El nombre Alpandeire es un híbrido, Al- es
el artículo árabe y Pandeire procede de una raíz latina,
pand- que da idea de combar, o formar comba. Posíblemente
hace referencia al lugar en que se asienta la población que
es una especie de comba o seno del terreno. La terminación
-eire es de aspecto mozárabe, es decir, de la lengua latina
hablada por nuestros paisanos cristianos bajo dominio árabe.
El término municipal de Alpandeire es resultado de la unión
de tres aldeas moriscas con sus respectivos territorios. La
zona norte correspondía al término de Güidazara, pueblo
desaparecido en 1570, que se ubicaba donde el cortijo de Los
Casarones, junto al arroyo de Audázar o Laza, que es lo que
queda de su antiguo nombre. La zona sur del término
corresponde con lo que fue término de Pospitara, pueblo
desaparecido a partir de 1570, que quedó anejado a
Alpandeire, y al que pertenecía, como montes de propios, la
actual finca de Las Amarillas, además de los pagos de fincas
actuales que se siguen llamando Pospítar. Y la zona media del
término actual era el territorio propiamente de Alpandeire,
antes de que se le unieran los otros dos. Lo cierto es que
este término es bastante grande y por su posición central en
la comarca confina con Ronda, Benaoján, Jimera de Líbar,
Atajate, Benadalid, Benalauría, Jubrique, Faraján y Júzcar.
La población se ubica en una ladera bastante pendiente que
mira hacia donde se pone el Sol. Su caserío es muy aglutinado
y tiene calles tortuosas que en su mayor parte no pueden ser
transitadas con vehículos y, salvo unas casas de
autoconstrucción recientemente edificadas a la entrada del
pueblo, se conserva el tipismo morisco casi como en ningún
otro pueblo comarcano. Destaca y, quizá diríamos que
apabulla, la impresionante mole de su iglesia barroca sobre el
conjunto. Esta Iglesia Parroquial de San Antonio se construyó
en la segunda mitad del siglo XVIII, probablemente sobre el
solar de la primitiva iglesia del siglo XVI, de la que no
quedan vestigios. No sabemos la razón que llevó a construir
una iglesia capaz de albergar a una población triple de la de
Alpandeire en sus mejores tiempos, ¿tal vez para atraer a los
fieles de reciente pasado islámico? Lo cierto es que sólo en
Ronda hay una iglesia mayor que ésta en toda la
comarca.
En su término municipal, a parte de los emplazamientos de los
pueblos desaparecidos anteriormente mencionados, son dignos de
visita los enterramientos megalíticos que describimos al
hablar de Encinas Borrachas, y también los Tajos del
Canalizo, a los pies de Jarastepar, junto al arroyo de Audázar,
y una catarata que sólo deja de fluir en verano, conocida
como Chorrera de Vasijas. Para llegar a ella hay que bajar
hasta el emplazamiento de Guidazara, en los Casarones y subir
por la garganta del arroyo siguiendo la antigua conducción de
aguas que baja hasta el cortijo. Así mismo resulta curioso un
nacimiento de agua cercano al pueblo, conocido como el Pozancón;
es una gran alfaguara, es decir, un manantial que deja de
fluir al poco de dejar de llover. Cuentan que está conectado
con el nacimiento de los Huertos, 1’5 km al SO del pueblo.
Hay que hacer mención aquí de un yacimiento mineral que se
descubrió a principios del siglo XX, también cerca de los
Casarones, camino de Atajate, y que encendió las esperanzas
económicas de los de Alpandeire. Fueron tres los puntos
localizados y se trataba de margas bituminosas, que son
combustibles, e hicieron creer en la existencia de petróleo.
En 1928 fueron explotadas estas minas por españoles,
concretamente por la compañía Don Horacio de Puertollano. Más
tarde, en 1934 fueron los alemanes los que se interesaron por
ellas. Los nombres de las tres minas fueron “El Mico”,
“La Negrita” y “San Marcos”. En un artículo del
diario Sur, de Málaga, de 13 de enero de 1985, escrito por
Juan Antonio Morgado, se recoge toda esta información además
de una letrilla de carnaval que hace referencia a este tema:
Madrid es la cabecera
de toda la nación. Siendo Alpandeire tan
chico, también tiene su
valor; tiene ricos minerales de aceite y de
gasolina, no podemos alcanzar que se exploten las
minas. Si las minas se
explotaran, sería nuestra
felicidad, se vería a Alpandeire hecho una capital.
