Miguel Avilés Guerrero
(Jefe del Departamento de Agricultura y Desarrollo Rural de la OCA de Ronda)
Publicado en el número 24 de la revista La Serranía
Todos podemos comprobar al movernos por los campos de nuestra comarca que algo está ocurriendo, ya que observamos que en distintas localizaciones se están estableciendo nuevas plantaciones de viñedo, un cultivo al que ya estábamos acostumbrados a NO ver por nuestros campos, sobre todo las nuevas generaciones, ya que antiguamente sí que era un cultivo extendido por la comarca.
La historia del vino va ligada a la propia historia de la humanidad; sin ir más lejos, en las monedas encontradas en los alrededores de la ciudad romana de Acinipo se representa, en una de sus caras, un racimo de uvas. Siguiendo con esta pequeña reseña histórica podemos decir que en Andalucía fueron los Fenicios los que establecieron los primeros viñedos. Con el descubrimiento de América se produce un gran auge de nuestra viticultura enviándose las primeras partidas al Nuevo Mundo. Se empieza a exportar a Europa en el siglo XV, siendo en el siglo XVI cuando se establece oficialmente el mercado con Inglaterra y Dinamarca. La renovación total de nuestro viñedo se produce a finales del siglo XIX, de forma involuntaria, como consecuencia de la introducción de la Phyloxera vastatrix (año 1876) que, como todos sabemos, fue una plaga (pulgones) para la que nuestras cepas no ofrecían ninguna resistencia y que, atacando a las plantas desde su raíz, acabó con prácticamente todos los viñedos establecidos en ese momento.
Después de estos retazos históricos y centrándonos en nuestra comarca, la década de los sesenta trajo consigo una fuerte emigración que supuso el abandono del cultivo de la vid en muchas parcelas, aunque nunca se ha dejado totalmente de producir y todos conocemos y algunos hemos tomado lo que se denomina en la zona como “Mosto” elaborado en lagares familiares totalmente artesanales de pueblos como Atajate, Jubrique, etc., o el conocido vino “Tormentilla” de los Pérez-Sánchez procedente de sus viñedos localizados en la finca denominada Chinchilla.
Actualmente el cultivo está resurgiendo pero no se trata de una viticultura como la que recordamos, se están estableciendo plantaciones modernas, con densidades de plantación que van de 4.300 a 5.000 plantas por hectárea, formadas en espaldera, cultivo en la mayoría de los casos ecológico, utilizando variedades ya injertadas sobre pies seleccionados en función de un análisis realizado sobre el suelo donde se van a plantar. Estas variedades son mayoritariamente tintas, como Tempranillo, Merlot, Sirah, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Garnacha Tinta, Petit Verdod y en menor medida con variedades blancas como la Chardonnay. La superficie con la que contamos en la actualidad ronda las 200 ha, comprendiendo éstas las antiguas (40 ha) y las de nueva plantación.
Los motivos que explican este resurgimiento, bajo mi punto de vista, son los siguientes:
Iniciativa y empuje de determinados propietarios, a principios de los ochenta, por establecer viñedos en sus fincas que además son la punta de lanza para que otros inicien la aventura de plantar viñas. Podemos considerar pioneros en este sentido a Friedrich-Karl Schatz, propietario de Bodegas Schatz localizadas en la finca La Sanguijuela Baja y a Juan Manuel Vetas, enólogo de la Bodega de las Monjas enclavada en el paraje de Parchite.
Receptividad por parte de la Consejería de Agricultura y Pesca en su Delegación Provincial de Málaga ante esta inquietud, que se traduce en el reparto, en convocatoria pública, en el año 2001 de 130 ha de derechos de replantación gratuitos. En este sentido hay que aclarar que la plantación de viñas para vinificación está prohibida por la Organización Común de Mercado del Vino hasta 2010 si no es a través de la obtención de estos derechos de replantación o bien comprándole estos derechos a un viticultor que previamente ha arrancado su viña, la cual tenía que estar perfectamente legalizada o regularizada.
Inclusión a finales del año 2000 de siete municipios de la comarca (Arriate, Atajate, Benadalid, Cortes de la Frontera, Cuevas del Becerro, Gaucín y Ronda) en la Denominación de Origen “Sierras de Málaga”, Subdenominación “Serranía de Ronda”, compartiendo Consejo regulador con la D.O. “Vinos de Málaga” con lo que esto supone al beneficiarse de la experiencia y el camino ya andado por estos antiguos vinos de reconocido prestigio en todo el mundo.
