Isabel
Sánchez Heras - Revista El Genal Publicado en el número
3 de la revista El Genal en julio de 2000
La escuela es uno de los pilares de
formación de la personalidad humana.
En Algatocín, en la sala de encima
del Hogar del Pensionista, me estaban esperando Isabel Moreno Jiménez,
Ana Mena Pacheco, Mariana Torres Almagro, Maribel Montero Carrasco, Mª
Guillén Melgar, Isabel Ordóñez Granja, Alonso Pacheco
Mena, Francisco Andrades Navarro, Mª Granja Granja, Mª Carmen
Ramos Granja, Matilde López García, Mª Almagro Domínguez,
Isabel Pineda Calvente, Juan Martín Melgar, Juan Diego Duarte Moreno,
Luis Botellín Martín, Moisés de la Rosa Díaz,
Ana Mª Almagro Herrera, Juan Fco. Vallejo Pacheco y Francisco Trujillo
Galache, el maestro.
Este es el grupo de formación
de adultos del pueblo. Son más los matriculados, hasta 22,
pero estos son los que suelen asistir a las clases.
La Escuela de Adultos, tiene dos niveles:
La Formación Inicial de Base y la Formación de Base.
El primer nivel lo forman todas las
personas adultas que quieren mejorar en la lectura comprensiva, en cuestiones
de gramática, vocabulario, cálculo... Son personas que no
pudieron tener una formación suficiente. Sobre todo porque en tiempos
pasados los niños trabajaban desde edades muy tempranas pues tenían
que ayudar a la economía de la casa con su trabajo. La mayoría
de las personas, me cuentan ellos, vivían en el campo porque era
la única fuente de ingresos. Por entonces cuando no estaban trabajando,
no tenían modo de acudir a las escuelas pues no había carreteras,
ni medio de transporte. Lo que sabían era por los maestros que iban
de un cortijo a otro. Eran personas que sabían un poco más
que la mayoría y se dedicaban a enseñar cosas muy elementales.
El segundo nivel también lo forman
personas adultas pero este nivel corresponde con un ciclo un poco más
elevado. Las personas que acuden suelen ser personas más jóvenes
que buscan sobre todo una titulación para encontrar una salida laboral,
se preparan para un examen y poder acceder a la enseñanza secundaria.
Este grupo es mucho menos numeroso. Los que asisten piensan que se debe
sobre todo a que en el medio rural aún no impera tanto la titulación
para encontrar un trabajo, y sobre todo que no existe un estímulo
familiar.
Algunas de las alumnas de esta escuela
de haber sido posible hubiesen podido ser A.T.S, o escritoras; aún
sienten esa vocación, y se arrepienten de no haber empezado con
la escuela de adultos en el mismo momento en que empezó a funcionar
en el pueblo. Eso sí, la mayoría son alumnas en lugar de
alumnos. Dicen que quizás es que la mujer es como más lanzada.
Tiene más ganas de saber y no le da miedo o vergüenza mostrar
que no saben mucho. En la escuela todo el mundo está por aprender,
y no se trata de ser el más listo ni el más torpe sino de
querer cambiar algo negativo por algo más bueno.
Parece ser que a la Escuela de Adultos
no le falta nada en plan didáctico, además de aprender
más de lo que no sabían, están aprendiendo a hacer
muchas cosas de manualidades y artesanía. Y además, hacen
deporte, un día a la semana. A todos, esto de la gimnasia les gusta
mucho pues es algo muy nuevo.
Pero aunque la parte didáctica
es bastante completa, ellos aspiran a un poco más y les gustaría
tener más recursos materiales como biblioteca propia y posibilidades
de aprender informática o mecanografía.
El objetivo fundamental es la formación
de la persona a fin de obtener un desarrollo integral.
Aparentemente esto puede ser igual
que en el tema de formación de niños, pero no es lo mismo,
los objetivos y la vida de estas personas no son iguales que las de un
niño.
Francisco Trujillo es el maestro, él
es de Genalguacil y allí vive.
A parte de su positiva experiencia en
la Enseñanza de primaria, está decidido a continuar en la
Enseñanza de Adultos. Después de haber estado varios años
en algunos pueblos de la comarca, espera jubilarse en ellos.
Considera que, a pesar de que el proceso
de Enseñanza-Aprendizaje en la Escuela de Adultos es un desarrollo
lento y laborioso, piensa que está bien compensado, y que es un
despertar en las personas adultas de unas sensaciones que quedaron dormidas
antaño: el interés de aprender, la motivación hacia
una responsabilidad de formación, y sobre todo la autovaloración
y autoestima que hace desarrollar un espíritu de crítica,
compañerismo, solidaridad y puede llevar a estas personas
también a hacer un buen cambio en sus costumbres y mejorar su calidad
de vida.
Por otro lado piensa que, los Centros
de Adultos a pesar de estar abastecidos de recursos tanto humanos como
materiales, deberían de tener mayor asistencia a clase, sobre todo
en el medio rural, pueblos como los nuestros, donde cree que hace bastante
falta.
Francisco Trujillo piensa que para el
bien de nuestra comarca, sería prioritario una solución y
a corto plazo por parte de todas las instituciones competentes tanto provinciales
como locales, profesores, educadores, padres... etc. al problema de la
juventud que fracasa en sus estudios de secundaria (LOGSE), desgraciadamente
es un alto porcentaje.
«Ojalá todo empiece con
la imperativa necesidad del funcionamiento del instituto de secundaria
aquí en Algatocín».
Ser críticos y no criticones,
saber organizarse para dar en todo momento la respuesta adecuada a cualquier
cambio o acontecimiento es uno de los objetivos de este maestro que además
le preocupa bastante el que sus alumnos conozcan y se sientan integrados
en el medio en el que viven, que quieran su cultura y que sepan que mientras
más formación tienen más servicio pueden prestar a
los demás.
La recompensa, la moneda de cambio para
Francisco Trujillo, es el ver que aunque de un modo muy lento, la gente
con muchos condicionantes, casi todos negativos, avanzan. Sabe que hacen
un gran esfuerzo, sobre todo porque a la mayoría no le interesa
el título, no están por ello, sino por una cuestión
de voluntad.