De vuelta a la carretera comarcal continuamos hacia Algatocín, cuyo término comienza pasada una zona que por encima de la carretera está poblada de chopos, nogales y frutales, la Huerta de Albalate, que es de Benalauría. La carretera desciende suavemente, dejando a la izquierda una profunda cañada que baja hasta el Genal, muy poblada de monte, es decir, encinas y alcornoques, y algunos castaños en su flanco occidental. Por el fondo de esta cañada discurre el arroyo Benajamón, o Benajamuz, corrupción del antiguo nombre de Benamahabú, con el que se llamaba a un pequeño pueblo morisco que desapareció poco después de la reconquista cristiana.
A 1 km y ½ del cruce de Benalauría la carretera es casi llana y de ella se aparta a la derecha una pista de tierra que asciende en pronunciada pendiente buscando unas tierras de labor que se ven arriba, a los lejos: es el viejo camino de Gibraltar, llamado por los paisanos El Carril, al menos desde el siglo XVIII; era la vía romana, que no pasaba por el caserío de Algatocín, sino mucho más alto. Si tenemos tiempo para subir a pie, como media hora, o un buen vehículo para caminos difíciles, podemos subir y comprobar que aún quedan trozos de camino con pavimento medieval o romano, y a unos 1.500 m de la carretera, en una zona llana sobre Algatocín, hay una hermosa fuente de antigüedad desconocida, llamada de San Isidro, en el mismo borde del camino, en cuyos márgenes hay alguna casa de campo y pequeños huertos. Las vistas sobre el valle son impresionantes, se ve a nuestros pies Algatocín con aspecto poco acostumbrado; en frente, al otro lado del Genal, se ven los Reales de Sierra Bermeja, sobre los pueblos de Jubrique y Genalguacil, y los picos gemelos de Crestellina, y en días claros el Estrecho y África. Hacia levante se divisa toda la cuenca alta del Genal y hasta la Sierra de las Nieves. A nuestras espaldas queda la divisoria con el valle del Guadiaro, que por aquel punto presenta unas abruptas cortaduras; según un paisano, que estaba allí sentado a la sombra de un nogal, se llama aquí a ese tajo el Asa de la Caldera.
Desde la misma fuente, un camino viejo baja hasta el pueblo, pero al menos el conductor ha de volver hasta la carretera por donde mismo.
Esa zona casi llana que hay junto a la A-369 la llaman Los Hoyos, y allí se ha construido un Centro Escolar de ESO a donde han de acudir todos los alumnos de esta margen del Genal, más los de Jubrique y Genalguacil. Hace unos años se rodó en este lugar una película sobre la Segunda Guerra Mundial en el norte de Grecia, titulada Heleni.
Luego la carretera desciende y dibuja cerradas curvas hasta que, de pronto, aparece la más conocida estampa de Algatocín. Destaca, entre el blanco de sus casas y el rojo oscuro de los tejados, la torre de la iglesia, de color ocre y coronada por un cupulín de cerámica azulada. Sin querer, quizá, el autor logró que el único símbolo cristiano del pueblo aún acentuara más su sabor islámico. Esta vista de Algatocín, viniendo del lado de Ronda, es la más conocida de la comarca en publicaciones de carácter turístico.
Si seguimos la carretera, que bordea el pueblo por la parte superior, observaremos que abundan los tejados de un color rojizo mucho más claro que los tradicionales. Es síntoma de dos fenómenos: primero de que en este pueblo se ha edificado mucho recientemente y, segundo, de que no se han respetado las tradiciones todo lo que habría sido deseable.
Algatocín ha sabido sacar provecho de su ubicación relativamente central en la comarca. Se encuentra casi a igual distancia de Gaucín, de Atajate, de Jubrique y de Genalguacil; los otros pueblos, Benadalid, Benalauría y Benarrabá, están aún más cerca. Esa es la razón por la que se ha instalado aquí un centro de salud del SAS y se ha construido el Centro Escolar de ESO, a pesar de que Gaucín, que siempre tuvo mayor rango administrativo, tiene casi el doble de habitantes que Algatocín.
