Gaspar Mena Publicado en el número
3 de la revista El Genal en julio de 2000
No es exagerado decir que Fray
Leopoldo fue y sigue siendo un ser carismático. No sobresalió
por su inteligencia ya que, parece ser, era bastante cortito, pero hay
que descubrir ante su bondad de carácter y derroche de virtudes,
destacando una fecundamente: la caridad.
Cuentan que era tanta la fama
de santidad que poseía, ya en vida, que muchas personas conservaban
objetos suyos como auténticas reliquias (estampas, medallas, etc...),
pero uno de los objetos más apetecidos era tener un trozo de cordón
del hábito y se valían de miles de estratagemas para
conseguirlo. Una de ellas consistía en que mientras uno lo entretenía,
el otro le pegaba un tijeretazo. Así sus cordones iban acortándose
cada vez más. Él se dio cuenta en una ocasión y se
lo comentó a un hermano capuchino:
-No me explico cómo pueden
encoger tanto estos cordones.
El hermano, que sabía lo
que ocurría, le dijo:
-Hermano, es que estas lanas de
hoy son de muy mala calidad.
Este es uno de los innumerables ejemplos
de su fama de santo que poseía en Granada.
Pero tenemos que comenzar diciendo
que Fray Leopoldo no era de Granada, como mucha gente piensa, sino de nuestra
serranía, concretamente de Alpandeire, uno de los pequeños
pueblos que la compone. Por eso nos sentimos orgullosos de tener un paisano
de esta categoría.
Nace Fray Leopoldo un día
24 de junio de 1864 imponiéndosele el nombre de Francisco Tomás
de San Juan Bautista. Ya de fraile toma el nombre de Leopoldo. Es costumbre
entre los capuchinos añadir al nombre el de su pueblo natal, es
por lo que se le conoce como Fray Leopoldo de Alpandeire.
Desde pequeño era un niño
ejemplar destacado por su bondad de carácter.
Se cuenta todavía, aquí
en su pueblo, que cuando era pequeño lo mandó su madre por
una alcuza de aceite. De camino a la tienda se tropezó con una procesión
que recorría las calles pidiendo “una limosna para las ánimas
benditas”. Él, ni corto ni perezoso, depositó la moneda que
su madre le había dado, en el cepillo. Claro, llegó a su
casa sin el aceite y sin el dinero. Su madre empieza a preguntarle y él
le dice que el dinero lo había dado para las ánimas del purgatorio.
Cual no sería la sorpresa
de ambos, cuando su madre escudriñándole los bolsillos encontró
la moneda.
Lo suyo, por lo visto, era la
práctica de la caridad. De joven, acostumbraban a ir en cuadrillas
a la siega, aquí concretamente iban a Jerez. Hacían el camino
a pie, por Atajate, Cortes, Ubrique hasta llegar al tajo. Echaban la temporada
de verano y regresaban al pueblo con su dinerillo para pasar los duros
meses del invierno. Pues bien, en una de esas campañas, de regreso
a su pueblo empezó a repartir a los pobres que encontraba en el
camino el dinero que había ganado, y no teniendo bastante con eso,
a uno de ellos le entregó los alpargates que traía puestos.
Pero ahí no acaba la cosa, sino que hasta unos que traía
al hombro, los entregó a un pobre que vio descalzo. Por supuesto,
llegó al pueblo descalzo y sin un duro.
Ni que decir tiene que en las
campañas siguientes era el padre el que se encargaba de la bolsa.
Parece ser que ser que era muy
moderado en el comer y en su forma de vida, así, en una ocasión
me comentaba una señora mayor que cuando venía por el pueblo,
ya de fraile, le ponían la mesa y no solía comer el postre,
le hacían la cama y no la deshacía; parece ser que su almohada
era una piedra de «majar esparto», aún se conserva en
su casa natal como recuerdo.
Son muchas las personas que movidas
por su devoción a este gran santo, visitan su pueblo a lo largo
del año. Pero, ¿qué podemos ver por aquí que
nos hable de Fray Leopoldo?. En primer lugar, su casa natal, pero claro,
exteriormente, ya que sus familiares la habitan y suelen estar en el campo,
pero con un poco de suerte puede ser que puedan visitarla.
Además, su familia les atiende
gustosamente. Pueden ver también, aprovechando la visita, nuestra
iglesia conocida por todas partes como «La Catedral de la Serranía»,
la pila donde fue bautizado.
Hay también un monumento
erigido en su memoria a la salida del pueblo, en la carretera que va a
Faraján, donde existe una fuente de agua potable. Hay quien se lleva
ese agua como algo milagroso. Y no olvidemos que cada año, el día
24 de junio, recordando la fecha de su nacimiento, sobre las siete de la
tarde, se celebra una eucaristía en la iglesia del pueblo y después
se hace una procesión con la Virgen, de la que tan devoto era Fray
Leopoldo, al monumento. Allí entre todos los asistentes se sortean
objetos de Fray Leopoldo, cuadros, medallas, llaveros, etc...
Sólo me resta decir que
el proceso de beatificación de nuestro paisano va por buen camino
y probablemente dentro de poco podamos verlo en los altares.