Isabel Sánchez Heras -
Revista El Genal
Publicado en el número 7 de la revista El Genal en diciembre
de 2000
La panadería,
la única panadería que hay en Alpandeire, viene ya varios
meses anunciándose en esta revista. Y es que el propietario de este
obrador artesanal, está tan convencido y tan contento con la calidad
de sus panes y sus tortas, que quiere que todas las personas lleguen a
probar estos productos, para que puedan conocer lo que son cosas bien hechas,
sanas y con productos de calidad.
El dueño
de esta panadería, ahora si es panadero, pero antes, trabajaba en
la construcción, también fue un tiempo maquinista, con máquinas
también en la construcción. Cuando dejó de trabajar
en esto, fue cuando se planteó verdaderamente, que él estaba
cansado de estar primero estudiando, y luego trabajando fuera del pueblo.
Quería vivir más tiempo en Alpandeire, y tenía que
pensar algo que pudiese generar dinero y que no tuviese que estar fuera
del pueblo para hacerlo.
El pan, eso se
consume todo los días. En el pueblo había una persona que
hacía pan de vez en cuando, y alguien que también de vez
en cuando llevaba pan al pueblo. No había panadería, y en
su pueblo había gente suficiente como para que la hubiese.
De entrada se asoció
con un amigo, que luego él no continuó con el negocio. Ninguno
de los dos sabía ni de panadería, ni tenían sitio
para instalarla.
Debajo del ayuntamiento,
había un solar que le cedieron. No estaba hecho. En
este sitio, había que cortar tabiques, poner suelos... ellos lo
hicieron, con ayuda de otra serie de personas del pueblo. A cambio de estos
arreglos, el ayuntamiento, se lo cedía por un tiempo.
El CEDER Serranía
de Ronda, y el IFA, fueron los dos organismos que les subvencionaron y
les ayudaron para la compra de maquinaria: horno de leña, cilindro
y amasadora en un principio. Luego más adelante pudieron comprar
una pesadera y una formadora. Pero dice Diego, el único propietario
actual, nos dice que el alcalde de por entonces, D. Salvador Jiménez,
fue también una persona que les ayudó mucho, se movió
mucho para que puedieran conseguir subvenciones tanto en el CEDER como
en el IFA.
Ninguno de los
dos socios sabía nada en absoluto de panadería. Contaron
con la ayuda y el aprendizaje que un chico de Ronda les fue aportando.
Faraján,
Júzcar y Pujerra fueron los primeros sitios en donde fueron a repartir
pan además de montar el despacho, el único despacho de Alpandeire.
Luego poco a poco empezaron a llevar pan también a Ronda. Y ya son
muchos los bares, restaurante y despachos de pan que venden pan y tortas
de Alpandeire. A pesar de la gran competencia, el pan de Alpandeire es
como si tuviese denominación de origen.
La mayor dificultad
que este negocio ha tenido, fue que a los poquitos meses de abrir la panadería,
el otro socio de Diego, tuvo un accidente de tráfico, y estuvo al
borde de la muerte. Eso ha sido lo más difícil de todo ya
que estaba el negocio empezando, se necesitaban manos y además la
preocupación por esta cuestión. Pero además de eso,
no ha habido otra dificultad. En el pueblo todo el mundo está contento
de poder tener cada día pan, y además pan de leña,
que eso no lo hay en todos los lados. A la hora de hacer el horno, tenían
muy claro que tenía que ser de leña. El pan está mas
bueno, así es el pan de toda la vida, pero este proceso de cocción
tiene muchas dificultades ya que en el invierno el tema de la leña
es difícil por el frío y la lluvia, y el pan tiene que tener
la temperatura adecuada para que pueda fermentar en su justo momento.
Durante toda la
noche Diego y Ricardo, están haciendo pan. Antes de que amanezca
Diego carga el coche y empieza a repartir por los pueblos y una chica se
encarga de repartir en Ronda. Otra chica abre el despacho de Alpandeire
y Enrique se marcha a dormir. Aunque no es un problema, si que a veces
Diego está muy cansado. Trabaja toda la noche, luego hace el reparto,
y hasta que no está el día muy avanzado no puede dormir.
Tortas caseras
con leche, huevo anís verde, canela, limón rallado
y harina son la especialidad de esta panadería que son muy conocidas
en los pueblos de los alrededores y en Ronda.
El verano es cuando
en el pueblo hay más gente, pero paradójicamente es cuando
menos pan se come, ahora, en el invierno, y sobre todo en la Navidad, están
desbordados de trabajo, tanto que a veces, las noches son cortas para poder
hacer tanto pan como se les demanda. También les encargan el pan
para bodas o celebraciones.
Tanto Diego, el
propietario, como Ricardo, Mª Carmen o Rosa están muy
atentos, cuidando mucho el producto lo mismo el que lo hace, como la chica
que lo reparte o la que lo vende.
Calidad, dice Diego,
que es lo que la gente quiere y se merece. Él ve cada vez mejor
su negocio, de hecho en enero aumentará su plantilla, una empresa
de conocido nombre, Dulce Sol, va a comercializar estas tortas caseras
por toda la provincia de Málaga, además a él
le gustaría poder tener mucha gente trabajando para crear muchos
puestos de trabajo, y que no se tuviese que ir la gente joven de su pueblo.
Todas las personas
que trabajan en la Panadería de Alpandeire un año más
quieren seguir trabajando con el pueblo y los demás pueblos de la
Serranía con el espíritu renovado propio del Año Nuevo,
pero sin perder su objetivo prioritario: ofrecer calidad.
Felices Fiestas
a todos los lectores de la Revista «El Genal» desde la Panadería
Alpandeire.