Destacan en el casco urbano tres elementos de interés, la iglesia (construida en 1533), la fuente de San Antonio, por encima de la plaza, que es del siglo XVII, y unas pocas casas de estilo dieciochesco en la calle ancha que parte de la plaza en dirección a la iglesia. Hay también adarves y numerosos rincones de gran belleza. Muchas son las casas con puerta a distintas calles y alturas, como ocurre en Benalauría, y si no fuera porque quien decidió el trazado de la carretera comarcal la hizo pasar por el pueblo, Algatocín estaría tan oculto como el pueblo vecino.
Dispone este pueblo de un excelente complejo polideportivo y piscina municipal, fuera del casco urbano, a 250 m junto a la carretera comarcal.
A partir de Algatocín estos pueblos serranos tienen el corazón partido: mientras que los anteriores se decantan claramente por Ronda como centro comercial, de aquí hacia adelante también gustan de bajar al Campo de Gibraltar. Esa es la razón por la que hay línea regular de autobuses desde este pueblo hasta la Línea de la Concepción por la mañana temprano.
Sus gentes se dedican a muy distintas tareas, sobre todo agrícolas, entre las que destacan las forestales, la serrería y la saca del corcho. Pero hay que añadir como muy específico de este pueblo el oficio de cerero, que arranca del pasado siglo y ha perdurado hasta ahora. Como prueba de esa tradición, todo un barrio del pueblo, el más próximo a la carretera, se llama la Cerería. También había algún maestro carpintero capaz de hacer magníficas puertas en madera de castaño y unas utilísimas tablas para lavar la ropa, como pequeñas artesas con acanaladuras para frotar, que en estos contornos se llaman “paneras”.
De entre las manifestaciones de folclore, queremos hacer mención aquí de un residuo de Moros y Cristianos que aún perdura y se lleva a cabo el Domingo de Resurrección, similar a lo que se hace en Atajate. Aquí no son moros los que hacen cautiverio, sino un señor vestido de perro que lleva hasta el huerto a las jóvenes casaderas, para que alguien las rescate. En el momento de la liberación se las obsequia con un ramo de naranjas.
Es curioso también un hábito que se daba, que sepamos en la zona del Salitre, con ocasión de las matanzas, de invitar a toda la parentela y comerse gran parte del cerdo en comunidad durante el primer día, hasta el punto de resultar extraño para gentes de los pueblos cercanos tan generosa prodigalidad.
Para acabar con este pueblo hay que decir que en él abundan apellidos como Calvente, Guillén, Mena y Pacheco, aunque no son los únicos.
Y la razón por la que creemos que este pueblo tiene una pujante actualidad es porque poco a poco se va convirtiendo en una especie de centro comarcal en lo sanitario y en lo educativo, incluso con más decisión que núcleos de población de pasado mucho más brillante y con mayor número de habitantes actualmente.
Desde aquí se llega por carretera local hasta Jubrique y Genalguacil, al otro lado del Genal; en lo más hondo del valle, hasta donde llega su término, hay un viejo aserradero, que daba trabajo a los paisanos y sacaba provecho de los bosques, y está el Camping del Genal, en un rincón realmente ameno, lejos de todos los ajetreos modernos. En este paraje son visibles algunas encinas y alcornoques de los más corpulentos de toda la comarca. Hay también una zona de baños que ha sido lugar de recreo frecuente para casi todos los serranos, cuando aún no había piscinas, y una venta que merecerá comentario cuando hablemos de Jubrique.
Ahora hemos de continuar por la comarcal A-369 para visitar los dos pueblos que nos faltan en la margen derecha del Genal: Benarrabá y Gaucín.
Banda de música
Instituto E. S. “Bajo Genal”
Piscina pública municipal a 250 m del pueblo
Pistas polideportivas junto a la piscina
Hotel y Camping “Salitre” en la carretera de Cortes (952 11 70 05)
Dos carnicerías con fábrica de embutidos, panaderías y varios comercios
Hotel municipal y tienda de artesanía, Venta “Valdivia” (952 11 70 67)
Bar “La Bodeguita” (952 15 00 59)
Gastronomía
Gazpacho campero, gachas de harina, embutidos del cerdo
buñuelos, miel, meloja, mermelada de membrillo y moras
Fiestas
Romería de San Isidro (Salitre), 15 de mayo
Romería de San Juan (río Genal) 24 de junio
Feria y fiestas patronales de San Francisco, del 4 al 7 de octubre
El Huerto, Domingo de Resurrección