
Publicado en el número 20 de la revista La Serranía
Ya nadie mira a la luna, la luna ya no es de nadie; ya no la cubren de besos, ya no la bañan con sangre.
Ni ya le escriben poemas, ni ya le clavan puñales; ya no hay tragedias de amores, ya no hay amor, no hay amantes. / Ya pasa sola la luna, ya pasa sola, sin nadie; ya no amontona secretos ni alumbra sueños, como antes. / ¿Adónde fuisteis, poetas, adónde fuisteis, amantes, que la dejasteis sin versos, que sin amor la dejasteis? (El cielo se hizo de amor. La Luna, dedicado a García Lorca, de Mariano Estrada Vázquez).
Actualmente, debido al "ajetreo" diario, la mayoría de los habitantes de las ciudades no se detienen a contemplar la Luna, apenas se interesan por los diferentes aspectos que representa, ni de las distintas lunaciones o meses sinódicos, que es el período de tiempo invertido por nuestro satélite en completar un ciclo completo de fases, que sin embargo, tienen una gran importancia para las gentes del campo quienes conceden a cada mes una particularidad propia y distinta, con diferentes repercusiones sobre los trabajos agrícolas.
Este hecho es fácil comprobarlo escuchando a las gentes de nuestros pueblos serranos, como nos ocurrió hace algunos meses estando en Montecorto, cuando una persona nos explicó el proceso del cultivo de sus "limones luneros", por cierto exquisitos, y su relación con las fases lunares especialmente cuando la "luna nace", término popular para indicar a la luna nueva. Y era tal su entusiasmo y convencimiento que mientras lo explicaba, pensé en la importancia de esa sabiduría popular de nuestros mayores, una forma de conocimiento que deriva de la observación y la experiencia de siglos, y hasta de milenios, transmitiéndose de generación en generación, que no puede considerarse como producto de la casualidad y cuyos orígenes se remontan a los tiempos en que la Humanidad vivía una relación más íntima y armónica con la naturaleza y los ciclos astronómicos.
La sabiduría popular se ha tratado de forma puntual en otros artículos, indicando los nombres populares de algunas estrellas y asterismos más significativos, recordemos a las "Tres Marías" (Cinturón de Orión), "Las Cabrillas" o "Las Siete Hermanas" (las Pléyades), "El Cabrero" (Aldebarán de Tauro), "El Carro" (Osa Mayor), "El Boyero" (Arturo), "Los Gemelos" (Cástor y Pólux de Géminis) y un largo etc. Pero también algunos planetas son especialmente interesantes en esta sabiduría y son los llamados "luceros", que pueden marcar, en cierta forma, periodos de tiempo de trabajo, siendo muy significativo el planeta Venus ("El lucero del alba y del atardecer") al que le dan mucha importancia y que los romanos creían que eran dos astros diferentes. El llamado "lucero de la noche" casi siempre es Júpiter, pero uno de los más curiosos es el "lucero miguero" que es la estrella Sirio de la constelación del Can Mayor, conocida por este nombre en algunas zonas, porque cuando aparece de madrugada se preparan las migas y llega el momento de salir para realizar las labores del campo. Curiosamente la estrella Sirio ha sido en la mayoría de las civilizaciones el indicador del comienzo del año agrícola.
La Vía Láctea o el Camino de Santiago también tiene su protagonismo porque, según la tradición popular, anuncia el comienzo de la vendimia cuando está situada en la esfera celeste directamente por encima de nuestra cabeza (cenit). Pero, sin duda alguna, una de las grandes protagonistas de esta sabiduría es la Luna y sus fases, relacionándola con la tala, siembra, injertos, poda, riegos, cría de animales..., incluso con el tiempo atmosférico, pues quién no ha escuchado alguna vez decir: "Lloverá, la luna tiene cerco..." o "el tiempo cambiará cuando cambie la luna".
Esta serie de artículos sobre el ciclo de las fases lunares y la sabiduría popular es un pequeño homenaje a las mujeres y hombres de nuestra Serranía, que enriquecen nuestra cultura a través de sus conocimientos, los cuales se deben respetar y conservar.