Era muy celebrado en Alpandeire, como en Atajate, el Carnaval,
para el que se creaban letrillas y se organizaban murgas que
iban a los pueblos vecinos. Esta fiesta, prohibida durante el
régimen anterior, ha desaparecido prácticamente en ambos
pueblos. La fiesta más importante del año es la del patrón,
san Roque, que se celebra a partir del 16 de agosto.
En este pueblo destaca como actividad agraria predominante la
ganadería, aunque también hay olivares y tierras de labor de
secano y regadío. Alpandeire es también en el tema de la
propiedad de la tierra una excepción, porque desde hace
aproximadamente dos siglos se ha producido una gran
concentración de propiedad en muy pocas manos, dando lugar a
la aparición de latifundios, tan escasos en este valle desde
el asentamiento de los repobladores cristianos. La finca de
Las Amarillas, que fuera montes de propios, y toda la sierra
de Jarastepar, que también lo fue, pasó a manos particulares
desde muy pronto, y el resto de tierras, aunque están más
repartidas, tampoco lo están en igual medida que en los demás
pueblos, por lo que tradicionalmente han abundado en
Alpandeire los colonos arrendatarios. Había incontables casas
de campo habitadas en todo su término y se daba un fenómeno
de trashumancia a pequeña escala. En la primavera se subían
los ganados a las sierras calizas del norte del término, y en
el otoño bajaban a las zonas boscosas, para pasar la estación
de los rigores alimentándose de las bellotas.
Alpandeire es uno de los pueblos serranos que muestran una
idiosincrasia más destacada y una cierta cultura popular que
podría considerarse superior a la de los vecinos. Los dichos
y refranes de los “panditos”, que es como se les conoce en
los demás pueblos, son muestra de esto que contamos. Un buen
ejemplo podría ser lo que oyó quien escribe a un señor de
Alpandeire que pasó con un mulo de cabestro a su lado,
mientras comía. En lugar del “buen provecho”, usual entre
los demás serranos, dijo lo siguiente: “Que de salud y buen
provecho sirva”. Este señor probablemente nunca fue a la
escuela. Esa y otras muchas expresiones de Alpandeire avalan
nuestro aserto. Y otra curiosidad en este sentido es que a los
niños los llamaban antes “porillos”, que no es sino un
diminutivo de la palabra latina Puer, niño. No sabemos si ese
uso era un cultismo o si era forma usual desde siempre por los
de aquí o por los repobladores cristianos venidos tras la
reconquista, pero no nos consta su existencia en ninguna otra
parte.
En Alpandeire, desde luego, hay tradición de gente estudiada,
sobre todo de curas, maestros y médicos. Puede ser esa una
razón de esa cierta distinción cultural. Posiblemente sea
Diego Vázquez Otero el natural de Alpandeire que más
renombre ha alcanzado en el ámbito cultural, aunque en un
nivel comarcal sean más conocidos los médicos, Diego Vázquez
Higuero y Jesús Vázquez Márquez, padre e hijo, que han
ejercido la medicina en Ronda con general estima. Pero sobre
todo ha sido Fray Leopoldo quien ha dado fama a
Alpandeire.
Hubo en este pueblo también un bandolero muy temido, que tenía
a los habitantes de los pueblos del valle del Genal metidos en
un puño. Se llamaba Barbarán, apellido que aún pervive, y
nos han contado una anécdota de él que no responde a la tópica
bondad de esos bandidos justicieros, que dañaban a los
poderosos y favorecían a los necesitados. Al parecer se topó
en una ocasión con una anciana que estaba haciendo la colada
junto al arroyo de las Alfaguaras, al sur de Alpandeire. Para
hacer la colada había que encender fuego y calentar un
caldero de agua sobre unas trébedes. Al encontrársela,
Barbarán, que quería saber la opinión que de él tenía el
pueblo, preguntó a la anciana que quién era Barbarán. Y
ella, sin conocer la identidad de aquel hombre, habló con
libertad y nada bien del bandido. Entonces éste, muy
ofendido, le confesó que era él y cogiéndola en vilo la
sentó sobre las trébedes al rojo vivo. Vivió Barbarán en
el siglo XIX y sobre todo anduvo activo a mediados de ese
siglo.
Abundan en Alpandeire apellidos como Vázquez, Duarte,
Higuero, Alarcón, Bullón, Sánchez, Medinilla, Lobato, Cortés
o Barbarán.