La corriente vitivinícola que se está desarrollando en nuestra comarca es heredera de los cambios que se han producido en el sector a nivel español en la década de los ochenta y noventa, que de manera muy resumida consisten en apostar por la calidad y no por la cantidad, es decir, se trata de pasar de producir muchos litros, que en la mayoría de los casos iban destinados a la destilación, para producir vinos de alta calidad y sobre todo vinos con identidad propia, “Vinos de Autor”. En nuestra comarca también se ha optado por la importantísima fusión entre el viticultor y el elaborador de vinos en una misma persona, en otras palabras, “el buen vino se empieza a hacer en la cepa y se culmina en la bodega”. El trabajo en bodega deja de ser así un proceso industrial y pasa a ser un proceso artesanal donde cada vitivinicultor, asesorado por su enólogo, da al vino unas características propias que reflejan todo lo que el suelo donde se cultivan esas viñas tiene de particular y característico. Está claro que no podía ser de otra forma, ya que nuestra comarca no se puede plantear competir con otras Denominaciones de Origen de miles de hectáreas de viñedo si no es con un producto de altísima calidad y con una identidad diferente a lo que existe en el mercado.
Las expectativas del sector en nuestra comarca van por ese camino. Es cierto que aún es pronto para determinar a qué cotas de calidad van a llegar nuestros caldos, entre otras cosas, porque estamos en el inicio con cepas de 3 a 4 años y que, aunque ya tienen producción, ni mucho menos han llegado a su estado óptimo de desarrollo para ver lo que dan de sí. No obstante, experiencias iniciadas en los ochenta consiguieron vinos de alta calidad y, por otro lado, visitas de reputados enólogos de zonas tan importantes como La Rioja o Ribera del Duero, que han pasado por nuestra comarca y han catado ya esos caldos procedentes de cepas tan jóvenes, han sido capaces de aventurar un futuro próximo muy prometedor. Siguiendo con las expectativas no olvidemos que estamos hablando de Ronda y, como todos sabemos, este nombre representa ya un marchamo de calidad que vende. Además, no podemos olvidar que nos visitan 1.500.000 personas al año, lo que, por supuesto, beneficiará al sector. También, en sentido contrario, para el turismo tendrá repercusiones positivas, ya que el sector vitivinícola puede ser un complemento más a la oferta turística de nuestra ciudad con la posible creación de “Rutas del Vino” por toda nuestra comarca, donde se conjuguen la visita a nuestro entorno con el mundo apasionante del vino, sin olvidar por supuesto la gastronomía.
El sector del viñedo, por otra parte, está surgiendo como una alternativa a los tradicionales cultivos de secano de nuestra comarca, cultivos herbáceos (cereales fundamentalmente) y olivar, sectores muy dependientes de las ayudas de Bruselas y de escasa rentabilidad, sobre todo teniendo en cuenta que no se cesa de hablar de la disminución de estas ayudas en los próximos años. Esta cuestión es de gran importancia, pues no debemos olvidar que el entorno es el mayor patrimonio con el que contamos los serranos y los que lo mantienen y cuidan son nuestros agricultores, por tanto el hecho de tener esta alternativa viable, económicamente hablando, asegura, en parte, que no se abandone el medio rural. Es un cultivo además catalogado como “social”, por la cantidad de mano de obra que se necesita a lo largo del ciclo de cultivo; no en vano el refranero, que casi siempre es sabio, sentencia: “La viña y el potro que los críe otro”.
La tipología de nuestros viticultores es muy variada. Va desde el gran inversor, con un gran potencial económico y plantaciones de 15 a 20 hectáreas, pasando por profesionales de otros sectores que se quieren introducir llenos de ilusión en un mundo nuevo para ellos, hasta pequeños agricultores tradicionales de 1 a 1,5 hectáreas. Estos últimos están en proceso de constitución de una entidad asociativa que les ayude a soportar los elevados costes que suponen la construcción de una bodega, aunque en este sentido hay experiencias en la comarca que, con un poco más de superficie, están saliendo adelante de forma eficiente y con resultados económicos positivos. A todos ellos hay que agradecer estas iniciativas que ayudan a crear empleo y a diversificar la actividad agrícola y agroalimentaria de nuestra comarca. La experiencia no deja de tener, como cualquier otra actividad económica, importantes riesgos. Pensemos que nada más que el establecimiento de una hectárea de cultivo supone una inversión de 2.000.000 a 2.500.000 de pesetas.
Ya tendremos, más adelante, oportunidad de seguir comentando otras novedades del sector y sobre todo podremos valorar los resultados que se irán obteniendo. Para terminar, a modo de humilde consejo a todos estos nuevos vitivinicultores, me gustaría remarcar que en el mundo del vino no se deben tener prisas, hay que adaptarse a los tiempos que marca la naturaleza que, como se suele decir, es sabia. Para el próximo año, la OCA de Ronda está organizando dos cursos relacionados con el sector, uno de Viticultura y otro de Cata de Vinos.